Conferencia Nacional Soberana

La Conferencia Nacional Soberana es un conjunto de encuentros que tuvieron lugar entre 1990 y 1992 y en los que participaron los diferentes partidos políticos de la República Democrática del Congo. Su misión era contribuir a la democratización y mejora de las instituciones nacionales.

Tras las grandes transformaciones que experimenta la política internacional a finales de los años 80 con el derrumbe del bloque del este, el papel de Mobutu como baluarte de las potencias occidentales contra el comunismo deja de tener sentido y sus abusos hacen de él un alíado incómodo debido a la presión de la opinión pública. Consciente de ello, Mobutu lanza el 14 de enero de 1990 el proyecto de abrir un gran debate nacional en el que el pueblo pueda exponer opiniones que sirvan para mejorar el desarrollo del país. El proyecto va fraguando en lo que se llamará la Conferencia Nacional Soberana, que iniciará sus trabajos el 7 de agosto de 1991 en el Palacio del Pueblo de Kinshasa, presidiendo su inauguración el primer ministro Mulumba Lukoji. Este hecho ya fue interpretado como un desmarque del propio Mobutu. La presencia generalizada de partidarios del gubernamental Movimiento Popular de la Revolución, el partido único de Mobutu, como invitados del gobierno también hacía presagiar una operación de maquillaje más que un deseo de cambio.

Escuadrones de la muerte y saqueos del ejército

Esta conferencia, además, se desarrollaba en un clima complicado, ya que los incontrolados (en realidad soldados formados por instructores sudafricanos según demostró un informe de la Liga de Derechos HUmanos de Kinshasa) del régimen, prácticamente todos de la etnia Ngabandi, se dedicaban a realizar razzias, secuestros, ataques e intimidaciones a cualquier sospechoso de hostilidad al régimen de Mobutu.

También se produjeron varios asaltos y saqueos en Kinshasa por parte de los soldados del ejército regular, que no habían sido pagados. Los incidentes se saldaron con un centenar de muertos y un número indeterminado de robos y violaciones. Tras estos disturbios, Mobutu lanza un mensaje en el que solicita a los militares revoltosos que regresen a los cuarteles, asegurando su impunidad y les informa también de la llegada de militares franceses y belgas para defender a sus ciudadanos. Sin embargo, el toque de queda impuesto sólo servirá para facilitar los saqueos de grupos de soldados no controlados.

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