Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional

Cartel de la Exposición antimasónica de 1941: el judaísmo controlando al comunismo ( Iósif Stalin) y a la masonería ( Winston Churchill).
La Exposition Antibolchevique de 1942 denunciaba una conspiración judeo-masónico-comunista-internacional en la Francia ocupada por la Alemania nazi.

Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional, a veces denominada conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, contubernio judeo-masónico-comunista, es el nombre que se le da a una supuesta coalición secreta de la que formarían parte los judíos, la masonería y el comunismo; que pretenderían un fin oscuro (de una u otra forma, el dominio del mundo). El término se construye con la adición de la capacidad revolucionaria del comunismo a la tesis del siglo xix de la conspiración judeomasónica o de la fusión de esa tesis con la del siglo xx del judeo-bolchevismo.

En la época contemporánea, esta supuesta «conspiración» es y ha sido ampliamente utilizada como instrumento político por grupos conservadores, monárquicos, ultracatólicos, reaccionarios y fascistas para desprestigiar, difamar y estigmatizar a la izquierda política y también justificar actuaciones antisemitas o persecuciones políticas.

Precedentes

Desde la Edad Media se puede rastrear la existencia de antisemitismo, vinculado en sociedades sin sistema capitalista desarrollado a un amplio conjunto de prejuicios ideológicos, principalmente al desprecio por las actividades que, independientemente de su función económica, la Iglesia definía como usura (préstamo con interés, pero también el comercio si se obtiene lucro). La única manera socialmente aceptable de ser rico sin sospecha era la renta feudal, accesible solo a los privilegiados, que ciertamente lo eran mucho más que los judíos. En cambio, éstos destacaban en aquéllas, dado que su condición les impedía generalmente el acceso a otro tipo de ocupaciones (aunque algunos de los judíos europeos eran campesinos y realizaban distintos oficios manuales e intelectuales). La manipulación de este prejuicio fue una útil forma de desviar conflictos sociales (el descontento de los no privilegiados en coyunturas críticas) utilizando a los judíos como chivo expiatorio. A ellos se atribuían todo tipo de malas intenciones (originar la peste, secuestrar y matar ritualmente niños y profanar los sacramentos, como en el caso del Santo Niño de La Guardia).[1]

Pero desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sion,[3]

La masonería había sido objeto de condenas papales desde el siglo xviii (véase condenas religiosas de la masonería), y su papel en la gestación de las denominadas revoluciones liberales, sobre todo las de los primeros ciclos ( Independencia de los Estados Unidos, Revolución francesa, revoluciones de 1820), era objeto de controversia. Su condición de sociedad secreta excitaba la imaginación, propicia a todo tipo de fantasías en la época romántica.

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