Consecuencialismo

En ética, el consecuencialismo hace referencia a todas aquellas teorías de la ética normativa, está basado en el hecho de que todas las acciones son permitidas siempre y cuando la acción a realizar sea la “mejor” opción del agente, nunca está permitido que la acción elegida sea la que haga menos “bien”.[1]​ Así, siguiendo esta doctrina, una acción moralmente correcta es la que conlleva buenas consecuencias o crea un bien. Entre las éticas consecuencialistas podemos encontrar muchas formas de utilitarismo (las mejores consecuencias para el mayor número), el egoísmo moral (las mejores consecuencias para mí mismo) y la ética del altruismo de Auguste Comte.

Comparación con otras éticas normativas

El consecuencialismo ha sido tradicionalmente identificado como una de las tres grandes aglomeraciones de teorías de ética normativa; siendo las otras dos la deontología y la ética de la virtud. Se distingue de la deontología en que ésta última intenta resolver la medición de la bondad o maldad en un acto con base en una clasificación de acciones genéricas (por ejemplo matar, mentir, donar, abrazar), y de cómo dichas acciones se ajustan a los mandatos y deberes, independientemente de sus consecuencias. También difiere de la ética de la virtud, la cual se centra en la importancia de las motivaciones del agente moral.

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