Corona de Hierro

La Corona de Hierro.

La Corona de Hierro o Corona Férrea es una antigua y preciosa corona usada desde la Alta Edad Media hasta el siglo XIX para la coronación del rey de Italia. Durante mucho tiempo, los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico recibieron esta coronación debido a que la titulación de reyes de Italia estaba ligada a la dignidad imperial.

En el interior de la corona, hay una lámina circular de metal: la tradición cuenta que esta fue forjada con el hierro de uno de los clavos que se usaron en la crucifixión de Cristo. Por este motivo, la corona es también venerada como reliquia y se encuentra custodiada en una capilla de la catedral de Monza (Italia), llamada capilla de Teodolinda.

Historia

Según la tradición familiar, hacia el año 324, Elena, madre del emperador Constantino I, hizo excavar el área del Gólgota en busca de los instrumentos de la Pasión de Cristo. En aquellas excavaciones fue encontrada aquella que fue identificada como la Vera Cruz que aún tenía clavados los clavos. Elena dejó la cruz en Jerusalén, llevándose en cambio los clavos consigo. De vuelta en Roma, con uno de éstos creó un bocado de caballo e hizo colocar otro sobre el yelmo de Constantino con el fin de que el emperador y su caballo fuesen protegidos en sus batallas.

Dos siglos después, el papa Gregorio Magno habría donado los clavos a Teodolinda, reina de los longobardos, que hizo erigir la catedral de Monza; hizo fabricar la corona e insertar el clavo forjado en la misma en forma de lámina circular.

La historiadora Valeriana Maspero mantiene, en cambio, que la corona fue la diadema montada sobre el yelmo de Constantino, donde el sacro clavo estaba ya presente. El yelmo y el bocado, junto a otras insignias imperiales, fueron llevados a Milán por Teodosio: Ambrosio de Milán lo describe en su oración fúnebre de obitu Teodosii. Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, el yelmo fue llevado a Constantinopla, pero rápidamente fue reclamado por el rey ostrogodo de Italia Teodorico el Grande, el cual tenía en Monza su residencia estival. Los bizantinos le enviaron la diadema reteniendo el yelmo. El Sacro Bocado permaneció no obstante en Milán, hoy conservado en la catedral de la ciudad.

La Corona de Hierro fue usada por los reyes longobardos y después por Carlomagno (que la recibe en 775) y sus sucesores, para la coronación del Rey de Italia. El historiador de Monza Bartolomeo Zucchi, escribió en torno al año 1600, que la corona había sido usada en 34 coronaciones hasta ese momento. Los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico eran coronados en tres ocasiones: una como rey de Alemania, una como rey de Italia y una como emperador (esta última corona era impuesta por el papa). La coronación con la Corona de Hierro se desarrollaba como regla general en Milán, en la basílica de San Ambrosio; a veces también se desarrolló en Monza o Pavía y excepcionalmente en alguna otra ciudad.

Corona de Hierro de los Lombardos,
en la capilla de Teodolinda de la catedral de Monza.

Entre una coronación y otra, la Corona de Hierro era custodiada en la catedral de Monza que por este motivo fue declarada ciudad regia, propiedad directa del emperador, gozando de privilegios y exenciones fiscales. Ésta atravesó, no obstante, algunas vicisitudes más: en 1248 fue dada en prenda a la orden de los Humillados, como garantía de un importante préstamo contratado por el capítulo de la catedral para pagar una pesada impuesta monetaria extraordinaria de guerra, y sólo fue recuperada en 1319. Sucesivamente fue transferida a Aviñón, entonces sede papal, donde permaneció entre 1324 y 1345: durante este período fue incluso robada, pero el ladrón fue capturado.

El papa Inocencio VI promulgó en 1354 un edicto con el cual revindicaba el derecho de Monza a la imposición de la Corona de Hierro en su catedral.

La tradición de la triple coronación se interrumpe con Carlos V, que fue coronado en 1530 en Bolonia y que abdicó en 1556, dividiendo su imperio en dos entre su hermano Fernando y su hijo Felipe, separando así los reinos de Italia y Alemania. Dos siglos después, tras la Guerra de Sucesión Española, sin embargo, el ducado de Milán pasó a Austria lo que hizo retornar de nuevo la tradición: el emperador Francisco I recibió la Corona de Hierro en 1792.

La coronación más famosa, no obstante, fue la de Napoleón Bonaparte que se coronó rey de Italia en 1805: en el rito celebrado en la catedral de Milán, se impuso él solo la corona pronunciando las siguientes palabras: Dios me la ha dado y ¡ay! del que me la quite.

Fernando I, portando la "Corona de Hierro".

Después del paréntesis napoleónico, la coronación volvió a ser una prerrogativa de los emperadores de Austria, recibiéndola Fernando I en 1838. Durante las guerras de independencia italianas, la corona fue requisada a Monza y llevada a Viena, pero en 1866 después de la derrota de Austria en la tercera guerra de independencia, fue restituida a Italia y retornó a Monza.

Los Saboya, sin embargo, no la utilizaron nunca para las coronaciones, sino que conservaron la corona del Reino de Cerdeña (incluso en el escudo regio). Además, ésta se había convertido, en los años precedentes, en un símbolo de la dominación austríaca pero además el Reino de Italia había entrado en conflicto con el Papado por la conquista de Roma, por lo que utilizar una corona que además era venerada como reliquia parecía poco oportuno. El rey Humberto I quizás meditó coronarse con la Corona de Hierro cuando el clima político se volvió más favorable: en 1890 insertó la Corona de Hierro en el escudo regio y en 1896 la donó a la catedral de Monza, ciudad en la cual le gustaba residir, la vitrina de cristal blindado donde todavía es custodiada. Su asesino interrumpió en 1900 sus proyectos, pero sobre su tumba en el Panteón de Roma descansa una copia de bronce de la Corona de Hierro . Su hijo Víctor Manuel III no quiso ninguna ceremonia de coronación. Con la proclamación de República Italiana en 1946, la Corona de Hierro dejó de ser un símbolo de poder para convertirse sólo en una reliquia y un recuerdo histórico.

El último viaje de la corona tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial: temiendo que los nazis se quisiesen apoderar de ella, el cardenal Ildefonso Schuster la hizo trasladar al Vaticano, donde estuvo hasta 1946. Ésta retornó a Monza llevada por dos canónigos de la catedral en el interior de una maleta.

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