Constantino III

Constantino III representado en una moneda.

Constantino III (en latín, Flavius Claudius Constantinus[1] ; fl. c. 18 de septiembre de 411) fue un general romano que se declaró emperador romano de Occidente en 407, abdicando en 411, y siendo asesinado poco después.

Trasfondo histórico

Britannia en 410: División provincial de Britannia a comienzos del siglo V.

El 31 de diciembre de 406 muchas tribus de invasores germánicos, entre ellas los vándalos, burgundios, alanos y suevos cruzaron el Rin, congelado, a la altura de Maguncia,[2] y aplastaron los esfuerzos defensivos de los romanos en una exitosa invasión del Imperio Romano de Occidente. Esto resultó fatal para el Imperio, un golpe del que ya no se recuperaría.

En ese tiempo, las provincias de Britania se habían rebelado,[5] Los dos generales de Constantino, Justiniano y el franco Nebiogastes, al frente de la vanguardia, fueron vencidos por Sarus, el lugarteniente de Estilicón; siendo Nebiogastes atrapado, y luego ejecutado a las puertas de Valence. De todos modos, Constantino envió adelante otro ejército comandado por Edobico y Geroncio, y Sarus se vio obligado a retroceder hasta Italia, y pagar el paso por los Alpes a los bagaudas, que lo controlaban. Constantino aseguró la frontera del Rin, y protegió los pasos entre la Galia e Italia. Por mayo de 408 había hecho de Arlés su capital, donde nombró a Apolinar (abuelo de Sidonio Apolinar) prefecto.

Reconocimiento como coemperador

En el verano de 408, como las fuerzas romanas en Italia se unieron para atacar a Constantino, éste ideó otros planes. Temiendo a los numerosos primos del emperador Honorio asentados en Hispania, que era una plaza fuerte de la dinastía teodosiana y leal al incompetente emperador,[7] o emperador asistente, y lo envió con el general Geroncio, en Hispania. Los primos imperiales fueron derrotados sin muchas dificultades y dos de ellos; Dídimo y Teodosiolo; fueron capturados, mientras otros dos; Lagodio y Veriano; consiguieron refugirase en Constantinopla.

Constante dejó a su mujer en Zaragoza al cuidado de Geroncio para apoyar a su padre en Arlés. Mientras, el ejército romano se amotinaba en Ticinum ( Pavia) el 13 de agosto, que fue seguida de la ejecución de Estilicón el 22 de agosto. Como resultado de estos hechos, producidos por una conjura palaciega de la corte imperial, el general Sarus abandonó el ejército acompañado por sus hombres, dejando a Honorio en Rávena sin ningún tipo de defensa militar; éste también afrontaba el problema del ejército visigodo de Alarico que erraba desenfrenado por Etruria. Así que cuando los enviados de Constantino llegaron a Rávena a negociar, Honorio no tardó en reconocerlo coemperador, y los dos fueron cónsules en el año 409.[8]

Marcha sobre Italia

Ese año fue la prueba de fuego para el éxito de Constantino. Los bárbaros, que en septiembre habían roto las defensas del Rin,[11]

Al mismo tiempo, los piratas sajones atacaron Britania, que Constantino había dejado indefensa. Comprendiendo que el emperador ya no los podría defender más, los habitantes de Britania y Armórica se rebelaron y expulsaron a sus oficiales.

La respuesta a este estrecho círculo de enemigos fue una apuesta final desesperada; con el resto de sus tropas fieles, marchó sobre Italia, envalentonado por las continuas instancias a ello de un tal Allobico, que quería reemplazar a Honorio por un gobernante más capaz. Pero esta invasión acabó en desastre; Allobico murió, y Constantino se vio forzado a regresar a la Galia al acabar la primavera de 410. La posición de éste se hizo más desesperada. Sus fuerzas en Hispania fueron derrotadas por Geroncio en Vienne ( 411), donde su hijo Constante fue capturado y ejecutado. Su prefecto del pretorio, Decimio Rústico, que había sustituido a Apolinario algunos años antes, lo abandonó para unirse a la rebelión de Jovino en la frontera del Rhin. Geroncio acorraló a Constantino en Arlés, que comenzó a sitiar.

Rendición y ejecución

Mientras tanto Honorio encontró a un nuevo general que pudiera apoyarlo. El futuro Constancio III, llegó a Arlés, puso en fuga a Geroncio y continuó él mismo el asedio.[9] Constantino aguantaba, esperando el regreso de su general Edobico, que reclutaba tropas en el norte de la Galia entre los francos, pero al regreso de éste fue derrotado sin muchas dificultades. La última esperanza de Constantino se desvaneció cuando sus tropas del Rhin lo abandonaron para unirse a Jovino, y se vio forzado a rendirse. A pesar de su promesa de dejarle vivo, confinado en un monasterio, Constancio encarceló al antiguo soldado y lo decapitó en agosto o septiembre de 411.

Aunque Geroncio se suicidó en Hispania,[14] el poder romano no volvería a Britania tras la muerte de Constantino III: como diría luego Procopio de Cesarea, "aquel tiempo nos recuerda a (el gobierno de) la tiranía."

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