Concha Zardoya

Concha Zardoya
Información personal
Nacimiento 1915 Ver y modificar los datos en Wikidata
Valparaíso, Chile Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 21 de abril de 2004 Ver y modificar los datos en Wikidata
Madrid, España Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Chilena Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritora y poeta Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Poesía Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones
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Concha Zardoya González ( Valparaíso, Chile, 14 de noviembre de 1914 - Madrid, España, 21 de abril de 2004) fue una escritora chileno-española.

Biografía

Concha Zardoya nace en la ciudad de Valparaíso (Chile) el 14 de noviembre de 1914, de padres españoles de Navarra y de Cantabria. Cuando cuenta con diecisiete años, la familia se traslada a España, primero en Zaragoza, luego en Barcelona y, finalmente, se instala en Madrid,[2]

Allí trabaja en Cultura Popular, institución en la que organiza una biblioteca y muchos actos culturales en hospitales, en fábricas y en la radio. Su único hermano muere en el frente defendiendo la República.

Por aquel entonces, comienza a escribir poemas que publica en la revista Hora de España y, ya en Madrid, da clases, realiza traducciones, elabora guiones de cine y ensayos y se dedica a la narrativa, saliendo a la luz sus primeros cuentos.

Vuelve a reanudar en 1947 su carrera universitaria de Filología Moderna y la concluye en Madrid, pero se doctora en la Universidad de Illinois con la tesis “España en la poesía americana”.[3] Luego otras universidades de EE. UU. la acogen: Tulane (California), Yale (Indiana), Boston...

En los treinta años que van de 1947 a 1977 imparte clases de Literatura Española en universidades horteamericanas como lo hicieron también Pedro Salinas o Jorge Guillén y regresa definitivamente a España.

En la biografía de Concha hay merecidos galardones como el accésit del Premio Adonais en 1947 por Dominio del llanto, la Primera Mención Honorífica del Premio Catá de Cuentos en La Habana, el Premio Boscán por Debajo de la luz, el Fémina por El corazón y la sombra, el Café Marfil por Ritos, cifras y evasiones, el Ópera Óptima por Manhatann y otras latitudes o el Prometeo de la Poesía por Altamor.

Su obra en el campo de las letras abarca desde la traducción (de Walt Whitman o Charles Morgan), la biografía ( Miguel Hernández), la crítica literaria (Historia de la Literatura Norteamericana o Poesía española del siglo XX), el estudio de la poesía de Leopoldo de Luis y la escritura de narraciones que publicó bajo el seudónimo de "Concha de Salamanca": Cuentos del antiguo Nilo, Historias y leyendas españolas e Historias y leyendas de Ultramar.

La poesía es el género que ocupa la mayor parte de su producción literaria. Se caracteriza por la amplitud de registros y la diversidad en los temas. El poemario Los ríos caudales es el homenaje personal que Concha rinde a los poetas de la Generación del 27. A muchos de ellos los conoció y admiró. Así, evocando a Gerardo Diego:

En tu Fábula de Equis y Zeda, gongorizando,
reconstelas el amor y tangencias sus niveles.
(…)
Los relámpagos, las flores, las teorías exactas…
Poeta, barroquizabas para cantar la voluta
del capricho salomónico que hiperboliza y encubre,
calderoniano hipogrifo.

Su libro El don de la simiente está dedicado a poetisas de todos los tiempos (desde Rosalía de Castro hasta Carmen Conde, pasando por Gabriela Mistral); el poemario Marginalia cita autores clásicos y modernos, sin olvidar a los poetas españoles actuales.

En Ciudadanos del Reino se inicia un desfile de tipos humanos. Por ejemplo: el avaro, el creyente, el poetastro, o el vanidoso.

El poemario La estación del silencio se convierte en un rosario de elegías: algunas familiares, íntimas y personales (Hermano mío), otras a personalidades de las letras hispanas de todos los tiempos. También recuerda a figuras internacionales (por ejemplo, a Nijinski).

En Patrimonio de ciegos, libro de carácter intimista.

Indudablemente, la misión, el objetivo de Concha, en su transcurrir por esta vida es ser poeta. Ser poeta, escuchando las doctas palabras de los clásicos. Ser poeta, sirviendo de modelo a generaciones venideras. La poesía, escribe, es la sangre común, hereditaria, el legado que nos hermana, transfigura sufrimientos y gozos en palabras.

La reunión de fonemas y sílabas forman la palabra, que para la poetisa Concha Zardoya es ese dios que nos domina y a quien el poeta sirve, valiéndose del verso libre, corto o largo, de la estrofa rimada y de todos los recursos estilísticos que están a su alcance: símbolos, metáforas, juegos de palabras, parábolas, epítetos, neologismos, encadenamientos, personificaciones...

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