Confederación Granadina

La Confederación Granadina fue una república conformada por las actuales Colombia y Panamá entre 1858 y 1863. Fue establecida en la Constitución de 1858 durante el gobierno de Mariano Ospina Rodríguez. Esta carta constitucional remplazó al sistema centro-federal que se había organizado con la constitución de 1853, y fue la antesala de la formación del denominado Olimpo Radical, periodo en el que las ideas del liberalismo radical colombiano se impusieron bajo el nombre de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886).

Historia

La Confederación Granadina es parte de una serie de reformas que comenzaron a mediados del siglo XIX en toda Hispanoamérica, y que tenían por propósito romper de forma definitiva con cualquier rezago del sistema colonial.[2]

En este sentido, la Confederación Granadina se destaca porque su efímera existencia dio cuenta tanto de las trasformaciones políticas, como de la resistencia que esto generó en algunos sectores de la sociedad, que aun siendo parte de la idea de un modelo de República federal,[2]

Antecedentes

Aun cuando la mayoría de las reformas de mediados de siglo vinieron de la mano del Partido Liberal,[5]

Todas estas medidas abrieron el camino para las trasformaciones más profundas que iniciaron formalmente con la llegada al poder del liberal José Hilario López en 1849. El cambio en el partido de gobierno, según el historiador Frank Safford, fue posible gracias a la división del Partido Conservador en las elecciones de 1848 entre José Joaquín Cori y Rufino Cuervo, además de la movilización del sector de los artesanos en apoyo al candidato del Partido Liberal.[6]

Esta última medida, junto con la abolición de la esclavitud y la eliminación del fuero eclesiástico civil y penal, motivaron el primer levantamiento conservador del periodo en 1851.[6] Aunque la revuelta fue rápidamente controlada por el gobierno de López, este conflicto demostró que amplios sectores de la sociedad se oponían a las modificaciones que estaba implementando el Partido Liberal. Incluso, debido a las reacciones encontradas que las modificaciones generaban al interior del mismo Partido Liberal, la colectividad se dividió entre las facciones más radicales, que después vendrían a formar parte del denominado Olimpo Radical, y aquellas que se mostraban más moderadas frente a temas claves como el estanco del tabaco.

Por otro lado, la alianza que había forjado José Hilario López y los artesanos llegó a su fin debido a lo que el presidente consideraba era el peligro generado por la excesiva fuerza que había tomado este gremio, y su tendencia al uso de la violencia como elemento de presión al gobierno y el Congreso para que se les concedieran medidas de protección especial.[6]

José María Obando del Campo.

Obando comenzó su gobierno en 1853, de la mano de una nueva Constitución, que restringía los poderes presidenciales y ampliaba la autonomía de las provincias con respecto al gobierno central, en lo que era un evidente preludio del modelo federal. De igual forma, presentaba un marcado carácter liberal en lo que se refiere a la creación del matrimonio civil y el divorcio civil, la proclamación de la separación Iglesia-Estado, el fin de la pena de muerte y la reducción del Ejército.[6]

Manuel María Mallarino.

Todas estas medidas, en especial la reducción del poder de las Fuerzas Militares, sumadas al descontento de los artesanos, propiciaron un golpe militar dirigido por José María Melo el 17 de abril de 1854. Este golpe de Estado sobrevivió hasta el mes de diciembre del mismo año, cuando fue controlado por una coalición del Partido Liberal y Conservador, encabezados por el Vicepresidente José de Abadía y el General Tomás Cipriano de Mosquera.[6]

Sin embargo, aun con el retorno del conservatismo al poder, el camino a la formación de un sistema federal y liberal resultaba difícil de modificar, especialmente después de la declaración del territorio de Panamá como un Estado soberano a partir de 1855.[2]

Confederación Granadina

La constitución de 1858, que le dio vida a la Confederación Granadina, fue un intento de Mariano Ospina Rodríguez por darle un marco legal al proceso de formación de Estados soberanos en la Nueva Granada que inició con Panamá en 1855, y que al poco tiempo incluyó también a Antioquia (en 1856), Santander, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca y Magdalena (en 1857). En este sentido, María Teresa Hincapié y Liliana López plantean que en este caso fueron los hechos políticos los que le dieron origen al sistema, proponiendo que fue primero el federalismo y luego fue la federación, ya que la Constitución solo llegó a ser sancionada oficialmente hasta 1858.[2]

Mariano Ospina Rodríguez.

En fusión de estas particulares características de formación, la constitución de 1858 dio mucha autonomía a los Estados soberanos en el manejo de sus asuntos internos, la emisión de sus propias constituciones estatales y el manejo de sus procesos electorales. De igual forma, el poder el gobierno central, con el antecedente del golpe militar de Melo, fue significativamente reducido, así como el tamaño del Ejército y la capacidad del gobierno general para intervenir en los asuntos locales. Estas medidas trasportaron la lucha partidista por el control del poder político hacia los Estados, en los que se vivieron diferentes procesos de conflicto entre los agentes políticos locales, con el apoyo o intervención ocasional del gobierno central en favor de los intereses del conservatismo.[2] En este sentido, hasta 1860 se presentaron una serie de guerras localizadas, que no estaban interconectadas entre sí, más allá de la búsqueda de los partidos por controlar los Estados.

En 1860, el conflicto se tornó nacional de la mano del Presidente Mariano Ospina Rodríguez, que pretendiendo devolver al gobierno federal las atribuciones constitucionales que le permitirían intervenir en los asuntos locales, impulsó en 1859 una serie de leyes relacionadas con las potestades del Ejecutivo, el Ejército y el sistema electoral, que generaron malestar en la mayoría de los Estados soberanos, en especial en el Cauca, que estaba bajo el control de Tomás Cipriano de Mosquera, y en las zonas controladas por los Radicales liberales.[6]

José Maria Melo.

La situación se tornó incontrolable cuando Tomás Cipriano de Mosquera, en respuesta a las leyes de 1859, buscó la separación del Estado del Cauca, junto con el de Panamá, para la formación de una nueva república.[6] Aún cuando el mandado de Ospina Rodríguez llegaba hasta 1861, el cambio de gobierno solo llegó hasta la toma de Bogotá por Mosquera en julio del 61. La guerra se prolongó hasta 1863, cuando los últimos reductos de la oposición conservadora fueron derrotados y se promulgó la constitución de 1863.

En este intervalo de tiempo, Tomás Cipriano de Mosquera mantuvo su hostilidad hacia la Iglesia Católica, a la que consideraba aliada del gobierno conservador, declarando que serían las autoridades civiles las encargadas de los derechos de tuición, que autorizaba a los gobernantes a nombrar a las autoridades eclesiásticas, expulsó nuevamente a los Jesuitas que habían retornado al país con el apoyo de Mariano Ospina Rodríguez y declaró la expropiación de bienes de manos muertas, quitándole a las autoridades religiosas el manejo de amplias extensiones de la tierra cultivable en el territorio nacional.[6]

La Convención de Rionegro 1863

La Confederación Granadina llegó a su fin el 8 de mayo de 1863, con la firma de la Constitución de Rionegro.[8]

Dando continuidad en muchos aspectos a su predecesora, y radicalizando sus posturas en cuanto a la separación entre la Iglesia y el Estado, la carta política redactada en Rionegro se inspiró tanto en el ideal federal del no intervencionismo del gobierno central en los asuntos de los Estados, como en la más extrema limitación del poder del Ejecutivo federal.[9] De igual forma, las garantías de libertad de prensa, credo, oficio y propiedad se convirtieron en principios fundamentales del Olimpo Radical.

En la práctica, la obstinación de la convención de Rionegro a devolver algo de poder al Ejecutivo central estuvo mediada por el temor a las tendencias caudillistas de Tomás Cipriano de Mosquera.[9]

En este sentido, se mantuvieron medidas como la libertad del comercio de armas, la independencia de los Estados en lo relacionado a la educación, y sobre todo, la decisión de no formar un Ejército nacional que respaldara al Ejecutivo frente a los Estados en una eventual nueva aventura militar del mosquerismo.[9] Esta misma disposición traería a su vez significativos problemas para los gobiernos federales durante todo el periodo radical, que al igual que en la Confederación Granadina, nunca lograron ejercer control o intervenir en las disputas entre los Estados Soberanos.

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