Convenciones sobre nomenclatura astronómica

En la Antigüedad sólo el Sol, la Luna, algunas estrellas y los planetas más visibles recibieron nombre. En los últimos siglos el número de objetos astronómicos identificados se ha elevado de algunos centenares a más de mil millones y cada año se descubren más. Los astrónomos necesitan una manera sistemática de asignar nombres a cada uno de ellos para identificarlos con claridad y al mismo tiempo, cuando esto reviste algún interés especial, dar nombres propios a los objetos y a sus características más relevantes.

La Unión Astronómica Internacional (UAI) es el principal organismo reconocido por la comunidad internacional de astrónomos e incluso por otros científicos, como autoridad para dar nombre a los objetos astronómicos. En respuesta a la necesidad de nombres claros, ha creado una serie de sistemas de nomenclatura sistemáticos dependiendo del tipo de objetos.

Algunas compañías venden el derecho de dar nombre a algunas estrellas en sus listas privadas, aunque la UAI (y, por tanto, la mayoría de astrónomos) no reconocen esos nombres como oficiales (aunque estas compañías sí lo hacen).

Los nombres de las estrellas

Según la UAI, aparte de un número limitado de estrellas brillantes con nombres históricos, las estrellas no tienen nombre propio. Estos nombres son, generalmente, de procedencia árabe, lo que refleja el rol líder en astronomía de la cultura árabe durante la Edad Media europea. En la lista de nombres de estrellas están algunos de estos nombres.

Solo hay algunos miles de estrellas lo suficientemente brillantes en el cielo terrestre como para ser visibles al ojo humano, por lo que éste es límite al posible número de estrellas que han recibido nombre por parte de culturas antiguas. Este límite es aproximado, ya que varía según la agudeza visual del observador; pero diez mil estrellas parece ser el límite máximo a lo que es fisiológicamente posible.

A pesar de esto, se estima que el número de estrellas con nombre propio reconocido está entre 300 y 350, la mayoría de las cuales destacan por su brillo o por formar parte de constelaciones que contienen estrellas muy brillantes. Debido a que fueron muchas las culturas que dieron nombre propio a las estrellas, el número de nombres propios de estrellas es mayor que el número de estrellas con nombre propio. Por ejemplo, la estrella Polaris ha recibido, entre otros, los nombres de Alruccabah, Cynosura, Mismar, Navigatorio, Phoenicce, Estrella Polar, Tramontana y Yilduz.

Con el aumento de las capacidades de los telescopios se han hecho visibles estrellas que no lo eran antes, demasiadas como para tener nombre. En cambio, tienen designaciones asignadas por diferentes catálogos de estrellas. Los catálogos más antiguos asignaban un número arbitrario a cada objeto, o bien usaban simplemente un esquema de nombramiento sistemático como combinar los nombres de las constelaciones con letras griegas (como en Alpha Centauri). La existencia de múltiples catálogos estelares también implicaba que algunas estrellas tenían más de una designación. Por ejemplo, la estrella conocida por el nombre arábico de Rigil Kentaurus recibió también la denominación de Bayer que hemos mencionado antes, Alpha Centauri.

Además, cuando el poder de resolución de los telescopios aumentó, se descubrió que muchos de los objetos que a simple vista vemos como un punto brillante en el cielo son en realidad sistemas estelares múltiples en los que las estrellas están demasiado próximas entre si para ser distinguidas individualmente por el ojo humano. Ésta y otras confusiones hacen esencial que se ponga gran cuidado a la hora de usar las diferentes designaciones. Por ejemplo, Alpha Centauri es en realidad un sistema estelar triple, formado por tres estrellas llamadas Alpha Centauri A, B y C respectivamente.

Los catálogos más modernos están generados por ordenador, usando telescopias de alta resolución y sensibilidad, por lo que describen un gran número de objetos. Por ejemplo, el Guide Star Catalog II tiene entradas sobre más de 998 millones de objetos astronómicos diferentes. En estos catálogos, los objetos generalmente están localizados con una resolución muy alta, y sus designaciones están basadas en su posición en el cielo.

Por último, hay algunas pocas estrellas nombradas en honor a personas.

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