Corredor (biología)

El caballo puede ser considerado como un animal «pastador corredor».

Corredor o corredora es un término biológico y etológico que describe a un organismo adaptado específicamente para correr.

Etología, anatomía y paleontología

Referidos a los organismos vivos, «corredor» o «corredora» son términos esencialmente referentes a la etología, es decir al comportamiento, aunque la anatomía y la paleontología, en ciertos casos, pueden ayudar a inferir dicho comportamiento. El término «corredor» o «corredora» es normalmente utilizado en conjunción con los hábitos de alimentación de animales o alguna otra importante adaptación. Por ejemplo, un caballo puede ser considerado un «pastador corredor», mientras que un guepardo puede ser descrito como un «depredador corredor». El término se aplica con más frecuencia a animales adaptados para correr sobre distancias relativamente largas y a gran velocidad, más que a animales que aceleran rápidamente en distancias cortas. Raramente se aplica a animales con una masa corporal inferior a un kilogramo de peso, debido a que estos animales se mueven en una serie de aceleraciones cortas en lugar de moverse a velocidad constante. Todos los animales corredores son homeotermos, requiriendo una alta tasa de metabolismo y gran resistencia, sin embargo, es posible que algunas especies corredoras extintas fueran ectotermas.[1]

En el caso de los organismos extintos de los que sólo se conoce el estado subfósil (como por ejemplo el dodo, Raphus cucullatus) y de los que por lo tanto ya no se puede hoy en día observar ningún comportamiento, el atribuirles la capacidad de ser «corredores» se basa en general en testimonios directos del comportamiento del animal, antes de que se extinguiera. Si se retoma el ejemplo del dodo, con independencia de los datos colectados directamente por testigos presenciales, el estudio de la anatomía de los esqueletos conservados establece pruebas que sugieren que el animal era un buen corredor.

En el caso de los organismos extintos de los que la paleontología sólo conoce el estado fósil y de los que es imposible tener testimonios humanos por haber vivido estos organismos en épocas demasiado alejadas en el pasado (como por ejemplo los dinosaurios no avianos, extintos desde el Cretácico superior), sólo la anatomía del esqueleto permite establecer datos contrastables que autoricen la atribución de la capacidad de correr. Fósiles que entran dentro de esta categoría de «corredores» son, por ejemplo, el dinosaurio Struthiomimus (del Cretácico superior) o el équido Hipparion ( género que proliferó desde el Mioceno hasta el Pleistoceno).

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