Concejo (historia)

Concejo era la asamblea de los vecinos de las localidades que participaban en el gobierno de las mismas, en los reinos cristianos de la Alta Edad Media en la Península Ibérica.

Etimológicamente, deriva del latín concilium que significa reunión o asamblea, término también utilizado como sinónimo.

Características

El concejo era la reunión general de los vecinos[1]​ que, en asamblea de todos ellos, decidían sobre el aprovechamiento comunal de prados, bosques y montes vecinales con fines ganaderos y agrícolas, de los regadíos y de la explotación del molino, el horno o el pozo de sal. Y no sólo para asuntos económicos, sino para actos administrativos y judiciales, así como para dar autenticidad, fuerza y eficacia en derecho a los documentos que se redactaban en su presencia.

El concejo solía reunirse los domingos, después de misa, en el atrio de una iglesia. La llamada a concejo se realizaba mediante repique de las campanas de la iglesia o mediante otro instrumento, como una bocina. Su asistencia era obligatoria, multándose al vecino que no acudía.

el conceio de la tierra de Lagnneo siendo ajuntados a la puente de Oturiellos llamados por vozina asi como avemos por costume

Carta-puebla de Langreo, 1338[2]

En la Corona de Castilla se solía nombrar un juez para presidir el concejo y aplicar el fuero y uno o dos alcaldes para administrar justicia, en un primer momento, ampliando funciones administrativas a fines de la Edad Media. En el Reino de Aragón los concejos eran presididos por un zalmedina y en el Reino de Navarra por un justicia.

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