Constantino XI

Constantino XI Paleólogo
Emperador del Imperio bizantino
Constantine XI Palaiologos miniature.jpg
Información personal
Nombre secular Kōnstantinos XI Dragasēs Palaiologos (en griego: Κωνσταντίνος ΙΑ' Δραγάσης Παλαιολόγος)
Otros títulos César
Reinado 6 de enero de 1449 - 29 de mayo de 1453
Coronación 6 de enero de 1449
Nacimiento 8 de febrero de 1405
Constantinopla, Bandera de Imperio bizantino  Imperio bizantino
Fallecimiento 29 de mayo de 1453 (49 años)
Constantinopla, Bandera de Imperio bizantino  Imperio bizantino
Entierro Constantinopla, Bandera de Imperio bizantino  Imperio bizantino
Predecesor
Sucesor Último Emperador bizantino debido a la Caída de Constantinopla a manos de los Turcos. El título de pretendiente al trono bizantino iría para el hermano de este, .
Familia
Dinastía Paleólogos
Padre
Madre Helena Dragaš
Cónyuge Magdalena Tocco
Caterina Gattilusio

Coats of arms of Palaiologos dynasty.jpg
Escudo de Constantino XI Paleólogo

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Constantino XI Paleólogo (en griego: Κωνσταντίνος ΙΑ' Δραγάσης Παλαιολόγος; en serbio: Константин Палеолог Драгаш, Kōnstantinos XI Dragasēs Palaiologos; Constantinopla, Imperio bizantino (actual Estambul, Turquía), 8 de febrero de 1405 - ibídem, 29 de mayo de 1453), último emperador bizantino (1449-1453), muerto en la defensa final de Constantinopla contra los turcos otomanos. A veces es conocido como Constantino XII, basado en la errónea idea de que Constantino Láscaris fue coronado en 1204.[nota 1]

Constantino fue el cuarto hijo del emperador y su esposa serbia, Helena, de la dinastía de Dragaš en Macedonia. Pasó su temprana carrera con sus hermanos y gobernando el Despotado bizantino de Morea ( Peloponeso) y completando su recuperación de los francos.

Cuando su hermano murió sin descendencia en 1448, fue proclamado emperador en Mistra (enero de 1449). Era un hombre de coraje y energía, pero heredó un Imperio decadente. Mehmed II, que se convirtió en sultán otomano en 1451, dirigió todos sus recursos a la conquista de Constantinopla. Constantino hizo todo a su alcance para organizar la defensa de la ciudad y conseguir el apoyo de Occidente al reconocer la obediencia de la iglesia griega a Roma, pero fue en vano. Murió durante la lucha en las murallas de la ciudad cuando finalmente los turcos se abrieron paso.

Biografía

Juventud

Constantino fue el cuarto hijo[nota 6] y el déspota de Tesalónica, .

En el Imperio bizantino no era raro que por razones de prestigio una persona llevara dos apellidos, el apellido paterno seguido del apellido materno. Aunque a Constantino XI se le conoce como que como Dragasēs por el lado serbio de su familia, era sabido que le gustaba que se le conociese por el apellido materno, debido al fuerte vínculo emocional que tuvo con su madre.[2] Inclusive su hermano Juan VIII admiró tanto a Constantino, que muchos años después éste le pasaría la corona imperial en calidad de regente.

Déspota de Morea

El 15 de noviembre de 1423, Juan VIII partió con rumbo a Venecia, Milán, Mantua y Hungría en busca de ayuda contra la amenaza otomana, pero antes de salir de la capital nombró a Constantino regente del imperio.[4]

En noviembre de 1427 fue acompañado por Juan VIII a Morea (actual Peloponeso) para tomar posesión de Acaya.[6] Sin embargo, el matrimonio nunca se consumó debido a la prematura muerte de esta justo al año de la boda.

Constantino continuó con su política expansionista de los territorios bizantinos, aumentando el número de protestas por parte de Venecia y Francia. En 1430 el ejército de Constantino, después de un largo asedio, conquistó la ciudad de Patras (en el extremo norte de Morea), cuyos gobernantes contaban con el apoyo del Papa Martín V, finalmente toda Morea se encontraba bajo control bizantino nuevamente con la excepción de las ciudades venecianas de Corona y Modona. El conflicto entre los bizantinos y los francos en Morea, que se inició en 1259 había terminado y el vencedor fue Constantino.[5] Después de estos éxitos, Constantino, cruzó el istmo de Corinto y entró en Beocia, territorio administrado por el Imperio otomano, pero en este caso su marcha fue detenida por los ejércitos de Turahan Bey.

El Despotado de Morea, después de las conquistas de Constantino XI Paleólogo en 1430.

De regreso a Constantinopla, Constantino siguió con sus funciones de regente del trono imperial, mientras que su hermano se encontraba en Occidente intentando en vano reconciliar a la Iglesia católica con la Iglesia ortodoxa, en el concilio de Ferrara.[10]

A mediados de 1440 Constantino volvió a la administración de los territorios de Morea y durante el viaje de regreso pasó a la isla de Lesbos, donde contrajo segundas nupcias con Catalina Gattiluiso, hija del gobernante genovés Dorino I Gattilusio. Lamentablemente para Constantino esta segunda unión terminó igual que la anterior, ya que Catalina también murió un año después cuando Constantino tuvo que salir de emergencia hacia la capital del imperio en auxilio de su hermano ante las invasiones otomanas del sultán Murad II. Dentro de la corte bizantina, dos altos representantes se opusieron a cualquier pacto con los católicos: Demetrio II, hermano de Constantino, y Lucas Notaras, megaduque del imperio (cargo comparable al de «primer ministro de la corona»).[10] Sin embargo, el ataque otomano fracasó gracias a los esfuerzos del ejército imperial, Demetrio se vio obligado a huir y Constantino pudo regresar a Morea.

Según algunas fuentes, en 1443 Constantino se casó con Catalina Notaras, perteneciente a una de las más influyentes familias bizantinas de la época, de la cual era miembro el propio megaduque del imperio. No obstante, algunos historiadores omiten este matrimonio debido a su fugaz duración (fue aún más corto que los últimos dos matrimonios de Constantino).[12]

Ruinas de la muralla de Hexamilion.

Al regresar, Constantino concentró de nuevo sus esfuerzos en proteger y expandir sus territorios. Por primera vez en 1443 empezó a reconstruir la muralla de Hexamilion, que había sido destruida en 1423.[17]

Subida al trono

Retrato imaginario del emperador Constantino XI, realizado en el siglo XIX. En pleno Romanticismo, se lo representa como defensor de la identidad griega (equipado como hoplita) frente al invasor otomano que subyugaría a esa nación casi cuatro siglos.

El 31 de octubre de 1448 Juan VIII murió después de una larga enfermedad.[18]

El 6 de enero de 1449 Constantino organizó en Mistra, en el centro del Peloponeso, la ceremonia para su coronación como basileus Rhomaíōn (emperador de los romanos).[13]

Búsqueda de una emperatriz

Convertido en emperador, Constantino intentó nuevamente buscar esposa. En octubre de 1449 encomendó a su amigo de confianza Jorge Frantzes la búsqueda de una esposa, una princesa de Iberia (reino antiguo ubicado en la actual Georgia) o de Trebisonda.[23]

Mientras Frantzes se encontraba en Trebisonda, llegó la noticia de que el sultán otomano Murad II acababa de fallecer ( 3 de febrero de 1451) y en su lugar, había sido declarado sultán su hijo: el joven y ambicioso Mehmed II, quién ya tenía puestos sus ojos en la rica Constantinopla.[23]

Fracasado el proyecto, Frantzes aconsejó aceptar la propuesta de la boda real en Iberia, en lugar de la de Juan IV Comneno, emperador de Trebisonda.[27]

El problema eclesiástico

Bandera bizantina del .

La situación religiosa en Constantinopla se había vuelto muy confusa. En el concilio de Basilea, al que asistió Juan VIII, se había decidido fusionar la Iglesia católica con la Iglesia ortodoxa: el Imperio bizantino se sometería a la autoridad espiritual del Papa de Roma. No obstante, la gran mayoría de los bizantinos se opuso a esta decisión en tanto que los que habían decidido convertirse a la ortodoxia se negaban a aceptar las órdenes de Constantinopla.[18]

Constantino XI, viendo la precaria situación en la que se encontraba el imperio, apoyó la unión de las dos iglesias debido a que los otomanos estaban prácticamente a las puertas de Constantinopla. Abrigado por la absoluta necesidad de salvar a la capital, se vio obligado a aceptar la unión con Roma, para poder asegurarse la ayuda de Occidente.[18]

La construcción de una nueva fortaleza otomana sobre el Bósforo

Estuatua de bronce de Constantino XI.

Después de su elección, Constantino XI trató de imponer derechos sobre las mercancías de importación en un intento de llenar las casi vacías arcas imperiales. Sin embargo esto provocó protestas por parte de la República de Venecia, lo que obligó al emperador a abolir el nuevo impuesto al poco tiempo.[30]

Constantino, no pudiendo confiar en el nuevo sultán, envió al embajador bizantino Leontari Brienno a Venecia, Ferrara, Nápoles y Roma para buscar apoyo económico y también asistencia militar en caso de un intento de asedio a la capital bizantina.[28]

Las sospechas de Constantino sobre las verdaderas intenciones del nuevo sultán se confirmaron cuando, en abril de 1451, los otomanos, bajo las órdenes de Mehmed II, comenzaron a construir una nueva fortaleza a pocos kilómetros de Constantinopla.[32]

El Imperio bizantino en 1450.

En esta última provocación, Constantino XI respondió con la orden de arrestar a todos los turcos que residían en sus ciudades, así como el cierre de las puertas de Constantinopla.[32] El sultán, sin embargo, envió de vuelta a los embajadores, rechazando la propuesta. Dos semanas después, Constantino envió a un tercer grupo de representantes para insistirle al sultán, pero cuando llegaron a entrevistarse con el sultán, estos fueron ejecutados por orden suya. El 31 de agosto de 1451 la construcción de la fortaleza otomana llamada Boghaz-Kesen (es decir, «Cortadora del Estrecho» o «Cuello» - hoy se le conoce como Rumeli Hisarı, o «Fortaleza de Rumelia»), fue terminada. Ahora con los dos bastiones turcos en funcionamiento Mehmed II podría controlar el paso de cada barco así como evitar la posible llegada de refuerzos aliados fuera por mar o por tierra a lo largo de la costa.

Construida la fortaleza, Mehmed II comenzó un registro sistemático de todos los barcos en tránsito por el Bósforo, de cualquier nacionalidad. Al mismo tiempo lanzó duros ataques a la ciudad bizantina aún en el Mar Negro, con el fin de aislar el Peloponeso, confiado a los hermanos Tomás y Demetrio. El 26 de noviembre de ese año un barco veneciano que navegaba desde el Mar Negro, confiando en la neutralidad de la república para con los turcos, fue destruido a cañonazos. De los 30 supervivientes que llegaron a la orilla nadando, el capitán Antonio Rizzo fue trasladado a Didimóteicho y empalado, mientras que los otros marineros fueron cortados en dos.[33] Con la política represiva adoptada por el sultán, Occidente finalmente reaccionó y se dio cuenta del terrible peligro que representaban los turcos, si estos llegaban a tomar Constantinopla.

La reunificación de las dos Iglesias

Bandera del Impero bizantino de 1259 hasta la caída de Morea en 1460.

Viendo la gravedad de la situación, Constantino multiplicó las solicitudes de ayuda a Europa occidental acelerando la llegada desde Roma del cardenal Isidoro de Kiev, al que se esperaba en octubre, para tratar sobre la reunificación de las dos iglesias.[34]

Además del Papa, de todas las potencias occidentales sólo el Reino de Nápoles y las repúblicas de Venecia y de Génova le proporcionaron ayuda a Constantino, más por razones políticas y económicas que por altruismo. El verdadero interés tanto de venecianos como genoveses fue de hecho comercial. Si llegara a caer la «Roma de oriente» no solo perderían bienes inmuebles de extraordinario valor que poseían ambas repúblicas en Constantinopla, sino que también perderían sus ricas colonias del Mar Negro: extensiones de sus respectivas patrias, que podrían caer en manos de los otomanos. Los genoveses y su colonia de Quios enviaron materiales para construir barcos de guerra, así como soldados que posteriormente defenderían las murallas de Constantinopla. Venecia, sin embargo, debido a que ya estaba en guerra con el Ducado de Milán, usó la diplomacia: recibió embajadores bizantinos, hizo sus promesas, y se limitó a enviar en auxilio de los bizantinos unos cuantos barcos.

Estatua del papa Nicolás V.

Mientras tanto Isidoro cumplió la misión confiada por el papa Nicolás V y el 12 de diciembre de 1452, en la basílica de Santa Sofía, fue proclamada solemnemente la unión de la Iglesia oriental con la Iglesia occidental en presencia de Constantino XI.[36] Pero la fiesta solo se limitó a unos cuantos círculos de la corte: las iglesias en donde se oficiaban los ritos latinos quedaron vacías, incluyendo la misma iglesia de Santa Sofía. Inclusive aquellos que estaban más estrechamente vinculados con el emperador prefirieron asistir a los servicios ortodoxos que acompañar al emperador.[ cita requerida]

La ciudad fue sacudida por protestas populares y la preocupación general de un inminente ataque de los otomanos. Constantino ordenó reforzar las murallas de la ciudad y bloquear los puertos de las flotas occidentales en un intento de presionar a los venecianos para que enviasen más ayuda a la ciudad.[37] El invierno pasó sin ningún acto de guerra. Ambos bandos se dedicaron a reunir todas sus fuerzas para el año siguiente, cuando se suponía sería la batalla decisiva.

El asedio a Constantinopla

El asedio de Constantinopla.

En los últimos años la marina otomana había conocido un impresionante crecimiento. Constantinopla, que era prácticamente inexpugnable por tierra debido a los poderosos muros teodosianos, podía ser conquistada por el hambre a través de un bloqueo naval suficientemente rígido.

En marzo de 1453, en Galípoli, un pueblo en el estrecho de los Dardanelos, se reunió una gran flota turca, formada por unos 250 barcos, que se estacionó frente a los muros de Constantinopla. [37]

Mehmed II además llevó consigo un arma «secreta» de la que estaba muy orgulloso[ cita requerida]: una gran bombarda, fabricada especialmente por un húngaro conocido como Urbano, en enero de 1453. Aquel gigantesco cañón de bronce podía disparar balas de 6 quintales a una distancia de un kilómetro y medio cada 90 minutos. Se requería la ayuda de 200 de hombres para llevar la bombarda, tirada a Constantinopla por 70 pares de bueyes.[nota 9]

El 5 de abril de 1453 Mehmed II, a través de un mensajero, le exigió a Constantino la rendición de la ciudad.[31] A cambio, podría salvar la vida y la de sus súbditos y además le prometía convertirlo en gobernador independiente en Mistra, evitando así que los ejércitos otomanos saquearan la ciudad y mataran en su totalidad a la población de Constantinopla. En vez de intimidarse, Constantino le respondió lo siguiente:

Darle la ciudad no es mi decisión ni la de ninguno de sus habitantes; hemos decidido, por nuestra propia voluntad, combatir y no salvar la vida.

Constantino XI Paleólogo

En las primeras horas del viernes 6 de abril de 1453 las tropas del sultán abrieron fuego contra Constantinopla. Los bizantinos ya habían previsto este movimiento y todos los residentes varones de la ciudad, incluida la población mayoritariamente extranjera, con excepción de los ancianos y los niños; empezaron a trabajar para reforzar los muros de la ciudad.[37]

El ejército otomano con la gran bombarda marcha a Constantinopla.

Constantino quiso fortalecer aún más todas las murallas de la ciudad, incluso aquellas que daban al mar de Mármara y el Bósforo, el estrecho que conecta el mar Negro con el mar Egeo.[39] La relación entre los bizantinos y los latinos seguía alimentando el recuerdo. Unos días antes se había celebrado la Pascua y, al igual que en la reunificación de las dos iglesias, Santa Sofía había permanecido vacía debido al total rechazo de esta unión por parte de la población.

En febrero de 1453 el senado veneciano, informado de la muerte de Antonio Rizzo, decidió enviar en ayuda a Constantinopla dos galeras con 400 hombres cada una junto con la promesa de enviar otras 15.[41]

A Constantinopla llegaron también algunos barcos de la colonia genovesa de Gálata (ubicada al otro lado del Cuerno de Oro) y de Italia, del papa Nicolás V y la república de Génova.[40]

Gran cañón de Orbón.

En total Constantino poseía para la defensa 10 barcos bizantinos, 8 venecianos, 5 genoveses, uno de Ancona, uno catalán y otro de Provenza, haciendo un total de 26 barcos: una cifra muy modesta en comparación con la poderosa flota otomana.[41]

De mayor preocupación era el escaso número de soldados a su disposición: 5.000 bizantinos y algo más de 2.000 latinos, en total unos 7.000 hombres que tendrían que defender 22 kilómetros de muros contra un ejército de 160.000 turcos.[11] En la mañana del 6 de abril todos los cristianos fueron a sus lugares de combate. Constantino y Giovanni defendieron la parte más vulnerable de las murallas, donde probablemente atacarían primero los musulmanes, por la puerta de san Romano. Por el lado del mar, los muros estaban casi desiertos: los pocos soldados presentes eran en su mayoría utilizados para tareas de vigilancia y control de los movimientos de los barcos otomanos. La bombarda del sultán también suponía un problema grave para los defensores. Los proyectiles del gigantesco cañón golpeaban con una violencia desconocida en la historia de los asedios a los muros de Constantinopla.

Al terminar el primer día de asedio los otomanos habían demolido la mayor parte de los muros cerca de la puerta de Carso y habían intentado entrar varias veces en la ciudad sin éxito. Durante la noche, mientras los musulmanes descansaban en sus campamentos, la población había logrado reparar los muros destrozados. El sultán, desalentado por esto, decidió suspender el sitio y esperar refuerzos.

Los refuerzos otomanos llegaron el 11 de abril en grandes cantidades, en total unos 60.000 hombres. El asedio continuó entonces pero, pese a los daños hechos por la gran bombarda y las continuas escaramuzas otomanas, los cristianos siempre reparaban los daños en la noche para continuar con la defensa el día siguiente.

Miniatura francesa, representando el asedio de Constantinopla en 1453, en el libro Voyages d'Outremer de Bertrandon de la Broquière del año 1455.

En aquellos días lograron llegar a la ciudad por el estrecho de los Dardanelos los tres barcos genoveses prometidos por el Papa, acompañados por un barco lleno de grano enviado por Alfonso V de Aragón. Era la mañana del 20 de abril y, pese a sus esfuerzos, el almirante otomano Süleyman Baltoğlu no pudo impedir la entrada de los barcos a la ciudad.[43]

Después de eso, el sultán escogió un método de traer sus barcos desde el Cuerno de Oro, hacia la ciudad. Ordenó a sus ingenieros diseñar nuevos barcos que pudieran cerrar la entrada al mar de Mármara. Los herreros otomanos inmediatamente comenzaron a construir ruedas de hierro y barandillas de metal, mientras los carpinteros se comprometieron a la fabricación de marcos de madera tan grandes que pudieran encerrar la quilla de un barco mediano.[43]

Cuando los bizantinos vieron los nuevos barcos otomanos en el Cuerno de Oro se sorprendieron. Ahora la situación había empeorado para los defensores: el puerto ya no era seguro y las murallas marítimas ahora eran más susceptibles a los ataques turcos. En el inicio de mayo, Constantino había entendido que el fin estaba cerca: la escasez de alimentos se hacía más evidente y los barcos que había prometido Venecia nunca llegaron.

Pero parecía que todavía había esperanzas de que Venecia cumpliera con su palabra. El 3 de mayo, antes de la medianoche, se vio un bergantín con bandera turca cruzando hacia el mar de Mármara.[45] Constantino dio las gracias a los marineros uno por uno, pero con la voz ahogada debido a las lágrimas, incluso la mayoría de su corte tenía lágrimas en la cara debido a esta noticia.

Después de esto, los ministros y senadores bizantinos le rogaron al emperador salir de la capital y ponerse a salvo con otros refugiados bizantinos. Sin embargo, Constantino XI respondió con determinación:

No me iría si hubiese algún beneficio por abandonar la ciudad, pero no puedo ir lejos... No los dejaré nunca. ¡¡He decidido morir con vosotros!!.

Constantino XI Paleólogo

El sábado 26 de mayo Mehmed II se reunió con su consejo de guerra y anunció que el ataque final se iniciaría el 29 de mayo, precedido por un día de descanso y oración. El día 28 todo ataque otomano cesó y el día se dedicó a la oración y al descanso para el día siguiente, que sería la batalla decisiva. Aunque sus soldados dormían, el sultán realizó una larga gira de inspección, después regresó al campamento, miró por una última vez las murallas de la ciudad y se fue a dormir.[46]

En la noche del 28 de mayo Constantino XI y Giustiniani Longo se trasladaron junto con una guarnición hacía la puerta de San Romano.[46] El emperador pronunció un discurso a los defensores:

Mis señores, mis hermanos, mis amigos. El último honor de los cristianos está en nuestras manos.

Constantino XI Paleólogo

En el último lunes de la Constantinopla bizantina, fueron olvidados todas las controversias y desacuerdos entre bizantinos y latinos. Para la ocasión se llevó a cabo una larga procesión espontánea[ cita requerida] en cada rincón de Constantinopla. Los fieles cruzaron las calles de la capital con muchísimos iconos de culto. Cientos de miles de latinos y ortodoxos marcharon juntos en lo que pensaban sería el último acto cristiano que vería la ciudad. El emperador y todos sus súbditos se reunieron por última vez en Santa Sofía, para una magna misa. Ahí, Constantino se reunió con sus comandantes, y les dijo:

Vaya que ha llegado el momento, en que el enemigo de nuestra fe nos amenaza por todas partes... Confío en ustedes, en su valor, en esta espléndida y célebre ciudad, en nuestra patria.

Luego Constantino abrazó a todos, diciendo después:

Pido disculpas por cualquier insulto que les haya hecho a ustedes sin querer.[47]

Constantino XI Paleólogo

Después, el emperador se volvió a la multitud reunida en Santa Sofía y les dijo:

Hay cuatro razones principales por las que vale la pena morir: la fe, el hogar, la familia y el basileo. Ahora ustedes deben estar dispuestos a sacrificar sus vidas por estas cosas, así como yo también estoy dispuesto a sacrificar mi propia vida. [48]

Constantino XI Paleólogo

Luego se dirigió a los latinos y les agradeció lo que habían hecho para ayudar a Constantinopla, diciendo:

A partir de hoy, los latinos y los romanos son la misma gente, unidos en Dios y con la ayuda de Dios salvaremos Constantinopla.[48]

Constantino XI Paleólogo

Incluso las diferencias religiosas fueron olvidadas: la totalidad[ cita requerida] de la población de Constantinopla se concentró en la iglesia de Santa Sofía junto a Constantino y celebró la última liturgia cristiana celebrada en la basílica.

Mehmed II entra victorioso a Constantinopla.

Ya en su palacio, el palacio de Blanquerna, se despidió de su familia y de los sirvientes del palacio y, alrededor de la medianoche, partió hacía las murallas junto con su mejor amigo Jorge Frantzes. El martes 29 de mayo de 1453 fue el último día de vida de la Constantinopla romana. Después de haberles dado a los soldados turcos el descanso prometido, a la una y media de la madrugada Mehmed II dio la orden de ataque y se iniciaron los bombardeos a las murallas y la marcha de los turcos hacía la ciudad.

Cuando eso ocurrió, todas las campanas de las iglesias en Constantinopla fueron echadas al vuelo para anunciar el inicio de la batalla final.[50]

Durante dos horas y media los basi-bozuk atacaron ininterrumpidamente a los cristianos hasta que, a las cuatro de la mañana, Mehmed II ordenó al segundo grupo de combatientes intervenir en la lucha. Este segundo grupo consistía en soldados mejor equipados y entrenados. Estos últimos sin embargo fueron inmediatamente rodeados por los soldados comandados directamente por Constantino y consecuentemente aniquilados. Por fin el sultán envió a la batalla a la élite del ejército otomano, los jenízaros. Los bizantinos y latinos no serían capaces de resistir por mucho tiempo al ataque de los jenízaros, dado que ya llevaban cinco horas luchando sin descanso.

La situación para los bizantinos llegó a un punto catastrófico horas después del amanecer: el capitán Giovanni Longo Giustiniani fue herido y retirado del campo de batalla por sus hombres. Muchos defensores latinos interpretaron esta medida como un desesperado intento de escapar y muchos huyeron hacia los barcos. Mehmed II vio lo ocurrido y ordenó a los jenízaros concentrar toda la ofensiva sobre las posiciones abandonadas por los genoveses. Los bizantinos comenzaron a retirarse y a ser rodeados por los turcos, siendo muertos casi todos. Constantinopla finalmente fue tomada por el Imperio otomano y con la caída de la ciudad, el imperio romano en oriente, el gran Imperio romano clásico, había dejado de existir.[51]

Muerte

Reconstrucción de la Columna de Constantino I en Constantinopla.
La puerta de San Romano en Constantinopla.

Las fuentes discrepan sobre la muerte de Constantino XI. Jorge Frantzes, fiel amigo del basileo, que en ese momento estaba lejos de la batalla, dice solamente que:

Mi señor y emperador de feliz memoria, el señor Constantino, cayó muerto mientras yo estaba en ese momento no cerca de él, sino en otra parte de la ciudad, por orden suya, para una inspección, por desgracia, por desgracia.

Jorge Franzes[52]

Algunos historiadores sostienen que el emperador pudo ser muerto mientras se dirigía a la Puerta Áurea, otros argumentan que cayó cerca de Santa Sofía, y otros más alegan inclusive que Constantino XI, viendo que la batalla estaba perdida, se habría despojado de los signos imperiales y, disimulado entre la población, salvó la vida (esta hipótesis es muy poco probable).

La mayoría de los historiadores están casi seguros que Constantino XI perdió la vida cerca de la puerta de San Romano.[49] Ahí al ver que la derrota estaba cerca, se quitó sus insignias imperiales y se arrojó a la batalla junto con los últimos defensores y desapareció para siempre después de haber matado, dicen, la hiperbólica cifra de 600 otomanos. Parece que las últimas palabras de Constantino antes de su muerte fueron las siguientes:

¿No hay un solo cristiano aquí dispuesto a perder la cabeza?.

Constantino XI Paleólogo

Probablemente, el cuerpo fue reconocido a través de las botas púrpura que llevaba en ese momento, botas que sólo los emperadores bizantinos tenían derecho a usar. Mehmet II entonces le enterró en una fosa común, a fin de que los cristianos no pudieran construir un mausoleo a su memoria, o que la gesta de Constantino convirtiera el lugar en un centro de peregrinación para el resto de Europa.[53] Sin embargo, antes de ser enterrado, parece que el cuerpo de Constantino, por sugerencia de los jefes otomanos, se convirtió en una especie de trofeo de guerra. Tomaron el cuerpo del emperador, le removieron las vísceras y luego fue colgado en la cima de la columna de Constantino I como acto de humillación al milenario Imperio. Después, Mehmet II mandó embalsamar la cabeza y la conservó para sí.[ cita requerida]

Una estatua que representa a Constantino XI -quién se convirtió en un santo no oficial para la Iglesia Ortodoxa, y años más tarde, en el símbolo principal de la guerra de independencia de Grecia contra el Imperio otomano - fue puesta en la Catedral de Atenas mientras que una segunda estatua se encuentra en la ciudad de Mistra, donde fue aclamado emperador en 1448. Es así como termina la vida del último de una larga lista de emperadores romanos que inició con César Augusto.

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