Concierto para violín (Chaikovski)

El Concierto para violín en Re Mayor (D Major), Op. 35, compuesto por Piotr Ilich Tchaikovski en 1878, es una obra de la época romántica y uno de los conciertos para violín más populares. También está considerado como uno de los más difíciles para violín.

Historia

Fue escrito en marzo de 1878 en Clarens, un lugar vacacional en Suiza a las orillas del lago Lemán donde Tchaikovski fue a recuperarse de una depresión surgida por su desastroso matrimonio con Antonina Miliukova que le llevó a un intento de suicidio (Tchaikovski era homosexual y se casó con Milyukova para escapar de las dudas). Acababa de terminar su Sinfonía nº 4 y su ópera Eugenio Oneguin.

Tchaikovski estaba acompañado por su alumno de composición, el violinista Iósif Kotek, y los dos tocaban obras para violín y piano juntos, lo que pudo ser el catalizador para la composición del concierto. Susodicho compositor no era violinista, fue asesorado para la composición de la parte solista por Kotek. Hizo rápidos progresos - esbozó la obra en 11 días y la terminó en dos semanas más -, y el concierto estuvo finalizado en un mes, si bien el movimiento central fue revisado completamente (Kotek y el hermano menor de Tchaikovski, Modest, lo consideraron flojo, una versión del movimiento original se conserva como la primera de las tres piezas para violín y piano, Souvenir d'un lieu cher).

Kotek no tenía aún el suficiente prestigio como para estrenar la obra, así que Tchaikovski inicialmente ofreció el estreno a Leopold Auer, y acordó dedicárselo a él. Auer lo rechazó, empero, argumentando que la obra era intocable (tal como Nikolái Rubinstein rechazó su Concierto para piano n.º 1, sin embargo, Auer tocó posteriormente la obra), lo que significó que el estreno planeado para marzo de 1879 fuese cancelado y que se buscó otro nuevo solista. El estreno finalmente estuvo a cargo de Adolf Brodsky (Tchaikovski cambió la dedicatoria hacia él) el 22 de noviembre/ 4 de diciembre de 1881, en Viena, Austria bajo la dirección de Hans Richter, pero con poco ensayo y pobremente acompañado. La reacción de la crítica fue mixta, y la obra ciertamente no fue recibida como la obra maestra que es considerada hoy. El influyente crítico Edward Hanslick lo llamó "largo y pretencioso" y dijo que el mismo "nos puso cara a cara con la repugnante idea que la música puede existir para heder al oído."

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