Contrarrevolución de Córdoba

La contrarrevolución de Córdoba tuvo su inicio cuando las autoridades de la Intendencia de Córdoba del Tucumán y el ex virrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers, tomaron conocimiento de que había ocurrido la Revolución de Mayo en Buenos Aires, por lo que se dedicaron a organizar en Córdoba un ejército para rechazar la expedición militar enviada por la Primera Junta para hacer reconocer su autoridad en las provincias del interior del ex Virreinato del Río de la Plata. El fracaso de la contrarrevolución encabezada por Liniers culminó con su fusilamiento y el completo control del noroeste de la actual Argentina por la Junta de Buenos Aires.

La contrarrevolución de Córdoba

El mismo día 25 de mayo de 1810, fecha de instalación de la Primera Junta, el derrocado virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros despachó al joven entrerriano de diecisiete años José Melchor Lavín rumbo a Córdoba, para advertir a Liniers y reclamarle acciones militares contra la Junta. Cisneros daba a Liniers todos los poderes necesarios para que llevara adelante la misión que le encomendaba, dándole el cargo de general en jefe del Ejército Realista en el Río de la Plata y aún el mando político, debiendo actuar en combinación con el virrey del Perú. Al llegar rápidamente a Córdoba, en la medianoche del 28 de mayo, Lavín se dirigió a la casa de su conocido, el deán de la catedral de la ciudad, Gregorio Funes, quien esa noche lo condujo a la casa del obispo Rodrigo de Orellana, y los tres se dirigieron a la residencia del gobernador Juan Gutiérrez de la Concha, en donde se hallaba Liniers. Éste se encontraba en ese tiempo residiendo en una estancia jesuita en Alta Gracia, y la noticia de la revolución lo sorprendió cuando estaba pronto a regresar a España y estaba de paso en la ciudad de Córdoba. En esa madrugada del 29 de mayo se produjo allí una reunión con la asistencia de Gutiérrez de la Concha, Liniers, Funes, Orellana, los dos alcaldes del Cabildo de Córdoba, el oidor jubilado de la Real Audiencia del Cusco, Miguel Sánchez Moscoso, el asesor jubilado del Gobierno de Montevideo y oidor de la Audiencia de Buenos Aires Dr. Zamalloa, el coronel de milicias Santiago Allende, el asesor de gobierno Rodríguez y el tesorero Joaquín Moreno. La reunión se reanudó luego por la mañana.[1]

Cabildo de Córdoba en la actualidad.

Dos días antes, el 27 de mayo, la Junta había enviado una circular a las provincias pidiendo el envío de diputados a Buenos Aires y manifestando que enviaría una...

(...) expedición de 500 hombres para lo interior con el fin de proporcionar auxilios militares para hacer observar el orden, si se teme que sin él no se harían libre y honradamente las elecciones de vocales diputados (...)

La circular de la Junta conducida por Mariano Irigoyen (cuñado del gobernador) llegó a Córdoba el 7 de junio exigiendo al gobernador y al cabildo su reconocimiento, junto con ella llegaron también cartas de amigos de Liniers que lo exhortaban a que se sumara a la revolución o se mantuviera neutral, pero éste respondió:

¿Cómo, respondíales, siendo yo un general, un oficial que en treinta y seis años he acreditado mi fidelidad y amor al Soberano, en el último tercio de mi vida me he de cubrir de ignominia quedando indiferente en una causa que es la de mi Rey; y por esta infidencia he de dejar á mis hijos un nombre, hasta el presente intachable, con la nota de traidor?.

El gobernador convocó a una nueva reunión para tratar sobre los pliegos recibidos. La opinión del deán Funes en favor de reconocer a la Junta provocó una airada reacción de Liniers que motivó el retiro de Funes de la reunión y que no fuera invitado a otras reuniones posteriores.

En esa reunión el gobernador aconsejó desconocer a la Junta y jurar el Consejo de Regencia de España e Indias, ya que (...) contaba con el apoyo del vecindario y del ayuntamiento. Informó a Liniers de los hechos ocurridos en Buenos Aires, a lo cual este comentó:

(...) será necesario considerar como rebeldes a los causantes de tanta inquietud. Como militar estoy pronto a cumplir con mi deber. Y me ofrezco desde ya a organizar las fuerzas necesarias.

y agregó:

Todo aquél que adhiera al partido de la Junta revolucionaria de Buenos Aires, y apruebe la deposición del Virrey, debe ser tenido por un traidor; pues que la conducta de los de Buenos Aires con la madre patria en la crítica situación en que hoy se halla, es igual á la de un hijo que, viendo á su padre enfermo, pero de un mal que probablemente ha de salvar, lo asesina en la cama por heredarlo.

Por mayoría los presentes decidieron:

Que se rechazase el nuevo sistema gubernativo de la capital y desde luego se hiziesen propios á las ciudades de su Distrito, á las Provincias interiores del Virreynato, á Santa Fee y Montevideo á fin de que se tomasen medidas conducentes á su resistencia sin perdonar los hostiles.[2]

Desconoció Córdoba la autoridad de la Primera Junta el 20 de junio, cuando el Cabildo con la presencia del gobernador juró el Consejo de Regencia, aunque no lo hicieron constar en actas. Ese mismo día el deán Funes envió una comunicación a la Junta informando los detalles de las reuniones celebradas por los contrarrevolucionarios, indicando la opinión de cada uno de los concurrentes y el voto del Cabildo.[3]​ En su tarea de mantener en conocimiento a la Junta de los aprestos en Córdoba, Funes contaba con la colaboración de su hermano Ambrosio y de Tomás de Allende, sobrino del coronel Santiago de Allende, lo mismo que con la complicidad de clérigos. Diversas partidas organizadas por este grupo cortaban el paso en la travesía de Ambargasta en Santiago del Estero.

El mismo día 20 en Buenos Aires, Castelli y French tomaron prisioneros a Cisneros y a los oidores de la Real Audiencia, todos conspirando con los contrarrevolucionarios de Córdoba, embarcándolos dos días después en secreto con orden de no tocar ningún puerto hasta las islas Canarias.[4]​ La Audiencia había jurado al Consejo de Regencia y enviado una comunicación a Liniers instándolo a que se pusiese al frente de la resistencia, lo mismo que había hecho Cisneros pidiéndole que comunicara a las demás autoridades que había sido obligado por la fuerza a reconocer a la Junta.

El 27 de junio Moreno publicó en La Gazeta un ultimátum a los contrarrevolucionarios:

La Junta cuenta con recursos efectivos para hacer entrar en sus deberes a los díscolos que pretenden la división de estos pueblos, que es hoy día tan peligrosa: los perseguirá y hará castigo ejemplar que escarmiente y aterre a los malvados.[5]