Corona franciscana

La corona franciscana es sinónimo del Rosario de las Siete Gozos de la Virgen María

La devoción de los siete gozos de María ha florecido en una variedad de formas y comunidades. Particularmente entre los franciscanos, cistercienses y los Anunciades de Santa Juana en Francia.

La tradición franciscana indica en 1442 se difundió la noticia de una aparición de la Virgen María en Asís, a un novicio franciscano llamado Santiago. Desde niño, tenía la costumbre de ofrecer a la Virgen una corona de rosas. Cuando ingresó a los Hermanos Menores, ya no pudo seguir su costumbre. La Virgen se le apareció para consolarlo y le indicó otra ofrenda que podía ofrecer diariamente. Le sugirió rezar cada día siete décadas de Ave Marías intercaladas con la meditación de siete misterios gozosos que ella vivió en su vida. Fray Santiago comenzó esta devoción y, estando un día en oración, el Director de Novicios lo vio con un ángel que iba tejiendo una corona de rosas, a medida que el novicio rezaba, y después de cada decena de rosas, insertaba un lirio dorado, al terminar de rezar Fray Santiago, el ángel colocó la corona sobre la cabeza del novicio. El Director le preguntó sobre el significado de la visión que había tenido, y al oír la explicación, lo contó a todos los frailes y pronto se difundió esta devoción a toda la Familia Franciscana.

Entre los Failes Menores la promoción de la devoción está atribuida a San Buenaventura, Beato Cherubin de Spoleto, San Juan de Capistrano, Pelbart de Temesvár, y San Bernardino de Siena por nombrar algunos. San Bernadino también tuvo una aparición de la Virgen cuando estaba meditando sobre los siete gozos de María. Esta devoción está favorecida con muchas indulgencias concedidas por los Papas.

En reflexionar sobre la virtud de gozo en la vida de la Virgen María recordamos la salutación de san Francisco a ella: Salve! Señora, Reina santa, Madre santa de Dios, María! Eres Virgen hecha iglesia …

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