Comunismo

El comunismo es una ideología social caracterizada por la planificación colectiva de la vida comunitaria, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción sobre el trabajo y la eliminación de las clases sociales y el Estado.[3] La doctrina comunista, cuya base es la colectivización de la propiedad de los medios de producción, fue fundada por los pensadores socialistas alemanes del siglo XIX Karl Marx y Friedrich Engels como una interpretación revolucionaria de la historia: un permanente conflicto por el excedente material, cuyo inicio se debe a la aparición de la propiedad que pone fin al comunismo primitivo y separa a la sociedad en clases de acuerdo a su forma de adquisición de recursos.

Según el marxismo, las diferentes relaciones de producción que vinculan a los hombres y mujeres requieren de la explotación, y estas relaciones generan con el tiempo las condiciones para ser reemplazadas por otras formas de explotación superiores, en una secuencia revolucionaria de modos de producción. Sin embargo, esta lucha de clases se extingue. La sociedad capitalista entra en una crisis interna que sólo puede resolverse a través de una revolución comunista.[2] aunque esta interpretación sólo es compartida en la actualidad por los marxistas-leninistas.

Comunismo (término sociológico)

Campesinos de San Kilda

El comunismo (de común),[4] entendido como concepto sociológico, refiere a un orden socioeconómico basado en la posesión colectiva de los bienes, sea de producción o de consumo.

En la definición del sociólogo Émile Durkheim, el comunismo es descrito como aquel orden social (propiamente comunal) en el que el consumo se organiza colectivamente, mientras persiste una elección libre e individual del papel en la producción (aunque el producto del trabajo se dedique al servicio de la comunidad). El comunismo es así definido en oposición al socialismo en el cual se pauta colectivamente la producción y la forma del trabajo, mientras que el consumo se disfruta en privado y depende de un libremente elegido aporte laboral a la sociedad:

Es cierto que uno y otro sistema hacen entrar en el terreno colectivo modalidades de actividad que, según las concepciones individualistas, deberían corresponder al terreno privado; y, sin duda, eso es lo que mayormente ha contribuido a la confusión. Pero también en este punto hay una tajante oposición. Según el socialismo, las funciones económicas propiamente dichas, es decir, las funciones productoras de servicios (comercio e industria) deben estar organizadas socialmente; pero el consumo debe seguir siendo privado. No hay, como hemos visto, doctrina socialista que niegue al individuo el derecho de poseer y emplear como guste lo que ha adquirido legítimamente. En el comunismo por el contrario, el consumo es común y la producción sigue siendo privada. En la Utopía cada cual trabaja por su lado, como quiere, y está obligado simplemente a no permanecer ocioso. Cultiva su jardín, se ocupa de su oficio, como podría hacerlo en la sociedad más individualista. No hay regla común que determine las relaciones de los diferentes trabajadores entre sí, la forma en que esas actividades diversas deben concurrir a los fines colectivos. Como cada cual hace lo mismo, o casi, no hay que reglamentar ninguna cooperación. Sólo que lo que cada uno ha producido no le pertenece. No puede disponer de ello a placer. Es preciso que lo aporte a la comunidad, y sólo lo usa cuando ésta misma lo usa colectivamente. Entre estos dos tipos de ordenación social hay, pues, la misma distancia que separa la organización de ciertas colonias de pólipos de la de los animales superiores. En la primera, cada uno de los individuos asociados caza por su cuenta, a título privado; pero lo que atrapa va a parar a un estómago común y el individuo no puede tener su parte de la riqueza común, es decir, su parte de comida, sin que toda la sociedad coma al mismo tiempo. En cambio, entre los vertebrados, cada órgano está obligado, en su funcionamiento, a adecuarse a reglas destinadas a armonizarlo con los otros; es el sistema nervioso el que asegura este acuerdo. Pero cada órgano, y en cada órgano cada tejido, y en cada tejido cada célula, se alimentan aparte, libremente, sin depender para de los demás. Incluso cada una de las partes del organismo tiene su alimentación especial. La distancia entre las dos concepciones sociales que con tanta frecuencia se han emparejado no es menos considerable.[5]

El economista y sociólogo Max Weber parece coincidir con esta definición respecto al llamado "comunismo doméstico", pero no respecto al comunismo en general. Para Weber el término "socialismo" se puede usar a fines prácticos como una forma de describir una forma "racional" de comunismo en la cuál la producción y el consumo de los individuos son también organizados en forma colectiva, mientras que en los eventuales comunismos premodernos tanto la producción como el consumo son individualmente libres pero su objetivo y origen, respectivamente, son siempre un fondo colectivo común:

El principio del comunismo doméstico, sin "asignaciones" individuales, sino que el individuo contribuye según sus fuerzas y goza según sus necesidades (en tanto como alcanzan los bienes), perdura todavía hoy como la característica más esencial de la comunidad doméstica de nuestra "familia", claro que casi siempre como un residuo limitado al consumo doméstico.[6]

[...] Comunismo, si por él entendemos la ausencia de "cálculo" en el uso de los bienes y no la organización racional de su producción con vistas a cualquier ordenación ("socialismo").[7]

Weber describe la naturaleza de la forma más cabal del comunismo como una planificación general que organiza la producción, contrastándola con una sociedad de mercado:

En el concepto de "orden administrativo" se incluyen todas las normas que pretenden valer tanto para la conducta del cuadro administrativo como para la de sus miembros "frente a la asociación", o como se suele decir, para todos aquellos fines cuya prosecución y logro tratan de asegurar las ordenaciones de la asociación mediante una acción planeada, y positivamente prescrita por ellas, del cuadro administrativo y sus miembros. En una organización económica de absoluto carácter comunista toda acción social sería aproximadamente de esa clase; en un estado de derecho en su forma pura y absoluta sólo serían, al contrario, de esa clase las acciones de los jueces, policías, jurados, soldados y las actividades legislativas y electorales. En general -aunque no siempre en particular- el límite de los órdenes administrativos y reguladores coincide con la separación, dentro de una asociación política, entre derecho "público" y "privado".[8]

El sociólogo Ferdinand Tönnies describe cómo en el comunismo la finalidad última de los medios sociales de producción y de los bienes fabricados es colectiva y a la vez compartida por todos, mediante la participación directa de los miembros en un único ámbito de vida común que los implica,[4]

Karl Marx, filósofo alemán principal desarrollador de la teoría comunista, además de importantes doctrinas filosóficas ligadas a éste como el materialismo histórico.

Karl Marx describió en sus primeros manuscritos la naturaleza del desarrollo y formas que toma la idea del comunismo como proyecto social en función de la naturaleza de la propiedad privada que genera las condiciones para su desarrollo, pero sin intentar una definición esencialista ni una diferenciación entre comunismo y socialismo:

[La] idea de la comunidad de mujeres es el secreto a voces de [un] comunismo todavía totalmente grosero e irreflexivo. Así como la mujer sale del matrimonio para entrar en la prostitución general, así también el mundo todo de la riqueza es decir, de la esencia objetiva del hombre, sale de la relación del matrimonio exclusivo con el propietario privado para entrar en la relación de la prostitución universal con la comunidad. Este comunismo, al negar por completo la personalidad del hombre, es justamente la expresión lógica de la propiedad privada, que es esta negación. La envidia general y constituida en poder no es sino la forma escondida en que la codicia se establece y, simplemente, se satisface de otra manera. La idea de toda propiedad privada en cuanto tal se vuelve, por lo menos contra la propiedad privada más rica como envidia deseo de nivelación, de manera que al estas pasiones las que integran el ser de la competencia. El comunismo grosero no es más que el remate de esta codicia y de esta nivelación a partir del mínimo representado. [...] La primera superación positiva de la propiedad privada, el comunismo grosero, no es por tanto más que una forma de mostrarse la vileza de la propiedad privada que se quiere instaurar como comunidad positiva.

2º) El comunismo a) Aún de naturaleza política, democrática; b) Con su superación del Estado, pero al mismo tiempo aún con esencia incompleta y afectada por la propiedad privada, es decir, por la enajenación del hombre. En ambas formas el comunismo se conoce ya como reintegración o vuelta a sí del hombre, como superación del extrañamiento de si del hombre, pero como no ha captado todavía la esencia positiva de la propiedad privada, y memos aún ha comprendido la naturaleza humana de la necesidad, está aún prisionero e infectado por ella. Ha comprendido su concepto, pero aún no su esencia.

3º) El comunismo como superación positiva de la propiedad privada en cuanto autoextrañamiento del hombre, y por ello como apropiación real de la esencia humana por y para el hombre; por ello como retorno del hombre para sí en cuanto hombre social, es decir, humano; retorno pleno, consciente y efectuado dentro de toda la riqueza de la evolución humana hasta el presente. Este comunismo es, como completo naturalismo = humanismo, como completo humanismo = naturalismo; es la verdadera solución del conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género. Es el enigma resuelto de la historia y sabe que es la solución.[11]

Por su parte Friedrich Engels tomó del antropólogo Lewis Henry Morgan la idea de que hubo un período de comunismo primitivo en el inicio del desarrollo histórico de las sociedades humanas, y la sistematizó en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en el cuál se describe la naturaleza del mismo desde una óptica más cercana a la de la sociología empírica.

El marxismo comparte con la sociología clásica posterior que el comunismo se distingue por implicar la no especialización en la división del trabajo[16]

Entre los ejemplos históricos concretos de ordenamientos sociales que pueden ser definidos propiamente como comunistas desde el punto de vista sociológico, se puede contar a: el comunismo cristiano premoderno y moderno (sistematizado por Tomás Moro y experimentado por los Shakers de Mánchester,[20] Mayoritariamente estas formas de vida comunista no han dependido de una doctrina política que las establezca.

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