Congreso de Tucumán

Congreso de Tucumán
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Congreso de Tucumán, por Francisco Fortuny.
LugarSan Miguel de Tucumán y Buenos Aires
PaísProvincias Unidas del Río de la Plata
Fecha24 de marzo de 1816 hasta el 11 de febrero de 1820
ParticipantesDiputados de las Provincias Unidas del Río de la Plata

El Congreso de Tucumán fue una asamblea soberana cuya convocatoria se estableció en el Estatuto de 1815 que al mismo tiempo se desempeñó como tribunal, poder legislativo y constituyente. Sesionó en dos lugares distintos, inicialmente lo hizo en la ciudad de San Miguel de Tucumán, desde el 24 de marzo de 1816 al 16 de enero de 1817 y posteriormente en la ciudad de Buenos Aires, entre 12 de mayo de 1817 y el 11 de febrero de 1820. Los actos propiamente constituyentes del congreso fueron: el Acta de declaración de la independencia, (9 de julio de 1816); el Manifiesto que hace a las Naciones el Congreso General Constituyente, (25 de octubre de 1817); el Reglamento Provisorio para la dirección y administración del Estado, (3 de diciembre de 1817) y la Constitución de las Provincias Unidas de Sud-América (22 de abril de 1819).

Antecedentes

En el bienio 1814-1815, una serie de acontecimientos externos e internos produjeron una crisis política en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

La situación europea

En el plano europeo, Fernando VII volvió al trono en 1814 no como "el deseado" sino como un monarca absolutista que tenía la firme intención de castigar a los diputados que habían sancionado la Constitución de Cádiz en 1812 y enviar expediciones militares a América para recuperar sus dominios. Estos hechos se vincularon con la consolidación en Europa, después de la derrota de Napoleón, de las ideas conservadoras expuestas en el Congreso de Viena que querían asegurar la continuidad de las monarquías mediante la vigilancia y el control continental del republicanismo europeo que fue asociado con la violencia y el desorden.

Crisis de 1815

En el plano interno, la crisis de 1815 comenzó el 13 abril cuando las tropas al mando de Ignacio Álvarez Thomas se sublevaron en Fontezuelas. Esto determinó, en Buenos Aires, la caída del gobierno "tiránico" o "con cetro de hierro" del director Alvear. Este hecho inició el quiebre de la relación pactista existente entre Buenos Aires y las ciudades del interior vigente desde mayo de 1810. Por ese "pacto", las provincias habían prestado su obediencia política y apoyo militar a la ex capital virreinal a cambio de cierta representación política. La falta de una convocatoria inicial a una asamblea legislativa y la posterior "representación" mayoritariamente ficticia que tuvo la Asamblea General Constituyente del año XIII, en la que los diputados eran mayoritariamente de Buenos Aires o pertenecían a la Sociedad Patriótica, mostró que el gobierno de la capital impedía y/o trataba de controlar el ejercicio pleno de la representación “de los pueblos”. Esta "representación imperfecta", provisoria e inestable, afectó a los distintos gobiernos centrales desde mayo de 1810. El deterioro progresivo de la relación entre la capital y las ciudades del interior no llegó a mayores:

  • En primer lugar, debido a los intereses comunes originados en la guerra civil que se inició inmediatamente con las expediciones militares al Paraguay y al Alto Perú;
  • En segundo lugar, por la permanencia de la concepción organicista borbónica en la que Buenos Aires, como la cabeza del ex Virreinato, fue aceptada legalmente para que actuara en nombre del conjunto de las provincias.

Sin embargo, las provincias del Interior, que fueron afectadas por las campañas del ejército al Alto Perú, comenzaron a relacionarse cada vez más entre sí para realizar censos, reclutar soldados, dotarlos de equipos, controlar la seguridad interior, recibir donativos, reclamar empréstitos e impuestos, etc. creando así organismos "proto-estatales".[1]​ A esto se sumó las victorias de Salta y Tucumán, que se cristalizaron en un "fervor patriótico" que reforzaron las convicciones autonómicas de las provincias del noroeste, lugar desde donde partían las expediciones militares. Tras la derrota de Sipe-Sipe, a fines de noviembre de 1815, a ese espacio se agregó Mendoza. Estas tensiones crecientes entre las provincias andinas y Buenos Aires se agregaron a las que ya existían entre esta última y la zona del litoral. Este cambio hacia el autonomismo alteró la geografía política heredada de la época virreinal en la que Buenos Aires era el eje indiscutido alrededor del cual giraba todo. Sin embargo, esto no implicó que se negara la necesidad de una unidad que organizara el esfuerzo militar coordinado del conjunto.

La unión desde luego es del todo necesaria a la defensa común, y sin ella es muy difícil, y aun casi imposible salvarnos; pero, ¿Es lo mismo unión, que dependencia?

Gob. de Córdoba José Javier Díaz al Director Álvarez Thomas, 10/10/1815, en (Segreti, 1995, p. 105)

Los historiadores Ricardo Levene y Emilio Ravignani interpretaron equivocadamente este imaginario de unión y autonomía igualitarias como un "federalismo" sin tener en cuenta que en ningún caso las ciudades exigían la soberanía sino un nuevo pacto que, a cambio de la sumisión a la causa común, se reconociera sus respectivas autonomías y al mismo tiempo se impidiera la balcanización interna en cada provincia por la presión de las ciudades subalternas que, como el caso de Santiago del Estero, Jujuy, Tarija, etc., provenían de viejos conflictos jurisdiccionales de la época virreinal.[3]

La crisis del año 1815, equivalente al "segundo acto" de los sucesos políticos iniciados en 1810 fue subestimada por los historiadores dedicados al periodo 1808-1821. Salvo las críticas de José Carlos Chiaramonte y los trabajos de Carlos Segreti,[4]

Autonomía y condicionamientos

El 16 de abril de 1815, Córdoba dio el primer paso al declarar su independencia de Buenos Aires. Lo hizo influenciado por el movimiento de Artigas. Su gobernador, José Javier Díaz, propuso al resto de las ciudades que también hicieran lo mismo, o sea, se desprendieran de la dependencia de Buenos Aires al amparo de Rondeau, jefe del ejército auxiliar del Perú, que supuestamente estaba a favor de la "verdadera libertad", "los derechos" o autonomía respecto de Buenos Aires. Pocos días después el cabildo de Salta manifestó su coincidencia con esta línea de pensamiento. Díaz expuso que

[Córdoba] se halla resuelta a no desistir [de la independencia de Buenos Aires] hasta que un congreso general reunido en plena libertad y en el lugar que esos ejércitos combinados tuviesen a bien designar, sancione y establezca las formas de gobierno que deba regir la América.

Oficio de José Javier Díaz al general Rondeau, 23 de abril de 1815, en (Segreti, 1966, p. 318)

El Cabildo de Salta también puso esa condición exigiendo además un plazo de cinco meses para ejecutarla y pidió a las otras ciudades que hicieran lo mismo. En mayo de 1815, el cabildo de Tucumán comunicó a Díaz y a San Martín que estaba en conversaciones con Rondeau y que existían ideas y sentimientos comunes entre los pueblos de Tucumán y Cuyo.

La crisis creó así una incipiente transversalidad política entre las provincias que ven en la reunión de un congreso, propuesta hecha por el gobernador Díaz el 17 de abril y un mes después por Buenos Aires, como la única forma de poner freno a la dominación de la capital.[6]

La reacción del cabildo de Buenos Aires

Simultáneamente, el cabildo de Buenos Aires reaccionó rápidamente para recuperar su capacidad rectora ante la crisis del poder político después de Fontezuelas. Primero quitó su apoyo a Alvear y luego, ya como Cabildo Gobernador, asumió el mando interino para cubrir la acefalía provocada por su caída. Utilizando una táctica similar a la de mayo de 1810, el 21 de abril de 1815 envió a los cabildos de las ciudades una circular en la que manifestó que iba a respetar las opiniones y derechos en un pie de igualdad con todas ellas corrigiendo así la anterior "preponderancia funesta" que la capital había ejercido sobre los pueblos.

Apelando al argumento de la falta de tiempo para hacer consultas con el Interior, se eligieron doce electores en Buenos Aires que nombraron a José Rondeau como "Director de Estado". Sabiendo en el fondo que este no quería abandonar el mando del ejército auxiliar, se nombró como "Director Suplente" a Álvarez Thomas. En esa misma circular, el cabildo de Buenos Aires informó a los cabildos que la elección de Rondeau se hizo solamente para "poner una cabeza al frente del Estado para establecer provisoriamente [sic] el orden y restituir la tranquilidad",[7]​ debiendo el nombrado sujetarse al Estatuto Provisional que se crearía ad-hoc.

Estos electores, conjuntamente con el cabildo, también eligieron a las cinco personas que formarían la llamada Junta de Observación que el 5 de mayo de 1815 promulgó el Estatuto Provisional para la dirección y administración del Estado.[n 2]​ Este Estatuto se inspiró en su mayor parte en la Constitución de Cádiz de 1812 más algunos agregados novedosos provenientes de la crisis, en especial en lo concerniente a la representación:

  • En primer lugar, extendió el voto a los habitantes de la campaña como contraprestación política a las obligaciones militares que se hacían sobre esos pobladores.
  • En segundo lugar, el Estatuto organizó las elecciones de manera muy detallada con el doble propósito de modernizar al Estado y al mismo tiempo controlar el proceso del voto proporcional.
  • En tercer lugar, extendió el sistema electoral a la elección de las autoridades provinciales: v.g. gobernadores, miembros del cabildo y diputados del futuro congreso.

La invitación del 17 de mayo de 1815 enviada a los cabildos del interior intentó crear un nuevo pacto con las ciudades mediante el reconocimiento de Rondeau como Director y la jura al nuevo Estatuto Provisional. Las ciudades aceptaron este nuevo orden igualitario que planteó Buenos Aires pero aclararon que su adhesión no iba a ser absoluta sino condicionada:

  • al "respeto de sus derechos" y,
  • a la convocatoria de un congreso que debía representar, finalmente, la soberanía de los pueblos.

Las ciudades del interior coincidieron en que la racionalidad política del momento exigía "controlar la fortuna" es decir, el azar y el desorden con que la capital había gobernado la entropía política desde 1810. El gobernador de Córdoba advirtió:

Estamos sentados sobre un volcán cuya boca principal se halla en ese pueblo [Buenos Aires] [...] Córdoba no teme nada de Buenos Aires, pero lo teme todo del partido que existe allí. Tampoco teme al jefe [Rondeau] que [Buenos Aires] ha elegido, pero tampoco puede prestarse a una confianza ciega que comprometa sus derechos [autonomía].

José Javier Díaz al Cabildo, 8 de mayo de 1815, en (Cuarto Congreso , 1966, p. 320-321, Vol.1)