Crisis de Zabern

La Crisis de Saverna fue una crisis sobre asuntos domésticos en el Imperio alemán, ocurrida durante el final de 1913. Su causa fueron los incidentes que se produjeron en la región de Saverna (al. Zabern, fr. Saverne), lugar de acuertelamiento de dos batallones del regimiento prusiano 99 de infantería, después de que un segundo teniente hubiera insultado a la población local. Los militares reaccionaron a las protestas con actos arbitrarios que no contaban con la necesaria cobertura legal[ cita requerida]. Estas arbitrariedades condujeron a una discusión en el Parlamento imperial sobre las estructuras militares de la sociedad alemana así como sobre la posición del Gobierno imperial respecto al emperador Guillermo II. El asunto no sólo perjudicó la relación entre Alsacia-Lorena y el resto del Imperio, sino que condujo también a una pérdida substancial de la reputación del emperador.

Los antecedentes de la crisis

Las ofensas del teniente Forstner

El teniente de casi 20 años, Günter Freiherr von Forstner, se había expresado de forma ofensiva sobre los habitantes de Saverna, en el transcuros de una revista de tropas en dicho lugar, el 28 de octubre. A sus soldados les dijo: „Si les atacan, hagan uso de su arma; si durante esa acción apuñalan a uno de esos vaqueros, recibirán diez marcos de mi propio pecunio.“[ cita requerida] Además, advirtió a sus hombres con un lenguaje sumamente agresivo sobre posibles agentes franceses, que pudieran tratar de ganarlos para la Legión Extranjera francesa.

Clamor popular y cerrazón de los militares

El 6 de noviembre, los periódicos locales Elsässer Anzeiger (Diario de Alsacia) y Zaberner Anzeiger (Diario de Saverna) informaron sobre los incidentes. En los días siguientes, la población protestó enérgicamente contra la actuación de los militares prusianos. El gobernador de Alsacia-Lorena, Karl von Wedel, solicitó ante el comandante, el general Adolf von Reuter, así como ante el general Berthold Deimling, el trasladao del teniente. Pero desde el punto de vista militar, eso era incompatible con el honor del ejército imperial alemán. Al teniente se le condenó por tanto simplemente a seis días de arresto domiciliario. La postura oficial de los funcionarios de Estrasburgo, dada a conocer el 11 de noviembre, se limitaba a rebajar la importancia del incidente. Once días más tarde, se detenía a 10 miembros de la 5.ª. Compañía del Regimiento de Infantería 99, acusados de difundir en la prensa cuestiones reservadas sobre el incidente.

A pesar de ello, las protestas en la opinión pública continuaron. A la provocación contribuyó sin duda el que, tras cumplir su arresto domiciliario, el teniente continuase mostrándose en público sin ningún tipo de recato, acompañado por orden del comandante por cuatro soldados armados. En sus apariciones públicas, el teniente era frecuentemente insultado y denigrado, especialmente por jóvenes manifestantes, sin que los agentes de policía pudieran impedirlo.[1] El mayor Adolf von Reuter solicitó al jefe del gobierno civil de la zona, Mahl, el empleo de la fuerza policial para restablecer el orden en las calles, o él mismo se haría cargo de la medida. Mahl, que siendo del lugar simpatizaba con la población local, rechazó la petición con la explicación de que el comportamiento de los manifestantes era pacífico y no violentaban ninguna ley.

La escalada de la crisis

El día 28 se reunió una importante multitud ante las puertas del cuartel, lo que suscitó una extemporanea reacción de las tropas: Von Reuter ordenó al teniente Schadt, quien tenía en ese momento la responsabilidad de la guardia, que procediera a disolver a los manifestantes. El teniente mandó a la guardia desenfundar armas, y exigió por tres veces a los manifestantes que se disolvieran y regresaran a sus casas. Los soldados empujaron bajo la fuerza de las armas a los manifestantes en una cercana callejuela, y procedieron a númerosas detenciones, sin norma legal que las apoyara. Entre los detenidos figuraban el magistrado-juez presidente, dos jueces más y un fiscal del juzgado local de Zabern, que se encontraban en la calle por casualidad al salir a comer. 26 detenidos pasaron la noche en un sótano donde se almacenaba carbón, y los soldados registraron las sedes de ambos periódicos locales, a la búsqueda de información sobre los que hubíeran desvelado los actos de Forstner a la opinión pública. Se impuso el toque de queda en la ciudad y se colocaron ametralladoras en las calles.

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