Concilio de Vienne

Concilio de Vienne
XV concilio ecuménico
de la Iglesia católica
Nef Cathédrale Vienne.JPG
Interior de la actual Catedral de San Mauricio de Vienne, donde en su tiempo se celebró el Concilio.
Inicio 16 de octubre de 1311
Término 6 de mayo de 1312
Aceptado por Iglesia católica
Convocado por Papa Clemente V, el 12 de agosto de 1308
Presidido por Papa Clemente V
Asistencia 20 cardenales
122 obispos
38 abades
Temas de discusión La cuestión de los templarios
Algunas cuestiones de fe
La reforma de la Iglesia
La reconquista de Tierra Santa.
Cronología
Lyon II Concilio de Vienne Constanza
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El Concilio de Vienne fue un concilio ecuménico de la Iglesia Católica que se celebró en la ciudad francesa de Vienne ( Francia), en la catedral de San Mauricio, entre el 16 de octubre de 1311 y el 6 de mayo de 1312. Es considerado como el XV Concilio Ecuménico, aceptado solo por la Iglesia Católica, y el séptimo de los celebrados en Occidente.[1]

Antecedentes históricos

Conflicto entre Bonifacio VIII con Felipe IV de Francia

Con Bonifacio VIII, el papado alcanza el más alto grado de poder autoritario, quien por medio de la bula Unam Sanctam confirmaba la teoría, ya antigua, de las dos espadas puestas en manos del pontífice romano, a saber: la espada espiritual y la espada temporal. Ambas espadas hacen referencia a los dos poderes característicos de la Edad Media, el poder espiritual del Papa, que se encuentra por encima de todos; y el poder temporal de los reyes, que está sujeto al primero y se ejerce en beneficio del mismo. En parte era una respuesta a las pretensiones políticas de Felipe IV de Francia sobre la Iglesia. El rey arremetió contra el papa con una serie de falsas acusaciones y lo indispuso con los súbditos de su reino. Bonifacio por su parte, estando en la ciudad de Anagni, se disponía a escribir una carta de excomunión contra el rey, cuando se presentaron Guillermo de Nogaret y Sciarra Colonna a la cabeza de un grupo de mercenarios, enviados por Felipe, que retuvieron al papa por casi tres días, hasta que los habitantes de la ciudad le liberaron. A este acontecimiento se le conoce históricamente como el atentado de Anagni. Bonifacio morirá un mes después, al parecer a causa del disgusto sufrido.[2]

La política francesa

Para sostener las constantes guerras que el reino francés mantenía con otros señoríos y reinos vecinos, el rey Felipe el Hermoso, pretendió hacer tributar al clero de su territorio, lo que planteó conflictos entre los señores eclesiásticos y los oficiales reales, que en general se resolvieron en favor de la jurisdicción real, a pesar de las protestas de los obispos y del Papa. Es posible que dentro de estos intereses se encuentre también la causa de la reacción de Felipe contra los templarios. Algunos historiadores suponen que había quedado endeudado con ellos y no podía pagarles, otros en cambio, plantean que las numerosas riquezas que poseía la Orden del Temple eran codiciadas por el tesoro real. El rey ordenó, el 13 de octubre de 1307, el arresto de todos los templarios que se encontraban en territorio francés bajo la acusación de herejía. Los arrestados sumaban unos dos mil temparios, entre ellos el Maestre General de la Orden, Jacques de Molay.[3]

La actuación del rey francés suponía una afrenta al Papa, de quien dependían directamente los templarios, pero este no reaccionó debido a las confesiones que Felipe IV le presentó como prueba. Dichas confesiones, obtenidas bajo tortura, presentan a los detenidos como culpables de los cargos de idolatría, sodomía, profanación de símbolos cristianos y negación de Cristo, entre otros; y hacen que Clemente V publique la bulaPastoralis praeminen, que decreta la detención de los templarios en todos los territorios cristianos.

El dominio de Francia sobre el papado

Aunque el sucesor de Bonifacio VIII, Benedicto XI excomulgó a los cabecillas y los que participaron en el atentado de Anagni, absolvió al rey de Francia pero no cedió a las pretensiones del rey de hacer un juicio póstumo contra su predecesor. El papa murió con solo ocho meses de pontificado. Como sucesor fue elegido Clemente V, quien se mostró débil ante la presión que sobre él ejerció Felipe IV, quien lejos de facilitarle el gobierno, se lo dificultaba y entorpecía. El papa le hizo muchas concesiones al rey de Francia que le permitieron hacer más fuerte su poder sobre los asuntos de la Iglesia.[4]

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