Cosmético

Diferentes cosméticos

Los cosméticos (también llamados maquillaje) son productos que se utilizan para la higiene corporal o para mejorar la apariencia, especialmente del rostro. Por lo general son mezclas de compuestos químicos, algunos se derivan de fuentes naturales, muchos otros son sintéticos.

En los Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), que regula los cosméticos, define los cosméticos como "sustancia destinada a ser aplicada al cuerpo humano para limpiar, embellecer o alterar la apariencia sin afectar la estructura del cuerpo o funciones". Esta amplia definición también incluye cualquier material destinado para su uso como un componente de un producto cosmético. La FDA excluye específicamente el jabón de esta categoría.

Historia

Edad Antigua

Imagen de Nefertiti maquillada
Polvo para la cara "Kissproof" de 1926 de la colección permanente del Museo del Objeto del Objeto

El término

El término cosmético se creó en el siglo XVII a partir de la palabra griega kosmetikós, que significa "relativo a la ornamentación".[1] La primera prueba arqueológica del uso de cosméticos se encontró en el Antiguo Egipto, alrededor del año 4000 a. C. Se sabe que los antiguos griegos y romanos también usaban cosméticos.

Orígenes animal y vegetal

A excepción de la cerusa y el antinomio, que se conocían como cosméticos desde tiempos muy antiguos, todos los productos cosméticos eran de origen animal y vegetal. El primer cosmético rojo fue un musgo llamado orchilla Lischen roscella, de Linneo, con el que se preparaba el tornasol. Este musgo se llamaba antiguamente fucus, nombre que con el tiempo se usó para todo tipo de cosmético. Se usaban también ciertas plantas tintóreas, particularmente la Anchusa tinctoria. Del reino animal, se utilizaba el aesypum (extracto procedente del sudor de los carneros, bien purificado) y el estiércol pulverizado de cocodrilo, que servía para curar ciertas enfermedades de la piel y para hacer desaparecer las manchas.

La saliva

La saliva era uno de los principales ingredientes de los cosméticos. A fin de que la saliva fuese olorosa, la esclava encargada de prepararlos tomaba todas las mañanas unas pastillas preparadas para este efecto. Antes de comenzar a desleir el afeite echaba su aliento sobre un espejo de metal y le presentaba a su señora, para manifestarle que su saliva era pura y aromática.

En Oriente, Turquía, Grecia y Roma

Unas cejas negras formando un semicírculo perfecto reuniéndose en lo alto de la nariz son consideradas en Oriente como una parte principal de la belleza de una mujer y asimismo era también una circunstancia de la belleza de las antiguas mujeres griegas y romanas. Las mujeres turcas en sus harenes ocupaban horas enteras en pintarse las cejas y las pestañas con un polvo negro que llaman surmé. Las romanas de distinción tenían esclavas únicamente encargadas de esta parte del tocador. El polvo de que se servían era de galena, de plomo o de bismuto llamado en griego stimmé y en latín stibium y le aplicaban con dos punzones o agujas encorvadas en la punta.

Popea Sabina y la poppeana

Popea, esposa de Nerón, inventó la llamada poppeana, un cosmético para conservar la pastosidad y la delicadeza de la piel. Era una pasta de miga de pan mojada en leche de burra, con la que se cubría toda la cara antes de acostarse. Durante la noche esta pasta se secaba y daba a la cara un aspecto de un barrado de yeso agrietado. Juvenal menciona esta pasta (lectorium) en su sátira 6.3. La mezcla de arroz y harina de habas se usaba para quitar las arrugas. Por la mañana, después de haber levantado con esponjas esta costra que cubría la cara, las mujeres se lavaban con leche de burra todavía caliente.

La leche de burra

La leche de burra se usaba no sólo para restablecer el pulmón sino también para dar frescura a la piel. En el libro XXVIII de su Historia natural, Plinio el Viejo menciona la leche de burra como excelente cosmético y cita la superstición de algunas mujeres que se lavaban la cara con ella todos los días muchas veces. En el libro XI afirma que Popea llevaba en sus viajes de una recua de quinientas burras para poder bañarse en su leche, algo que también mencionan otros autores.[2]

Renacimiento

Durante el siglo XVI el auge de los cosméticos surgió en Italia con los monjes de Santa María Novella, ya que inventaron el primer laboratorio donde se elaboraronn cosméticos y medicinas. Lo cual llevó a que las mujeres de Venecia utilizaran bastante maquillaje. Lo usual era que se maquillaran de color blanco el rostro y de igual forma el escote. Se puede apreciar la preferencia de la palidez, ya que el color oscuro en la piel era exclusivo de mujeres y hombres que pertenecían a una clase social inferior. Otro aporte de las mujeres venecianas a Europa fue la moda de teñirse el cabello de color rojo, las mujeres de la realeza lo hacían con fragancias de flores como el azafrán y le agregaban sulfuro; luego lo aplicaban en el cabello y lo exponían a la luz del Sol. Como fragancias solían usar extractos de rosa, lavanda, almizcle, ámbar, sándalo y jazmín, entre otros.

Catalina de Medici

Catalina de Médici fue quien introdujo en Francia la moda de los cosméticos al asistir maquillada a su matrimonio con Enrique II. Ella dedicó gran parte de su tiempo a la fabricación de cosméticos y ungüentos. Enrique II también solía utilizar una mascarilla de clara de huevo y harina de habas.

Catalina Galigai y Catalina de Sforza

Catalina Galigai, amiga de Catalina de Médici, inauguró el primer Instituto de Belleza, donde se comienzan a vender perfumes como el neroli y el ámbar. En 1573 Catalina de Sforza escribió una obra, titulada Experimentos, donde se reúnen recetas para crear cosméticos y perfumes, además de que contiene una sección sobre los defectos del cuerpo y su corrección.

Productos

Algunos de los productos que utilizaban eran: la mezcla de miel con limón para suavizar las manos, hojas de salvia con carbón de madera como dentífrico, pétalos de geranio para lograr el rojo intenso en los labios, etc. Uno de los ingredientes base para diversos productos era el mercurio, algunos de los objetivos eran colorear los labios, quitar manchas o usarlo como tintura para el cabello al que le agregaban sulfuro de plomo, cal y agua.

El albayalde

Con el fin de obtener una piel pálida utilizaban el albayalde o carbonato de plomo, que es una sustancia altamente tóxica. Según algunas investigaciones, había diferentes tipos y el de mejor calidad provenía de Venecia; a otro, de costo menor, le agregaban ingredientes como sulfuro y bórax. Se sabe que en algunos casos provocó el deceso de varias mujeres ya que el plomo era absorbido por la piel. Otra de las consecuencias del albayalde repercutía en el cabello, ya que provocaba su pérdida y el deterioro del límite del cabello, lo cual explica el motivo de las frentes altas en la mayoría de las mujeres, además de que también era común la pérdida de cejas, por lo que las depilaban, las delineaban y pegaban pelo de ratón.

Las pelucas

Para el cabello se solían utilizar diversos productos como el aceite de vitriolo o ácido sulfúrico, el cual es corrosivo y lo mezclaban con jugo de ruibarbo con el fin de obtener un tónico aclarador. Lo cual fue otra de las causas de la pérdida excesiva del cabello y fue uno de los motivos por el que se comenzaron a utilizar las pelucas. Otra de las costumbres referentes al cabello eran los peinados altos y ficticios donde a las pelucas les ponían harina de trigo blanqueada, pulverizada y perfumada; la aplicación de polvos de colores aparece en Francia en el siglo XVI. Para lavar el cabello utilizaban un champú en seco preparado con polvos de arcilla, con el fin de que ésta absorbiera la grasa y la suciedad.

Los labios y los párpados

Otro de los productos empleados para los labios era la mezcla de cochinilla y cera de abejas; para colorear los párpados, usaban nácar molido. Era común en las mujeres de la nobleza tener el rostro limpio, por lo que se lavaban la cara con vino tinto y leche de burra. También solían preparar infusiones de agua de hinojo y Eufrasia.

Para la piel fresca

Para tener una piel fresca y suave batían las claras de huevo las cuales funcionaban como ungüento. Otra costumbre era la de ponerse lunares en algunas ocasiones eran pintados y otras elaborados con terciopelo. Las pecas no eran bien vistas y para ello había un remedio hecho a base de hojas de saúco son savia de abedul y azufre, todo ello en forma de infusión era aplicado en la piel por las noches luego en la mañana era eliminado con mantequilla.

Así pues, en el Renacimiento, tener una buena apariencia también era reflejo del estatus social.[3]

Edad Moderna

Geisha maquillada de forma tradicional
Siglo XVI

Del siglo XVI data un anónimo escrito en castellano, titulado Manual de mujeres en el cual se contienen muchas y diversas recetas muy buenas, que contiene numerosas recomendaciones sobre la fabricación de cosméticos.[4]

Siglo XVII

En el siglo XVII durante el reinado de Carlos I en Londres un joven llamado Yardley inaugura la primera empresa que fabricaba productos de tocador. El principal ingrediente que Yardley utilizaba en los jabones era la lavanda. La elaboración de los cosméticos se fue refinando por lo que ya había cremas hidratantes de especias, vainilla y miel que eran utilizadas por las damas de la nobleza. Aun así el uso de la cerusa y el plomo no se dejaba de lado por lo que la pérdida de cabello continuaba. Otro de los avances era que al poder tener cada quién su jabón en casa, los hombres ya no acudían con los barberos y ellos mismos se afeitaban.

Decreto (Parlamento inglés)
gravamen a los cosméticos

En el año de 1786 se aprobó un decreto que establecía los impuestos de los cosméticos así como la realización de un inventario con el fin de tener una lista precisa de los productos existentes, esto sucedió en el Parlamento inglés. Dentro de la lista de cosméticos registrados se encontraban: bolas de jabón, polvos, esencias, ungüentos como el de tintura de almendra de melocotón. Dentro de los maquillajes había carmín, blanco, carmín vegetal, carmín de servilleta la cual era aplicada con una tela entre otros.

Muerte de Luis XIV
la higiene

Cuando Luis XIV muere, la higiene se vuelve algo fundamental y se elaboran perfumes peculiares, como de: Leche de la princesa, Aroma de sultana, Agua celestial, Leches de Ninón.

Productos franceses

Los productos franceses tuvieron gran éxito gracias a su originalidad ya que sus envases eran de plata, oro, porcelana y laca. A pesar de tener un precio elevado se vendían con gran facilidad. La gama de colores se vuelve algo importante para las mujeres de la corte, ya que se utilizaban ciertas tonalidades de rojo para usar durante el día y otras distintas que podían ser usadas por la noche. Según la clase social a la que pertenecían las mujeres era el tono que utilizaban. Las damas de la corte usaban el rojo oscuro, las cortesanas rojo apasionado y las burguesas solían usar tonalidades más bajas.

Perfumería
Madame de Pompadour y la Revolución francesa

Respecto a la perfumería se volvió tan importante que algunas célebres mujeres tenían su esencia específica, como María Antonieta que usaba la mejorana, Madame de Pompadour usó el rosa y el violeta. Durante la Revolución francesa en 1789 las pelucas empolvadas, el uso de carmín y los polvos faciales era lo que más utilizaban los hombres de la corte. A pesar de que el champú ya era de uso comercial los cortesanos preferían llevar su cabello pequeño y sucio y encima de él ponerse una peluca aromática.

Josefina de Beauharnais

Después se puso de moda la apariencia pálida y gracias a la emperatriz Josefina de Beauharnais, esposa de Napoleón también se utilizaron los coloretes con base de hierbas. Se aplicaban mascarillas fabricadas con harina, miel, huevos y carne cruda. Para lograr el tono pálido que les agradaba se solía beber vinagre y limón. Para las mujeres lo usual era no permanecer mucho tiempo bajo el sol con el objetivo de resguardar su rostro.

La reina Victoria

En el siglo XIX, la reina Victoria declaró el maquillaje públicamente descortés. Se veía como algo vulgar que solo usaban los actores y las prostitutas.[5] En la época de la Segunda Guerra Mundial, los cosméticos tenían una aplicación común en el Oriente (aunque estaban vetados en la Alemania nazi).

Japón
las geishas

En Japón, las geishas usaban lápices labiales hechos a partir de pétalos aplastados de cártamo para pintarse las cejas y las comisuras de los ojos al igual que los labios. También usaron como base de maquillaje barras de cera bintsuke, una versión más suave de la cera depilatoria de los luchadores de sumo. Pasta blanca y polvos coloreaban el rostro y la espalda; el ojo se delineaba con rouge, que también definía la nariz. Los dientes se coloreaban con pintura negra para la ceremonia cuando las maiko (aprendices de geishas) se graduaban y se volvían independientes.

Pueblos americanos

Muchos pueblos de América ( Wayúu, de Venezuela y Colombia; Emberá, de Colombia y Panamá) usan tinturas vegetales para adornar la cara y otras partes del cuerpo. Con frecuencia el maquillaje no cumple una función meramente estética sino de protección, contra el polvo, la radiación solar, el viento, etc., que puede evolucionar hacia un uso estético.

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