Comunidad de bienes (España)

En el ordenamiento jurídico español, la comunidad de bienes se define en el artículo 392 del Código Civil como la situación en la que la propiedad de una cosa o derecho pertenece pro indiviso a una pluralidad de personas.

El Código Civil dedica íntegro su Título III del Libro Segundo a regular esta figura. Además, establece la supletoriedad de esta regulación, que no prevalecerá sobre las disposiciones realizadas en virtud de la autonomía de la voluntad, o bien sobre otras disposiciones especiales. Así se refleja en el segundo párrafo del mismo artículo 392,[1] cuando afirma que la regulación que el Código Civil hace de esta figura será de aplicación en ausencia de contratos o disposiciones especiales.

Nacimiento

Pese a su variedad, los supuestos de hecho que provocan el nacimiento de una comunidad de bienes suelen clasificarse en dos grandes grupos: las que tienen origen legal, y las que nacen en virtud de la autonomía de la voluntad, es decir, que tienen origen convencional.

Origen legal

En la comunidad de bienes de origen legal, la propia ley atribuye a un determinado supuesto de hecho el nacimiento obligado de la situación de comunidad. Así, por ejemplo, el artículo 381[2] del Código Civil establece el nacimiento de una comunidad de bienes cuando se produzca la conmixtión. De igual manera, la comunidad nacerá en caso de que exista una pluralidad de herederos.

Origen convencional

La comunidad de bienes también puede surgir como resultado de una manifestación de la autonomía de la voluntad, de manera que dos sujetos, mediante un negocio jurídico, podrán poner en común unos determinados bienes. También crearán la situación de comunidad de bienes en el caso de que se trate de un bien adquirido en común y cuyo objetivo sea el lucro de los comuneros.

Nótense las analogías que presenta la comunidad de bienes de origen convencional con la figura de la sociedad. No obstante, la doctrina ha tratado de diferenciar a ambas, introduciendo la idea de que la comunidad configura un patrimonio estático, en el que los comuneros se limitan al uso y disfrute, así como a conservarlo. Por su parte, la sociedad tiene un patrimonio dinámico, en movimiento, dirigido a conseguir ganancia partible para cada socio.[3]

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