Comunidad de Madrid

Comunidad de Madrid
Comunidad autónoma
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Bandera
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Escudo
Himno: Himno de la Comunidad de Madrid
Localización de la Comunidad de Madrid.svg
Ubicación de Comunidad de Madrid
Coordenadas 40°30′00″N 3°40′00″O / 40.5, 40°30′00″N 3°40′00″O / -3.6666666666667
Capital Madrid
Idioma oficial Castellano
Entidad Comunidad autónoma
 • País España
Parlamento
Presidenta
Asamblea de Madrid
Cristina Cifuentes
Superficie Puesto 12
 • Total 8021,80 km² (1,6 %)
Altitud  
 • Máxima Peñalara
2428 m s. n. m.
 • Mínima Aldea del Fresno
476 m s. n. m.
Población (2015) Puesto 3
 • Total 6 377 364 hab.¹
 • Densidad 795 hab/km²
Gentilicio madrileño/a
PIB (nominal) Puesto 2.º
 • Total &&&&&&&&&0198652.&&&&&0198 652 mill.  (2014)[1]
 • PIB per cápita &&&&&&&&&&031004.&&&&&031 004 € (2014)[2]
IDH 0,964 ( 2.º) – Muy Alto
Huso horario UTC+1
ISO 3166-2 ES-MD (autonómico)
ES-M (provincial)
Estatuto de Autonomía 1 de marzo de 1983
Fiesta oficial Día de la Comunidad de Madrid ( 2 de mayo)
Sitio web oficial
1 13,66 % del total de España.
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Entrada a la Comunidad de Madrid por el puerto de Guadarrama.

La Comunidad de Madrid[4] ( INE 2015), la cual se concentra mayoritariamente en el área metropolitana de Madrid.

Es la tercera comunidad autónoma en población y la más densamente poblada. Posee una posición central en la red de medios de transportes de España. En 2013 el PIB de Madrid representa el 18,3 % del PIB de España.

Asimismo, cuenta con un rico patrimonio artístico y natural, con tres bienes Patrimonio de la Humanidad: el Monasterio y Sitio de El Escorial, la Universidad y casco histórico de Alcalá de Henares, y finalmente, el Paisaje cultural de Aranjuez.

La conformación de la actual comunidad autónoma vino precedida de un intenso debate político, en el contexto preautonómico de finales de los años 1970. La provincia estaba convencionalmente incluida en la región de Castilla la Nueva desde el siglo xix, junto a las provincias de Cuenca, Guadalajara, Ciudad Real y Toledo. En un principio se planteó la posibilidad de que la provincia formara parte de una autonomía junto a estas provincias, hoy parte de Castilla-La Mancha, si bien con un estatuto especial, dadas sus especiales condiciones al albergar la capitalidad del Estado. En el año 1981,[5] se resolvió que la provincia de Madrid no se incluiría en una comunidad multiprovincial y se acordó la creación de una comunidad autónoma uniprovincial, aprobándose en 1983 su Estatuto de Autonomía.

Historia

Cronología de la Comunidad de Madrid.

La Historia de la Comunidad de Madrid es muy reciente. La provincia se constituye administrativamente en el siglo XIX y, a finales del siglo XX, se configura como una comunidad autónoma uniprovincial. No obstante, existen algunos hitos históricos anteriores, decisivos para la definición del actual perfil de la región:

  • La presencia de asentamientos humanos, de gran importancia y extensión, en la Historia;
  • La aparición de Complutum ( Alcalá de Henares) en la época romana;
  • El carácter defensivo que adquiere el territorio madrileño en el periodo andalusí y el papel de Mayrit ( Madrid) en la defensa de Toledo;
  • La constitución del concejo de la Tierra de Madrid durante la Reconquista, primer gran embrión de la posterior realidad administrativa;
  • La designación de la Villa de Madrid como capital durante el Renacimiento, en lo que constituye el segundo y más decisivo embrión;
  • La expansión metropolitana del siglo XX, que resulta transcendental para la conformación de la actual comunidad autónoma.

Entre todos estos hitos, la capitalidad se destaca como el de mayor determinación histórica,[6] ya que se encuentra en el origen de la provincia madrileña, constituida en el marco de la división provincial de España en el siglo XIX. A este hecho se le añade, en el siglo XX, la condición metropolitana de Madrid, aspecto clave para su segregación de la antigua región de Castilla la Nueva, en la que Madrid estaba integrada, dados los fuertes desequilibrios sociales, económicos y demográficos que la zona metropolitana de Madrid introducía, y su configuración como comunidad uniprovincial.

Prehistoria, época romana y época visigótica

Vaso campaniforme de Ciempozuelos, conservado en el Museo Arqueológico Nacional.

El territorio actual de la Comunidad de Madrid estuvo poblado desde el Paleolítico Inferior, principalmente en lo que respecta a los valles interfluviales de los ríos Manzanares, Jarama y Henares, donde se han hallado abundantes y ricos yacimientos arqueológicos. Entre los vestigios más importantes que se han encontrado, destaca especialmente el vaso campaniforme de Ciempozuelos, que ha dado nombre a un tipo especial de cerámica (data del Bronce Inicial, entre 1979 a. C. y 1970 a. C.). También se han descubierto pinturas y grabados rupestres en La Pedriza del Manzanares, en el término de Manzanares el Real, y en la Cueva del Reguerillo, cerca de Patones.

Durante el Imperio romano, la región quedó integrada en la provincia Citerior Tarraconense, excepto la parte suroccidental, en el Alberche, que pertenecía a la Lusitania. Estaba surcada por dos importantes calzadas romanas, la vía XXIV-XXIX (de Astorga a Laminium) y la XXV (de Emerita Augusta a Caesaraugusta), y contaba con algunas urbes de importancia. La ciudad de Complutum ( Alcalá de Henares) alcanzó cierta relevancia hasta el Bajo Imperio, mientras que Titulcia y Miaccum, al pie de la sierra, destacaron como cruces de caminos.

En la época visigótica, la región perdió toda importancia. Su población se dispersó en pequeñas aldeas e, incluso, Complutum entró en decadencia. Alcalá de Henares fue designada sede episcopal en el siglo V, por orden de Asturio Serrano, arzobispo de Toledo, pero este hecho no fue suficiente para devolverle el esplendor perdido.

Al-Ándalus

La Atalaya de Torrelodones formaba parte de un sistema militar en la defensa de Toledo.

El centro peninsular fue una de las regiones más despobladas de al-Ándalus hasta el siglo XI, cuando empezó a despuntar como un enclave militar de gran importancia estratégica. Los musulmanes pusieron en pie un sistema defensivo de fortalezas y atalayas, con el que intentaron detener el avance de los reinos cristianos, a lo largo y ancho del territorio actual de la comunidad autónoma.

La fortaleza de Mayrit ( Madrid) se erigió en una fecha indeterminada entre los años 860 y 880, como un ribat, un recinto amurallado donde convivía una comunidad a la vez religiosa y militar, en lo que constituye el núcleo fundacional de la ciudad. Pronto se destacó como la fortificación de mayor valor estratégico en la defensa de Toledo, por encima de Talamanca de Jarama y de Qal'-at'-Abd-Al-Salam ( Alcalá de Henares), los otros dos enclaves militares más importantes de ese sistema defensivo.

Alrededor de esas tres cabeceras principales, encargadas de defender los caminos fluviales del Manzanares, del Jarama y del Henares, respectivamente; se construyeron varias fortificaciones de carácter complementario —caso de Qal'-at-Jalifa ( Villaviciosa de Odón)—, así como una red de atalayas que permitía la vigilancia de los pasos —las de Torrelodones, El Vellón o El Berrueco, que aún siguen en pie, son algunas de ellas—. Estas torres-vigía se comunicaban entre sí mediante señales de humo, cuando se producían situaciones de alerta.

En 1083, el rey Alfonso VI tomó la ciudad de Madrid y dos años después entró en Toledo. Por su parte, Alcalá de Henares sucumbió en 1118, en una nueva anexión del Reino de Castilla.

La repoblación cristiana

El castillo de la Casa de Mendoza, cuartel general del disputado territorio del Real de Manzanares.

Las nuevas tierras conquistadas por los cristianos se disgregaron alrededor de varios dominios, como consecuencia de un largo proceso de repoblación (siglos XI a XV), en el que entraron en conflicto los señores feudales o eclesiásticos y los diferentes concejos con potestad real para repoblar.

En primer lugar, en 1118 será reconquistada Alcalá de Henares y toda su Comunidad de Villa y Tierra. En 1135 la Tierra Complutense recibirá un compendio de leyes o fueros, denominado Fuero Viejo. Esto compensará en parte la integración de la Diócesis Complutense en el Arzobispado de Toledo en 1099. En 1223, el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada hará una modificación de estos fueros, en lo que se ha pasado a denominar Fuero Extenso. Será en 1509, cuando el Cardenal Cisneros creará un nuevo y actualizado fuero, el Fuero Nuevo, que estará vigente hasta el final del Antiguo Régimen. Estas leyes daban una autonomía legal completa a la Tierra de Alcalá.

En el siglo XIII, Madrid conservará, al igual que Alcalá, una personalidad jurídica propia, en primer término con el Fuero viejo y posteriormente con el Fuero Real, concedido por Alfonso X en 1262 y ratificado por Alfonso XI en 1339.

Buitrago del Lozoya, Alcalá de Henares y Talamanca de Jarama destacarán por su importante capacidad repobladora hasta ese siglo.

La Tierra de Alcalá, área administrativa donde rigieron los fueros anteriormente citados, estaba conformada en su última fase (Fuero Nuevo) por los siguientes municipios: Ajalvir, Camarma de Esteruelas, Daganzo de Abajo (o Daganzuelo, hoy despoblado), Torrejón de Ardoz, Valdemora, Arganda, Ambite, Anchuelo, Bilches o Vilches, Campo Real, Carabaña, Corpa, Los Hueros, Loeches, La Olmeda, Orusco, Perales de Tajuña, Pezuela de las Torres, Querencia, Santorcaz, Los Santos de la Humosa, Tielmes, Torres de la Alameda, Valtierra, Valmores, Valverde de Alcalá, Villar del Olmo, Valdilecha y Villalbilla.

Alrededor de la actual capital de la comunidad, se constituyó un territorio administrativo denominado Tierra de Madrid, el primer germen de la provincia, que se extendía, en sus extremos, hasta los actuales términos municipales de San Sebastián de los Reyes, Cobeña, Las Rozas de Madrid, Rivas-Vaciamadrid, Torrejón de Velasco, Alcorcón, San Fernando de Henares y Griñón.

Este concejo mantuvo numerosos litigios con Segovia, por entonces una de las ciudades más influyentes de Castilla, por el control del Real de Manzanares, una vasta comarca, que, finalmente, fue cedida a la Casa de Mendoza. La Comunidad de Villa y Tierra de Segovia había convertido en su Sexmo de Casarrubios, en los valles del los ríos Guadarrama y Perales, el alfoz de la antigua medina islámica de Calatalifa (en el actual término de Villaviciosa de Odón).

La capitalidad

La monarquía castellana empezó a mostrar una especial predilección por el centro peninsular, atraída por sus abundantes bosques y cotos de caza. El Pardo era un lugar muy frecuentado por los reyes, desde tiempos de Enrique III ( siglo XIV). Asimismo, los Reyes Católicos impulsaron la construcción del Palacio Real de Aranjuez. En el siglo XVI, San Lorenzo de El Escorial se sumó a la lista de Reales Sitios de la actual provincia.

La propia villa de Madrid, que formaba parte del grupo de dieciocho ciudades con derecho a voto en las Cortes de Castilla, acogió en numerosas ocasiones las Cortes del Reino. Al mismo tiempo, sirvió de residencia a varios monarcas, entre ellos el emperador Carlos I, que reformó y amplió su Alcázar.[6]

A la creciente influencia sociopolítica de la región,[7] se le añadió, en el siglo XVI, el foco cultural de la Universidad de Alcalá de Henares, que abrió sus puertas en 1508, a instancias del cardenal Cisneros.

Panorama de la villa de Madrid obra de Anton van den Wyngaerde, encargado por Felipe II (s. xvi).

En 1561, el rey Felipe II situó la capital de su imperio en Madrid, en lo que puede considerarse el segundo embrión —y tal vez más decisivo— para la configuración posterior de la provincia madrileña.

La "provincia" de Madrid en el año 1590 según los votos en las Cortes de Castilla.

Con la capitalidad, se impuso un marco de subordinación económica a las tierras colindantes con la Villa de Madrid, que incluso iba más allá de los actuales límites de la Comunidad de Madrid. También se promovió una extensión competencial de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte (de cinco a diez leguas en su torno), en un intento por articular una región alrededor de la capital.


Pero aún se estaba muy lejos de una auténtica realidad administrativa, sobre todo teniendo en cuenta que el Estado del Antiguo Régimen convivía con la existencia de numerosas jurisdicciones señoriales, tanto laicas como eclesiásticas. Entre las primeras, se encontraban señoríos de gran extensión, como el Real de Manzanares —en manos de los Mendoza— y otros de pequeñas dimensiones, como el señorío de Valverde de Alcalá. Entre las segundas, había jurisdicciones monásticas (como la Cartuja de El Paular), del clero secular (como las extensas posesiones del Arzobispado de Toledo) y de órdenes militares (caso de la Encomienda Mayor de Castilla de la Orden de Santiago, que ocupaba Valdaracete, Villarejo de Salvanés y Fuentidueña de Tajo[8] ).

La Ilustración

Mapa de la provincia de Madrid, realizado por Tomás López de Vargas en 1773. Puede observarse la desarticulación del territorio madrileño. Constreñida por Segovia, Guadalajara y Toledo, sin continuidad territorial, la provincia de Madrid invade, por su parte, a la de Guadalajara (el recuadro superior izquierda corresponde a Almonacid de Zorita) y a la de Toledo.

En el siglo XVIII tampoco se corrigió la desarticulación administrativa de las tierras madrileñas, a pesar de algunos intentos. En la época de Felipe V, se creó, a escala nacional, la figura de las Intendencias, con poder político-administrativo. Sin embargo, la Intendencia de Madrid no resolvió el problema de raíz y la actual provincia continuó fragmentada en varios dominios, si bien se racionalizaron los procesos a la hora de ejecutar proyectos centralizados.

A Guadalajara le correspondían los partidos de Colmenar Viejo y Buitrago del Lozoya, así como el señorío del Real de Manzanares, coincidente en gran parte con la actual comarca de la Sierra de Guadarrama. Segovia extendía sus dominios al Norte y Oeste de la actual provincia madrileña, mientras que Toledo ocupaba el Este, con Alcalá de Henares y Chinchón como núcleos destacados. De Madrid dependían Casarrubios, en la actual provincia de Toledo, y Zorita de los Canes, en la de Guadalajara.[9]

Esta dispersión territorial afectaba a procesos tan básicos como el abastecimiento de Madrid, que había disparado su población hasta convertirse en la ciudad más habitada de la monarquía. El efecto fue drástico: mientras que la Villa de Madrid absorbía un mayor volumen de renta procedente de todo el país, su territorio colindante —en manos de casas nobiliarias y del poder eclesiástico o bajo el influjo real— tendía a empobrecerse, sin posibilidad alguna de desarrollarse un tejido socio-económico acorde con las necesidades de la capitalidad.

Otro de los problemas que la capitalidad puso en evidencia fue la ausencia de infraestructuras. El entramado de caminos de la Submeseta Sur tenía su centro en Toledo y hubo que articular una red para garantizar el abastecimiento de la ciudad. Del siglo XVIII data la estructura radial de las comunicaciones españolas, que tiene su punto neurálgico en la ciudad de Madrid.[10]

A lo largo del siglo XVIII, la Villa de Madrid se transformó con grandes obras urbanísticas, al compás de las corrientes ilustradas. Destaca la labor de Carlos III, que dotó a la ciudad de algunos de sus más bellos edificios y monumentos, al tiempo que promovió la creación de instituciones sociales, económicas y culturales, que aún perviven.

La Villa de Madrid cerró el siglo XVIII con 156 672 habitantes (antes de la capitalidad, se estimaba una población en torno a los 15 000 vecinos), según el censo realizado en 1787, el primero, con carácter oficial, que se realizó en la ciudad.

De provincia a comunidad autónoma

Mapa de la provincia de Madrid, publicado en 1868.
Antigua bandera de la provincia de Madrid, usada por la Diputación de Madrid hasta 1983.

El territorio de la Comunidad de Madrid alcanzó a grandes rasgos sus límites territoriales actuales en 1833 con la división de España en provincias,[12]

En el siglo XX, durante el proceso preautonómico de finales de los años setenta, en la antigua región de Castilla la Nueva reapareció el temor a que las especiales condiciones económicas y demográficas de Madrid fueran un factor de desequilibrio, por lo que finalmente, la provincia de Madrid se configuró como comunidad autónoma uniprovincial. Fue la última comunidad en constituirse.

Por su parte, las provincias de Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo (que pertenecían a Castilla la Nueva), junto con la de Albacete (que estaba integrada en la región de Murcia), constituyeron la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

El Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid fue aprobado el 1 de marzo de 1983.[13] La provincia de Madrid se conformó como comunidad autónoma bajo la Ley Orgánica 3/1983, del 25 de febrero (BOE 1-3-83) y con la denominación de "Comunidad de Madrid". A menudo se utiliza el término equívoco CAM (cuyo uso exclusivo reclamó y obtuvo judicialmente la Caja de Ahorros del Mediterráneo o CAM). Los madrileños no fueron llamados a las urnas para aprobar o desestimar la propuesta de comunidad autónoma.

La Villa de Madrid fue elegida capital de la comunidad, si bien han surgido diferentes iniciativas para que otras ciudades alberguen la capitalidad. Es el caso de Alcalá de Henares, que presentó oficialmente su candidatura en los primeros años 1980 y, más recientemente, de Getafe, que en 2006 anunció su aspiración de arrebatarle el título de capital a la Villa de Madrid.[14]

Desde su nacimiento han sido elegidos cinco presidentes autonómicos: Joaquín Leguina (1983-1995), del PSOE y el resto, Alberto Ruiz-Gallardón (1995-2003), Esperanza Aguirre (2003-2012), Ignacio González González (2012-2015) y Cristina Cifuentes Cuencas (desde 2015), del PP.

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