Criónica

Un vaso Dewar para la criopreservación humana utilizado por Alcor Life Extension Foundation. Está diseñado específicamente para albergar cuatro cuerpos completos de pacientes y seis neuropacientes sumergidos en nitrógeno líquido a 77K (–196 °C). El vaso Dewar es un recipiente aislado que no consume energía eléctrica. Periódicamente se añade nitrógeno líquido para reemplazar la pequeña cantidad que se evapora.

La criónica (del griego κρύος [kryos] que significa "frío", "helado", "gélido") es la preservación a baja temperatura ( criopreservación) de animales (incluyendo humanos) que la medicina actual ya no puede mantener con vida. Su propósito es el de tratarlos médicamente y reanimarlos en el futuro.

La criónica es a menudo denominada erróneamente criogenia o criogenización.

La criopreservación de personas o grandes animales no es reversible con la tecnología actual y, por ley, sólo puede llevarse a cabo en humanos después de que se produzca la muerte legal, con la expectativa de que en el futuro los primeros estados de la muerte clínica sean reversibles.

Gran parte de los científicos y médicos ven la criónica con escepticismo. Sin embargo, entre los crionicistas hay una elevada[3] dentro de algunas décadas o siglos, permitirá la reparación y regeneración a nivel molecular de los órganos y tejidos dañados. Se especula que en el futuro la enfermedad y el envejecimiento puedan ser reversibles.[ cita requerida]

La premisa principal de la criónica es que la memoria, la personalidad y la identidad se encuentran almacenadas en la estructura y la química cerebral. Esta premisa está generalmente aceptada en medicina. Además se sabe que la actividad cerebral puede detenerse y después reactivarse bajo determinadas circunstancias, aunque como regla general no se acepta que los métodos actuales preserven el cerebro lo suficientemente bien como para permitir la reanimación en el futuro. Los crionicistas señalan estudios que muestran que la circulación de grandes concentraciones de crioprotectores por el cerebro antes del enfriamiento puede prevenir la mayoría de las lesiones producidas por la congelación, preservando las delicadas estructuras celulares del cerebro.[4]

Para sus detractores la justificación de la práctica actual de la criónica no está clara, dadas las limitaciones actuales de la tecnología de preservación. Actualmente las células, tejidos, vasos sanguíneos, pequeños animales completos y algún órgano de pequeños mamíferos se pueden criopreservar de forma reversible. Algunas ranas pueden sobrevivir durante unos pocos meses en un estado parcialmente congelado unos grados por encima de la congelación pero no se trata de auténtica criopreservación. Los crionicistas responden que la demostración de la reversibilidad de la preservación no es necesaria para alcanzar el objetivo actual de la criónica, que es la preservación del cerebro y que puede ser suficiente para prevenir la muerte teórica de información hasta que sea posible repararla en el futuro.

Probablemente el paciente criopreservado más famoso es Ted Williams. La popular leyenda urbana de que Walt Disney fue criopreservado es falsa; fue incinerado y está enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cementery.[5]

Obstáculos

Daños por la formación de hielo e isquemia

La criónica ha sido tradicionalmente rechazada por la corriente principal de la criobiología, de la que podría decirse que forma parte. La razón que suelen dar para este rechazo es que el proceso de congelación crea cristales de hielo.Algunos científicos han alegado que estos cristales de hielo producen daños en las células y en las estructuras celulares hasta el punto de hacer que cualquier reparación futura sea imposible. Los crionicistas llevan años defendiendo que el alcance de este daño ha sido enormemente exagerado por los detractores, teniendo en cuenta que se hace un intento de perfusión del cuerpo con crioprotectores químicos (habitualmente glicerol) que inhibe la formación de cristales de hielo.

De acuerdo con los crionicistas, la objeción al daño producido por la formación de cristales de hielo se viene discutiendo desde el cambio de milenio, cuando los criobiólogos Greg Fahy y Brian Wowk, del Twenty-First Century Medicine, desarrollaron grandes mejoras en la tecnología de la criopreservación, incluyendo nuevos crioprotectores y nuevas combinaciones crioprotectoras, mejorando notablemente la viabilidad de la vitrificación y dando como resultado la práctica eliminación de la formación de cristales de hielo en el cerebro. La vitrificación preserva los tejidos en estado vítreo en lugar de en estado congelado. En el vidrio, las moléculas no se reconfiguran en gruesos cristales cuando se enfrían, pero en cambio se acercan y se inmovilizan mientras aún están organizadas aleatoriamente como en un fluido, formando un " sólido líquido" mientras la temperatura cae por debajo de la temperatura de transición vítrea. La Alcor Life Extension Foundation ha estado investigando el uso de estos crioprotectores junto con un nuevo método de enfriamiento más rápido para la vitrificación de cerebros humanos (neurovitrificación). Para la vitrificación el Cryonics Institute (CI), utiliza una solución desarrollada por su criobiólogo el Dr. Yuri Pichugin. El CI ha desarrollado cápsulas de enfriamiento controladas por ordenador para asegurar que el enfriamiento es rápido por encima de la Tg (temperatura de transición vítrea) y lento por debajo de la Tg (para reducir las fracturas debidas a la tensión térmica).

Las soluciones que se usan actualmente para la vitrificación son suficientemente estables como para evitar la cristalización incluso cuando se recupera térmicamente un cerebro vitrificado. Esto ha permitido vitrificar cerebros, recuperarlos térmicamente, y examinarlos en busca de posibles daños con la ayuda de microscopios ópticos y electrónicos. No se encontraron daños por cristales de hielo.[8] No obstante si la circulación en el cerebro se pone en peligro los protectores químicos pueden no ser capaces de llegar a todas las partes del mismo, y la congelación puede ocurrir tanto durante el enfriamiento como en la recuperación térmica. Los crionicistas exponen, sin embargo, que las lesiones causadas durante el enfriamiento pueden ser reparadas en el futuro antes de recuperar térmicamente al cerebro vitrificado, y que los daños producidos durante dicha recuperación térmica podrán prevenirse añadiendo más crioprotectores en la etapa sólida, o mejorando los métodos de recuperación térmica. Pero incluso proporcionando la mejor vitrificación que la actual tecnología permite, la recuperación térmica sigue sin permitir la resucitación, incluso si se evita la cristalización, debido a los efectos tóxicos de los crioprotectores. De nuevo los crionicistas cuentan con que la futura tecnología será capaz de superar esta dificultad y encontrará una forma de combatir la toxicidad después de la recuperación térmica. Por ejemplo, si la toxicidad se debe a proteínas desnaturalizadas, esas proteínas podrán ser reparadas o reemplazadas.

Algunas voces en contra han especulado con el hecho de que los pacientes criónicos han sido declarados legalmente muertos y, por lo tanto, sus órganos deben estar muertos, lo que haría que los crioprotectores no llegaran a la mayoría de las células. Los crionicistas responden que ha sido empíricamente demostrado que, mientras que el proceso de criopreservación comience inmediatamente después de que se haya declarado la muerte legal, los órganos individuales (e incluso quizás el paciente como un todo) permanecen biológicamente vivos, y la vitrificación (especialmente la del cerebro) es factible. Este principio es el que permite que se trasplanten órganos, como el corazón, a pesar de que provienen de donantes muertos.

No se puede comenzar el proceso criónico mientras no se haya declarado la muerte legal, y habitualmente este dictamen suele basarse en el paro cardíaco (sólo en contadas ocasiones se basa en mediciones de actividad cerebral). Cuando el corazón deja de bombear y cesa el riego sanguíneo comienzan los daños isquémicos. La privación de oxígeno y nutrientes hace que células, tejidos y órganos comiencen a deteriorarse. Si el corazón se vuelve a poner en marcha después de que haya pasado demasiado tiempo, el restablecimiento de oxígeno puede causar incluso más daños por stress oxidativo, fenómeno que recibe el nombre de lesión por reperfusión. Los crionicistas tratan de minimizar los daños por isquemia y reperfusión comenzando la ayuda cardiopulmonar (muy parecida a la resucitación cardiopulmonar) y enfriando tan pronto como sea posible tras la declaración de muerte. Deben administrarse agentes anticoagulantes como la heparina y antioxidantes. Suspended Animation, Inc es una compañía de Florida especializada en investigación e implementación de los procedimientos óptimos para minimizar los daños por isquemia cuando se lleva a cabo el rescate criónico.

Reanimación

Científicos y crionicistas están de acuerdo en que invertir la criopreservación humana no es posible con "ninguna tecnología a corto plazo".[13] Estos dispositivos restablecerían de forma saludable la estructura celular y química a nivel molecular, preferiblemente antes de la recuperación térmica. Más radicalmente, también se ha sugerido como una posible aproximación a la reanimación la transferencia mental, en caso de que la tecnología llegue algún día a desarrollar la forma de escanear los contenidos de la memoria de un cerebro preservado.

Se suele decir que la reanimación criónica será un proceso “last-in-first-out” (los últimos serán los primeros, o LIFO por sus siglas en inglés). Desde este punto de vista, los métodos de preservación irán mejorando paulatinamente hasta que se demuestre que son reversibles, después de lo cual la medicina empezará a recuperar y reanimar a los pacientes criopreservados por métodos más primitivos. La reanimación de personas criopreservadas por la combinación actual de neurovitrificación y congelación (técnicamente no hay "congelación" por la acción de los crioprotectores que inhiben la formación de hielo) puede llevar siglos, si es que llegase a ser posible.

Los expertos declaran que si las tecnologías para el análisis molecular general y la reparación llegan a desarrollarse entonces teóricamente cualquier cuerpo dañado podría ser reanimado. La supervivencia dependería entonces de si la información del cerebro conservado es suficiente para permitir la restauración de la totalidad o parte de la identidad personal de la persona original, siendo la amnesia la línea divisoria definitiva entre el éxito y el fracaso.

Obstáculos sociales

Incluso si la criónica llegara científicamente a funcionar, existen obstáculos sociales que no garantizarían su éxito. Uno de los más notables radica en la creencia predominante de que la criónica no puede funcionar y de que los cuerpos criopreservados están muertos. Pese a que la medicina actual exige una declaración de muerte legal para poner en práctica la criónica, esta declaración raya en lo inútil. Por costumbre y por ley los cadáveres son objetos, no personas con derechos o protección. Esta eliminación de la humanidad de la persona es un obstáculo cultural al que los vivos no se enfrentan ni siquiera cuando su prognosis es irreversible. Por esta razón los crionicistas llaman a los cuerpos criopreservados “pacientes” y argumentan que moralmente no pueden ser considerados muertos, ni siquiera sabiendo que ese es su estado según las leyes actuales.

Una pregunta relacionada con el tema es por qué la futura sociedad querría hacerse cargo o revivir a gente “muerta”. Los crionicistas apuntan que un subconjunto de la sociedad ya se preocupa por los pacientes criónicos y que lo ha hecho durante décadas. Se asume que, si la resucitación es posible algún día, ese mismo subconjunto de la sociedad (los partidarios, que mantendrían a los pacientes el tiempo suficiente) aplicaría la reanimación a los pacientes. También creen que una sociedad futura, con tecnología lo suficientemente avanzada como para invertir la criopreservación, necesariamente tendrá puntos de vista distintos a los de los primeros crionicistas sobre la vida y la muerte. Generalmente rechazan la idea de que están tratando de “resucitar a los muertos", viendo a la criónica como un procedimiento médico altamente experimental. También se ha sugerido que una sociedad futura puede interesarse por reanimar a los pacientes criónicos por su valor intelectual o histórico, aunque los crionicistas tienden a opinar que la curación y recuperación de pacientes enfermos es un imperativo ético a pesar del valor que puedan tener para la sociedad en general.

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