Congreso de Troppau

El Congreso de Troppau fue una conferencia llevada a cabo por los miembros de la Cuádruple Alianza y Francia para discutir los medios para suprimir la revolución en Nápoles iniciada en julio de 1820, y en el cual se firmó el Protocolo de Troppau el 19 de noviembre.

Desarrollo

El congreso se reunió el 20 de octubre de 1820 en Opava, bajo la presidencia del Zar Alejandro I de Rusia. Alejandro y Francisco II de Austria estuvieron presentes personalmente; el rey Federico Guillermo III de Prusia estuvo representado por el príncipe real (después Federico Guillermo IV de Prusia). Los tres poderes de Europa Oriental fueron representados, además, por sus ministros de Relaciones Exteriores: Austria por el príncipe Metternich, Rusia por el Conde Juan Capodistria y Prusia por el príncipe Karl August von Hardenberg.

El Reino Unido objetó, en principio, a la sugerida acción concertada contra los liberales napolitanos, y por lo consiguiente no envió plenipotenciarios, pero estuvo representado por Robert Stewart, Vizconde de Castlereagh, su embajador en Viena. Francia tampoco, había dado poderes plenarios a sus representantes, aunque su política estaba menos claramente definida. Así, desde el principio del congreso, estuvo claro que la división entre las potencias orientales y occidentales de Europa estaba creciendo.

La nota característica de este congreso fue su naturaleza íntima e informal; el hecho determinante en el inicio del mismo fue el descubrimiento hecho por Metternich de que no tenía nada más que temer del "jacobinismo" del emperador Alejandro. En una conversación de tres horas sobre una taza de té en un pequeño salón, escuchó la confesión y promesa de enmienda del zar: "Al día de hoy estoy arrepentido de todo lo que he dicho y hecho entre los años de 1814 y 1818... Dime que quieres de mí y lo haré".[1]

Su fracaso a la hora de convencer a Castlereagh de sus puntos de vista no fue cosa baladí; los poderes "libres" (es decir, absolutistas) llegaron a un acuerdo: ignorar, por seguridad, las opiniones de Inglaterra y Francia, cuyos gobiernos, cualesquiera que fuesen sus buenas intenciones, estaban atados a las formas constitucionales y el capricho de la plebe. En una serie de conferencias en las cuales los representantes inglés y francés no fueron admitidos con la excusa de que no tenían poder de decisión y solo estaban responsabilizados de informar a sus respectivos gobiernos, se esbozó el famoso protocolo preliminar, firmado por Austria, Rusia y Prusia el 8 de noviembre.

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