Conflicto limítrofe entre el Perú y el Ecuador

Conflicto limítrofe entre Perú y Ecuador
Cronologia del conflicto fronterizo entre las repúblicas de Ecuador y Perú.png
Graficación cronológica del Conflicto limítrofe entre las repúblicas de Perú y Ecuador.
Fecha Desde el siglo XIX hasta 1998
Lugar Flag of Ecuador.svg  Ecuador y Flag of Peru.svg Perú
Casus belli Conflictos territoriales
Resultado Paz definitiva entre Ecuador y Perú
Beligerantes
Flag of Ecuador.svg  Ecuador Flag of Peru.svg Perú
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Desde su nacimiento como repúblicas independientes a principios del siglo XIX, y hasta el año 1998, ambos países mostraron discrepancias sobre sus límites fronterizos en regiones comprendidas entre la cuenca del Amazonas y la cordillera de los Andes. Los problemas en la delimitación de fronteras entre ambos países tienen su punto de partida cuando la Gran Colombia (estado antecedente de Ecuador, encabezado por Bolívar) exigió a la naciente República del Perú la entrega de las provincias de Tumbes, Jaén y Maynas, que eran peruanas de acuerdo al principio de la libre determinación de pueblos, fundamentalmente. Disuelta en 1830 la Gran Colombia y nacido el Ecuador a la vida independiente, este país revivió en reiteradas ocasiones el viejo reclamo bolivariano hacia al Perú, llegando a agudizarse la relación entre ambos países en tres ocasiones ( 1941, 1981 y 1995) y desembocando en guerras generalmente cortas. El conflicto se convirtió durante siglo y medio en el principal factor que dificultó el fortalecimiento de las relaciones comerciales peruano-ecuatorianas.

Época del Virreinato

Mapa de que comprende todo el distrito de la Audiencia de Quito en 1779.

Hasta antes de 1717, el territorio americano del imperio español estaba dividido en dos grandes dependencias: el Virreinato del Perú y el Virreinato de Nueva España. En ese año, como parte de las reformas Borbónicas del Rey Felipe V de España en la ciudad de Segovia, España, se escinde del Virreinato del Perú, uno nuevo, el Virreinato de Nueva Granada, medida decretada el 27 de mayo de 1717 por una Real Cédula.

El Virreinato de Nueva Granada tuvo jurisdicción sobre la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, Real Audiencia de Panamá, Real Audiencia de Quito y la Capitanía General de Venezuela. En tal sentido, las Reales Audiencias del Virreinato comprendieron los territorios de las actuales Repúblicas de: Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela, además de regiones del Norte del Perú, Norte y Este de Brasil, y el Oeste de Guyana. Su capital se situó en Santa Fe de Bogotá.

El Rey Felipe V el 5 de noviembre de 1723 emitió otra Real Cédula, con la que se devuelve la Real Audiencia de Quito al Virreinato del Perú, en vista de haber quedado suprimido temporalmente el Virreinato de Nueva Granada.

Por mandato Real, la Real Audiencia de Quito fue incorporada nuevamente al recreado Virreinato de Nueva Granada el 20 de agosto de 1739. Para entonces, el Rey Felipe V firmó en San Ildelfonso, la Cédula de Reerección definitiva del Virreinato de Nueva Granada con los mismos derechos y territorios de la Real Cédula de 1717.

El rey Felipe V de España expidió en el año 1740 la Cédula Real, que fijó límites entre la Real Audiencia de Quito y el Virreinato del Perú.

Esta Cédula nació en virtud que era necesario determinar con claridad y precisión la limitación de la Audiencia de Quito, respecto de la Audiencia de Lima, para saber hasta qué lugar tenían jurisdicción y autoridad los Virreyes de Nueva Granada y de Perú, y evitar en lo posible futuras confusiones, quedando de este modo solucionada la demarcación de ambas audiencias.

La Real Cédula de 1740 dice así:

Partiendo desde río Tumbes en la costa del Pacífico sigue la línea por las serranías y demás cordilleras de los Andes por la jurisdicción de Paita y Piura, hasta el Marañón a los 6º 30' de latitud Sur y la tierra adentro, dejando al Perú la jurisdicción de Piura, Cajamarca, Moyobamba y Motilones y por la cordillera de Jeveros atravesando el río Ucayali, a los 6º de latitud Sur hasta dar con el río Javarí o Jauri en la confluencia del Carpi y las aguas de este al Solimaes o Amazonas y las de este aguas abajo hasta la boca más occidental del Caquetá o Yapura, en que comienzan los límites con el Brasil.

Real Cédula de 1802

La Corona española bajo el reinado de Carlos IV, el 15 de julio de 1802, dictó una Real Cédula, a inspiración de Francisco Requena, según la cual, el Gobierno de Maynas y el Gobierno de Quijos, así como las misiones establecidas en los ríos que desembocan en el Marañón, que pertenecían hasta entonces al territorio de la Real Audiencia de Quito, pasaban a la jurisdicción política y eclesiástica del Virreinato del Perú. Del contenido de esta real cédula se deduce claramente que su objetivo principal era detener los avances portugueses a los territorios de la corona española.

Es necesario analizar las razones y circunstancias que obligaron a la Corona española a dictarla.

  • La política expansionista de los portugueses en la hoya amazónica, quienes avanzaban incesantes hasta los territorios de la Corona española, especialmente para dedicarse a la caza de indios a los que vendían como esclavos ( bandeirantes). Ya desde años atrás, España se había preocupado en delimitar las fronteras de sus colonias sudamericanas con los dominios de Portugal. En octubre de 1777 se firmó el Tratado de San Ildelfonso reconociendo a los ríos Yapurá y Yavari como el límite con Portugal, quedando algunos sectores sin la delimitación exacta y se enviaron sendas comunicaciones a la selva amazónica para que la delimitación se hiciera con base en el conocimiento de la realidad geográfica. Por España se envía a Francisco de Requena, ingeniero jefe de la comisión española de límites y gobernador de Maynas (1779), quien por problemas de entendimiento con la comisión de Portugal, tras nueve años tuvo que retirarse sin haber conseguido que se marcase la línea en toda su extensión.[1]
  • El abandono de las misiones jesuitas de la selva amazónica, dependientes de Quito, debido a la expulsión de los miembros de dicha orden religiosa de toda la América española, según orden real dada en 1767. Los jesuitas habían realizado una obra muy valiosa de civilización e integración de los nativos de dicha región, y su expulsión marcó el inicio de un periodo de grave decadencia en Maynas, que la corona española se interesó en revertir.[3]
  • Requena remitió un informe escrito al Rey de España, donde sostuvo que lo más conveniente para una buena defensa y administración de las misiones de Maynas que permitiera su progreso, era que dejaran de ser parte del Virreinato de Nueva Granada y se uniesen al del Perú. Años después, Requena ocupó un asiento en el Consejo de Indias, en donde en sucesivas alegaciones, defendió verbalmente esta misma posición. Su razón fundamental era que, desde el Virreinato del Perú, las misiones de Maynas «podían ser más pronto auxiliadas, mejor defendidas, y fomentarse algún comercio, por ser accesibles, todo el año, los caminos… a los embarcaderos de Jaén, Moyobamba, Lamas, Plaza Grande y otros puestos, todos en distintos ríos, que dan entrada a todas aquellas misiones». Requena exponía así con la autoridad que le daba el hecho de conocer personalmente toda esa extensa región, que recorriera durante más de diez años. Fueron sus convincentes razones las que motivaron que la Corona le prestara atención y diera la Real Cédula de 1802.[4]

La Real Cédula de 1802 dice:

He resuelto que tenga por segregado del virreinato de Santa Fe y de la provincia de Quito y agregado a ese virreinato el Gobierno y Comandancia General de Mainas con los pueblos del Gobierno de Quijos, excepto el de Papallacta por estar todos ellos a las orillas del río Napo o en sus inmediaciones, extendiéndose aquella Comandancia General no sólo por el río Marañón abajo, hasta las fronteras de las colonias portugueses, sino también por todos los demás ríos que entran al Marañón por sus margines septentrional y meridional como son Morona, Huallaga, Paztaza, Ucayali, Napo, Yavari, Putumayo, Yapurá y otros menos considerables, hasta el paraje en que éstos mismos por sus altos y raudales dejan de ser navegables: debiendo quedar también a la misma Comandancia General los pueblos de Lamas y Moyobamba... A cuyo fin os mando que quedando como quedan agregados los gobiernos de Mainas y Quijos a es virreinato auxiliés con cuantas providencias juzguéis necesarias y os pidiere el Comandante General y que sirvan en ellos no sólo para el adelantamiento y conservación de los pueblos, custodia de los misioneros sino también para la seguridad de mis dominios impidiendo se adelanten por ellos los vasallos de Corona de Portugal nombrando los cabos subalternos o Teniente de Gobernador que os pareciere necesarios, para la defensa de esas fronteras y administración de justicia...Así mismo he resuelto poner todos esos pueblos y misiones reunidos a cargo del Colegio Apostólico de Santa Rosa de Ocopa de ese Arzobispado...Igualmente he resuelto erigir un Obispado en dichas misiones...YO EL REY

Ejecución y cumplimiento de la Real Cédula de 1802

Según la posición ecuatoriana, la Real Cédula de 1802 nunca fue cumplida ni ejecutada, pues no recibió el pase del virrey de Nueva Granada y se opuso a su cumplimiento el Presidente de Quito. Sin embargo ello no es cierto. El virrey de Nueva Granada, Pedro Mendinueta, al momento de entregar el mando a su sucesor, dejó claramente sentado en su memoria que la Comandancia de Maynas se había segregado de su jurisdicción y agregado al Virreinato del Perú, justificando dicha medida por su lejanía con la capital, Santa Fe. Se sabe también que el Presidente de Quito, Barón de Carondelet, consultó al fiscal Iriarte sobre lo dispuesto por la Real Cédula; dicho fiscal opinó que se guarde, cumple y ejecute la cédula, que se pasara a la Real Audiencia una copia legalizada y se comunicara a los gobernadores de Maynas y Quijos. Siguiendo dicha opinión, el Barón de Carondelet informó el 20 de febrero de 1803 al comandante general de Maynas sobre la orden de incorporarse al Virreinato peruano.[5]

La posición ecuatoriana, también sostiene que el Perú, que desde el año de 1823 empezó negociaciones de límites con la Gran Colombia, nunca dio valor alguno para la demarcación de límites a esta real cédula de 1802. Tanto en las negociaciones de los Mosquera, en el convenio de Girón, en los protocolos del tratado de 1829 y en las discusiones del Protocolo Pedemonte-Mosquera, en los cuales se hicieron numerosas alusiones a la nombrada Cédula de 1802, nunca se trató de tomarla como base de demarcaciones territoriales; pero Brasil en el año de 1851, firmó un tratado con Perú por medio del cual este último país entregaba a la jurisdicción grandes extensiones territoriales, que antaño habían pertenecido, en parte, tanto al Virreinato de Perú como al Virreinato de Nueva Granada. En cambio Brasil reconocía a Perú como su colindante en toda la extensión del río Yavarí y por la geodésica que parte de Tabatinga y va a dar al Río Caquetá en su confluencia con el río Apaporis. Esta Cédula de 1802 era muy conocida, pero nunca se le dio valor antes de 1851, en las demarcaciones territoriales. No fue encontrada en Moyobamba en 1846, como lo afirman algunos. Para que se vea lo usada y movilizada que ha sido, reproducimos a continuación lo que dice el doctor Antonio José Uribe al respecto en su estudio sobre límites con el Brasil:

Respecto de esta Real Cédula de 1802 conviene observar que hemos tenido a la vista tres ejemplares impresos, todas de fuente peruana y ninguno de ellos concuerda con los otros, a saber: el que reproduce el doctor Galindo, el que se contiene en el volumen publicado en Brasil y el presentado en el alegato de Perú ante el gobierno de España en 1889 en la cuestión de límites con Ecuador.

La anulación de la Cédula de 1802

El 28 de septiembre de 1812, el Consejo de la Regencia ordena pedir a Madrid el «Expediente sobre la erección del Obispado de Maynas y las Cédulas que se expidieron en 1805 acerca de los límites». No había repuestas; entonces, el 13 de noviembre de 1812, salió un Decreto de las Cortes que anula lo dispuesto en la Cédula de 1802.

El 13 de septiembre de 1813 se dicta una Real Cédula que remplaza la Real Cédula de 1802 y dice en su primer artículo que manda a entregar al Ordinario las nuevas Reducciones y Doctrinas que tuviesen más de 10 años de antigüedad, proveyéndose en eclesiásticos seculares, conforme a las Leyes del Patronato. El 26 de septiembre de 1813, el Obispo de Mainas, fray Hipólito Sánchez Rangel comunica al Ministro de Ultramar que solo asisten los Religiosos de Quito en Maynas y dice «es fuerza, pues, si se tratan de hacer justicia que se me ponga en otro Obispado que sea menos penoso».

El 1 de mayo de 1814 el censo ejecutado por Sánchez Rangel, Obispo de Maynas dice: en 58 Pueblos de los 90 de que se componía aquella Diócesis no habrá más que 8 sacerdotes asistentes, que 3 existían en los extremos del Obispado: 3 en pequeños ríos: 1 en el dilatado curso de los grandes ríos Guallaga y Marañón; y ninguno en el Napo, Putumayo, Ucayale y Pastaza: esto es 60 Pueblos sin Párroco y abandonadas casi todas las Misiones. El mismo obispo de Mainas, fray Hipólito Sánchez Rangel, exclamaba con triste despecho en 1813: «Desde que salieron los jesuitas de estas tierras no ha habido quien se contraiga a su fomento espiritual ni temporal; todos se han buscado a sí mismos. De esta proposición que es absoluta y de una eterna verdad se ha seguido naturalmente lo que estamos viendo y tocando con dolor, que ya no ha quedado cosa alguna de lo que aquellos padres establecieron y solo hay lo que produce la madre naturaleza». El 27 de septiembre de 1814, Rangel, el Obispo de Maynas, pide la supresión del Obispado, cuya erección es nula por la falta de cumplimiento de la Real Cédula de 1802.

El 22 de febrero de 1815, pasa al Consejo de Indias la Carta de Sánchez Rangel, obispo de Maynas con fecha de 28 de enero de 1814. El obispo Rangel prueba que ni por parte del Gobierno, ni de los obispos limítrofes, ni de los P.P. de Ocopa, se ha cumplido la Cédula de 1802.

El 7 de febrero de 1816, el Presidente de Quito, Toribio Montes informa acerca de las Misiones de Maynas y dice: «He manifesto a V.E. en informes anteriores, que las Misiones del Marañón se hallan en un sensible atraso, faltándoles el número completamente Ministros evangélicos...» Incluye a Maynas en los dominios de Quito.

En el año de 1816 el Rey de España da un Real Orden revocando y anulando lo decretado por la Real Cédula de 1802 y el 22 de septiembre 1816, el Presidente de Quito recibe los Expedientes relativos a la revocación y anulación de la Cédula de 1802. En el año de 1818 el Presidente de Quito decide nombrar a Don Juan Navas Gobernador de Quijos.

El 19 de junio 1818, en España el Consejo de Indias relata la historia de la creación del Obispado y Comandancia Militar de Maynas, la falta del cumplimiento de la Real Cédula de 1802 y la imposibilidad de cumplirlo.

El 22 de julio de 1818 el Presidente de Quito pide al Virrey del Perú la anulación y revocación de lo dispuesto en la Cédula de 1802. El 23 de agosto de 1818, el Virrey del Perú daba cumplimiento a la Real Orden de 1816, a que se devuelva plenamente la provincia de Maynas a la Presidencia de Quito.

Real Cédula de 1803

La Corona española bajo el reinado de Carlos IV de España, el 7 de julio de 1803, ordenó la incorporación de la provincia de Guayaquil al Virreinato de Perú.

La real orden de 1803 se dio en atención a las necesidades militares y políticas del momento. Ya España había perdido la isla Trinidad, tomada por la poderosa escuadra inglesa, en represalia de que España se convirtió en aliada de Francia.

Para decidir la estrategia a seguir en América, se creó en Madrid la Junta de Fortificaciones de América, la cual consideró que Guayaquil se encontraba muy distante de Bogotá, la capital del virreinato de Santa Fe y que eso dificultaba su defensa.

Guayaquil, al igual que Paita, era un puerto objetivo de piratas y corsarios. No tenía comercio con la región norte de Colombia, en cambio era intenso con el Perú, sobre todo con la intendencia de Trujillo y en especial con el partido de Piura.

De hecho, Guayaquil en muchos aspectos dependía del Perú y fue entonces, que considerando las realidades, se decidió su incorporación al virreinato del Perú.

La Junta de Fortificaciones propuso el 28 de marzo de 1803, la anexión al Perú y el 7 de julio el rey expedía la siguiente real orden:

Excelentísimo Señor don Miguel Cayetano Soler. Ministro de Ultramar

Excelentísimo Señor.

Entre otras cosas que he consultado a su majestad; la Junta de Fortificaciones de América, sobre las defensas de la ciudad y puerto de Guayaquil, ha propuesto que, a fin de que ésta tenga con ahorro del real erario, toda la solidez que conviene, debe depender el gobierno de Guayaquil del virrey de Lima y no del de Santa Fe, pues éste no puede darle, como aquel en los casos necesarios, los precisos auxilios, siendo el de Lima por la facilidad y la brevedad con que puede ejecutarlo, quien le ha de enviar los correos de tropas, dinero, pertrechos, armas y demás efectos de que carece aquel territorio; y por consiguiente, se halla en el caso de vigilar mejor, y con más motivo que el de Santa Fe, la justa inversión de los caudales que remita, y gastos que se hagan; a que se agrega que el virrey de Lima, puede según las ocurrencias, servirse con oportunidad, para la defensa del Perú, especialmente de su capital, de las maderas y demás producciones de Guayaquil, lo que no puede verificar el virrey de Santa Fe. – Y, habiéndose conformado su majestad con el dictamen de dicha Junta, lo aviso a vuestra excelencia; de real orden, para su inteligencia, y a fin de que por su ministerio a su cargo, se expidan las que corresponden a su cumplimiento. Dios guarde a V. E. Por muchos años. Palacio, 7 de julio de 1803. –Josef Antonio Caballero

Al dorso de esta real orden, el ministro de Ultramar, puso el siguiente proveído:

Madrid 8 de julio de 1803. A los virreyes de Santa Fe y del Perú trasladándoles el oficio de guerra, en la que, a consulta de la Junta de Fortificaciones, ha resuelto el rey, quede el gobierno de Guayaquil, dependiente del virreinato del Perú y no del de Santa Fe.

Los dos virreyes de inmediato procedieron a cumplir la real orden y de hecho y de derecho, pasó Guayaquil a formar parte del virreinato de Lima.

Fue el propio virrey de Santa Fe el que cursó comunicación a la corte española, haciendo saber que se había cumplido con la real orden. Por lo tanto, no tiene ninguna consistencia el alegato que alguna vez se hizo de que esa real orden jamás se cumplió.

La prueba la da el siguiente documento:

Excelentísimo Señor.

Por la real orden, expedida por el ministerio de Guerra, en 7 de julio de este año, que V. E. me transcribe con fecha del siguiente día 8, quedo enterado de haber resuelto su majestad separar de la dependencia de este virreinato y agregar al de Lima el gobierno de Guayaquil en conformidad con la propuesta que al efecto hizo la Junta de Fortificaciones de la América, y fundamentos que manifestó y que V. E. refiere sustancialmente. Y, habiendo trasladado el contenido al presidente de Quito y demás jefes principales de aquel distrito, le participó a V. E. en contestación para superior conocimiento.- Nuestro Señor guarde a V. E. muchos años.- Santa Fe 19 de diciembre de 1803.- Antonio Amar (virrey de Santa Fe).

Nueva Granada presentó un reclamo al Rey, en el Tribunal del Consulado de Cartagena de las Indias, pues consideraba que Guayaquil había sido segregada sólo en los asuntos mercantiles pero que aún estaba bajo su dominio. El Rey Carlos IV de España respondió con la Real Cédula del 10 de febrero de 1806:

En vista de lo que consulta V.S. en carta del 25 de marzo del año anterior, sobre si la provincia de Guayaquil, a consecuencia de la agregación del Virreinato de Lima, debe depender en la parte mercantil de ese Consulado o del Lima, se ha servido S.M. declarar que la agregación es absoluta...YO EL REY.

En 1815 la Gobernación de Guayaquil solicitó al Rey de España que la separase del Virreinato de Perú y la adhieriera al Virreinato de Nueva Granada. El 23 de junio de 1819, según Real Cédula, el rey de España otorgó dicha petición y así Guayaquil volvió a la jurisdicción de la Real Audiencia de Quito, pero ello ocurrió en medio del fragor de la lucha revolucionaria, por lo que no fue tomado en cuenta,[6] peor aún, porque el 7 de agosto del mismo año, se cristalizó la independencia de la Gran Colombia con la Batalla de Boyacá.

La anexión de Guayaquil a la Gran Colombia, no fue bien vista por algunos guayaquileños, tan es así que el propio Presidente de la Provincia Libre de Guayaquil José Joaquín Olmedo protestó y partió con otros conciudadanos al Perú,[8]

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