Corvo

Corvo
Corvo Chile.jpg
Subteniente José L. Herrera Gandarillas con un cuchillo corvo en el cinto (Antofagasta, 20 de febrero de 1879).
Tipo Arma blanca
País de origen Flag of Chile.svg  Chile
Historia de servicio
Guerras
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El corvo es un arma blanca que aparece recurrentemente en la literatura, temas de folclore e historia de Chile.

Historia

En Chile, la primera referencia escrita al corvo aparece en La Araucana, poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga, donde es descrito como cuchillo de utilidad. De acuerdo a lo anterior, el corvo llegó a Chile con los españoles, ex militares de los Tercios de Carlos V, que habían combatido en las batallas de Flandes y Pavía, según cuenta Francisco Antonio Encina en su Historia de Chile.

El origen del corvo debe buscarse en un cuchillo muy similar, aunque más pequeño y liviano, conocido en la península ibérica como cuchillo de marras, usado en las vendimias como herramienta agrícola. Sin embargo, sólo en Chile desarrolla un tamaño y peso que lo vuelven poco útil para algunas faenas.

Dada la economía basada en la ganadería en el Chile colonial ( siglo del sebo),[1] evolucionó su uso y su masificación por el « roto» ( gañán, huaso o trabajador ganadero) quien además lo usaba como arma de defensa. No obstante, no se encuentran rastros de esta arma como tal en otros lugares de América.

Uno de los primeros registros sobre el corvo data de 1634, cuando se hizo una prohibición para que ningún indio, negro, mestizo y plebe o vulgo en general usara un cuchillo alfanje o catán de forma curvada usado por los indígenas durante el gobierno de Jáuregui.[2]

En Chile, el corvo ya era conocido en las pampas y en las zonas agrícolas antes de la Guerra por la Independencia ( 1810), cuando era usado para cortar cueros, ramas y sogas, y también para escarbar la tierra en busca de vetas de salitre y minerales.[2] También existen múltiples referencias a su uso como arma en duelos y grescas durante la Colonia y, posteriormente, durante la República, según Oreste Plath en su ensayo El lenguaje de los cuchillos. Además, es muy mentado en los cuentos de las zonas rurales, en especial en aquellos de bandidos, cuatreros y rotos en general.

Como arma de combate, el corvo aparece en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), donde fue llevado al frente de forma irregular sin formar parte de las armas reglamentarias, como lo demuestran sus diferentes formas, materiales y tamaños y la no inclusión en los uniformes oficiales. Los campesinos reclutados lo llevaron como cuchillo de utilidad y de autodefensa, encontrándose aún reliquias en museos, hogares, en la pampa chilena y en la sierra peruana.

Su valor como arma militar quedó afianzado en las campañas terrestres de la Guerra del Pacífico (1879-1884), en particular en el Asalto y toma del Morro de Arica el 7 de junio de 1880. Francisco Antonio Machuca y Marín, en Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico (1928), narra:

Las tropas montadas labran con él estacas para atar el ganado. Los infantes cortan fajina para sus chozas y leña para el rancho; con él se abren las latas de conserva, se desuella un cordero, y en los entreveros, presta inapreciables servicios como arma corta y silenciosa. Nuestro soldado no va con equipo completo si carece de él. Su uso —sugería— debiera ser reglamentario y obligatorio.

Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico, vol. 2, p. 32.

Según cuentan leyendas, para volverse más agresivos, fuertes y resistentes, los soldados chilenos solían beber un brebaje conocido como chupilca del diablo, sobre todo cuando asaltaban una posición enemiga con sus corvos.[3]

Según Oreste Plath, los corvos se dividían o clasificaban en tres categorías:

  • el de lujo, hecho de forma cuidadosa, con un mango hecho de varios anillos de bronce, hueso, madera o piedras,
  • el popular, hecho de cualquier material, como herramientas, y
  • el historiado, que lleva incrustados en su hoja círculos de metal blanquecino o grabados con árboles de la muerte,[2] ojos del ángel, cruces de Salomón, motivos de fuga contabilizado el número de muertos con el arma.

El corvo fue incluido como parte del armamento del Arma de Infantería del Ejército de Chile en 1963. En 1974, esta arma fue estudiada por el Ejército de Chile, como parte de los preparativos ante la posibilidad de guerra con Argentina por el entonces teniente Carlos Azagra por encargo del capitán José A. Quinteros, quien desarrolló un sistema de combate especialmente para esta arma. Con este propósito, entrevistó a los principales corveros de Chile, muchos de ellos cumpliendo condena en cárceles, incluso uno que había ultimado a 7 personas con esta arma en una riña, con el propósito de entender el uso popular como arma de combate cuerpo a cuerpo y diseñar el arma institucional, seleccionando un modelo capaz de cortar limpiamente un grueso clavo de acero, según se cuenta popularmente.

Durante el régimen militar de Augusto Pinochet, se ejecutaron a prisioneros políticos en muchos casos con corvos antes de ser fusilados, especialmente durante la caravana de la muerte.[4]

Chile llevó a la frontera con Argentina, por primera vez oficialmente, su corvo, fabricado por FAMAE (Fábrica y Maestranzas del Ejército) en 1978. Hoy, en el Ejército de Chile, el empleo del corvo se mantiene en forma de instrucción básica de combate para la rama de Infantería y en las escuelas de Fuerzas Especiales, o Comandos, de las tres ramas de las Fuerzas Armadas chilenas. También se mantiene para uso conmemorativo y desfiles.

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