Convención de Seneca Falls

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Convención de Seneca Falls fue la primera convención sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos, realizada del 19 de julio al 20 de julio de 1848 en Seneca Falls ( Nueva York). Fue organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton. El resultado fue la publicación de la Declaración de Seneca Falls (o Declaración de Sentimientos, como ellas la llamaron), un documento basado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el que denunciaban las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres: no poder votar, ni presentarse a elecciones, ni ocupar cargos públicos, ni afiliarse a organizaciones políticas, ni asistir a reuniones políticas. El texto es considerado el texto fundacional del movimiento feminista. [1]

Antecedentes

En los 1840, los Estados Unidos vivieron un cambio cultural y económico. En los años entre la Revolución y la Convención Constitucional, las fronteras geográficas de la nación y la población se duplicaron, la población se había concentrado apreciablemente hacia el oeste. No todos los norteamericanos dieron la bienvenida a estos cambios. En un esfuerzo por recobrar un sentido de la comunidad y control sobre su futuro y el de la nación, los norteamericanos, especialmente las mujeres, formaron y unieron para reformar el país. La Convención de Séneca Falls forma parte de este período de grandes de movimientos sociales y de reforma.

A lo largo del siglo XIX las mujeres de los pastores protestantes se van encontrando asociadas al ministerio de sus maridos desarrollando tareas docentes y sanitarias en su comunidad así como de cierta dirección espiritual. Ante la carencia de órdenes religiosas también las damas y mujeres célibes van a organizándose en agrupaciones.[2]

Las reformas religiosas de la época, especialmente en el entorno de los cuáqueros, van a otorgar por primera vez un papel a la mujer en los oficios religiosos y en la caridad. Se refuta el dogma de la predestinación y se empiezan a ver como algo más habitual las intervenciones femeninas en aspectos marginales de la vida pública, como por ejemplo las lecturas de las sagradas escrituras.

En 1834 se fundó la Sociedad Reformista Femenina Neoyorquina, presidida por Lydia Finney. Procuró mantener a mujeres fuera de la prostitución. Otras líderes, como Dorothea Dix, enfocaron sus energías en la reforma de la prisión en la década de 1830. Durante este tiempo surgió el rol de las mujeres como educadoras. Catherine Beecher fundó varias academias para mujeres. Finalmente, el movimiento abolicionista otorgó a las mujeres otra oportunidad de aliarse fuera de la esfera doméstica.

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