Comunión anglicana

Comunión anglicana
Anglican rose.PNG
La Rosa de los Vientos,
(Emblema oficial de la Comunión anglicana, simboliza su alcance mundial y naturaleza descentralizada.)
Doctrina
Deidad Dios ( Santísima Trinidad)
Texto sagrado Biblia
Tipo Cristianismo
Organización
Líder religioso Justin Welby, arzobispo de Canterbury
Sede Catedral de Canterbury, en Canterbury, Kent, Bandera de Reino Unido Reino Unido
Seguidores
Nombre de seguidores anglicanos, episcopales.
Número de seguidores Aproximadamente 98 000 000.
Otros
Lengua litúrgica Muchas: se usa un idioma entendido por el pueblo.
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La Comunión anglicana es una afiliación mundial de Iglesias anglicanas. Como su nombre sugiere, la Comunión anglicana es una asociación de estas Iglesias en plena comunión con la Iglesia de Inglaterra y específicamente con su arzobispo primado, el arzobispo de Canterbury. Con noventa y ocho millones de miembros, la Comunión anglicana es la tercera comunión más grande del mundo, tras la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa.

La condición de estar en plena comunión significa que todos los ritos efectuados en una Iglesia son reconocidos por la otra. Algunas de estas Iglesias se reconocen explícitamente como anglicanas, expresando en su nombre su vínculo con Inglaterra (Ecclesia Anglicana significa la «Iglesia anglicana» en latín), otras, tales como las Iglesias episcopales estadounidenses y escocesas, o la Iglesia de Irlanda, prefieren un nombre distinto. Cada Iglesia tiene su propia doctrina y liturgia, basadas, en la mayoría de los casos, en las de la Iglesia de Inglaterra; y cada Iglesia tiene su propio sistema legislativo y política episcopal, bajo la dirección de un primado local (Obispo moderador, Arzobispo, Obispo Presidente, u otra nominación).

El arzobispo de Canterbury, jefe religioso de la Iglesia de Inglaterra, no tiene ninguna autoridad formal fuera de su jurisdicción, pero es reconocido como jefe simbólico de la Comunión anglicana mundial. Entre los otros primados, él es un primus inter pares, o «primero entre iguales». Si se compara al arzobispo de Canterbury con otros líderes religiosos, como el papa católico, por ejemplo, esto es debido únicamente a su papel prominente y figuración en los medios de comunicación, puesto que no posee ninguna autoridad formal fuera de su provincia. No obstante, las Iglesias no se pueden considerar parte de la Comunión anglicana a menos que estén en completa comunión con él.

Aunque no se consideren miembros, algunos cuerpos no anglicanos (ni por origen ni por tradición) han entrado en comunión con la Comunión anglicana en su totalidad o con alguna de sus Iglesias constitutivas en particular.

Existe también un número de comunidades de origen y tradición anglicana que, sin embargo, se han separado de una Iglesia miembro de la Comunión anglicana. Han dejado así, por ejemplo, de estar en comunión con Canterbury, aunque pueden estar en comunión con alguna otra provincia individual de la Comunión. No obstante, estos cuerpos se autodefinen como anglicanos y son referidos como anglicanos por el arzobispo de Canterbury. Muchos son parte del Movimiento Anglicano de Continuación.

Elementos y factores de unión de la Comunión anglicana

La Comunión anglicana no tiene ningún tipo de existencia legal oficial o estructura de gobierno que pudiera ejercer alguna forma de autoridad sobre las Iglesias con membresía en ella. Hay una Oficina de la Comunión Anglicana en Londres, bajo el amparo del arzobispo de Canterbury, pero cumple solamente un rol organizador y de soporte. En lugar de estructuras y normativas, la Comunión se encuentra ligada por una historia compartida, expresada en su eclesiología, en sus políticas y en su ethos; y también por su participación en órganos consultivos internacionales.

Eclesiología, política y ethos

Tres elementos han sido importantes en mantener la Comunión anglicana unida: primero, la estructura eclesial compartida por las Iglesias, manifestada en una política episcopal mantenida por la sucesión apostólica de sus obispos y el ejercicio del gobierno sinodal; segundo, el principio de la fe expresada en adoración, confiriendo mucha importancia a la aprobación de buenos libros de oración y otros textos litúrgicos; y tercero, los documentos históricos y la teología estandarizada que han influenciado la tradición de la Comunión.

Originalmente, la Iglesia de Inglaterra era única y confiaba su unidad e identidad a su propio devenir histórico, a su estructura legal y episcopal tradicional, y a su situación como iglesia oficial del Estado inglés. Como tal, el anglicanismo ha sido desde sus inicios un movimiento explícitamente episcopal, una característica que ha sido vital en el mantenimiento de la unidad, transmitiendo el papel del episcopado que manifiesta visiblemente catolicidad y ecumenismo.

Desde temprano en su reforma, la Iglesia de Inglaterra produjo un libro de oración en vernáculo, llamado Libro de Oración Común. A diferencia de otras tradiciones cristianas, el anglicanismo nunca ha sido gobernado por un magisterio ni supeditado a un teólogo fundador, tampoco ha necesitado formular un resumen doctrinal más allá de los credos (tal como la Confesión de Fe de Westminster en la Iglesia presbiteriana). En su lugar, el anglicanismo ha recurrido al ya mencionado Libro de Oración Común y a sus vástagos como guía teológica y de práctica. Esto ha tenido como efecto inculcar en el anglicanismo el principio del denominado lex orandi, lex credendi (“la ley de la oración es la ley de la creencia”) como fundamento de identidad y confesión anglicana.

El prolongado conflicto desarrollado durante el siglo XVII entre protestantes radicalizados, de un lado, y católicos que querían reconocer la supremacía absoluta del papa, por otro, dio lugar a una Iglesia que era deliberadamente vaga con respecto a sus principios doctrinales, destacando el desarrollo de parámetros de "desviación tolerable" dentro de la Iglesia. Estos parámetros fueron articulados lo más claramente posible en las varias anotaciones incluidas en los sucesivos Libros de Oración, así como en los Treinta y Nueve Artículos de Religión. Estos artículos, aunque nunca vinculantes, han tenido gran influencia en el ethos de la Comunión anglicana, un ethos reforzado por su interpretación y extensión a manos de tempranos e influyentes teólogos, tales como: Richard Hooker, Lancelot Andrewes, John Cosin, y otros.

Con la expansión del anglicanismo fuera de las Islas británicas, la Comunión buscó establecer nuevos vehículos de unidad. La primera expresión importante de esta búsqueda fueron las Conferencias de Lambeth para todos los obispos de la Comunión, convocadas por primera vez en 1867 por el arzobispo de Canterbury Charles Thomas Longley. Desde el principio, estas reuniones nunca intentaron desplazar o disminuir la autonomía de las emergentes provincias de la Comunión, sino “discutir asuntos de interés práctico, y pronunciar lo que juzgamos conveniente en resoluciones que puedan servir como guías seguras para la acción futura”. Una de las primeras resoluciones de influencia duradera de esta conferencia fue con respecto al denominado Cuadrilátero Chicago-Lambeth de 1888, un intento por proporcionar bases para la discusión de una reunión con las Iglesias católica y ortodoxa, que tuvo, sin embargo, el efecto indirecto de establecer claramente cuatro parámetros específicos de la identidad anglicana. Esos cuatro principios son:

  1. Las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, "contienen todas las cosas necesarias para la salvación", y constituyen la regla y máxima norma de fe.
  2. El Credo de los Apóstoles, como Símbolo Bautismal, y el Credo Niceno son declaraciones suficientes de la Fe Cristiana.
  3. Los dos sacramentos ordenados por Cristo mismo - Bautismo y Cena del Señor - deben ser administrados con el uso indefectible de las palabras de su institución, hecha por Cristo, y los elementos ordenados por Él.
  4. Debe reivindicarse el episcopado histórico, adaptado localmente a las diversas necesidades de las naciones y pueblos llamados por Dios a la unidad de su Iglesia.

Instrumentos de unidad

Como se mencionó antes, la Comunión anglicana no tiene ninguna organización jurídica internacional. El arzobispo de Canterbury cumple un rol estrictamente simbólico y unificador, y los tres organismos internacionales de la Comunión son sólo consultivos y de colaboración, sus resoluciones no tienen ningún efecto legal en las provincias independientes de la Comunión. Tomados en su conjunto, sin embargo, estos cuatro elementos funcionan como verdaderos “instrumentos de unidad”, donde todas las iglesias que participan de la Comunión concurren. En orden de antigüedad, están:

La cátedra de san Agustín, trono episcopal en la Catedral de Canterbury, en Kent, asiento del arzobispo de Canterbury en su papel de cabeza de la Comunión anglicana.
  1. El arzobispo de Canterbury (Ab origine) que cumple funciones como jefe espiritual de la Comunión, es el foco de su unidad, puesto que ninguna iglesia demanda calidad de miembro en la Comunión sin estar en comunión con él. El actual titular es el Dr. Justin Welby.
  2. La Conferencia de Lambeth (reunida por primera vez en 1867) es la más antigua instancia internacional de consulta. Es un foro para los obispos de la Comunión, donde refuerzan su unidad y manifiestan el carácter colegiado del episcopado. Sirve también para discutir asuntos de mutua preocupación y para aprobar resoluciones que sirvan como puntos de referencia para las decisiones de cada provincia. Se reúne cada diez años y la invitación es hecha por el arzobispo de Canterbury.
  3. El Consejo Consultivo Anglicano (reunido por primera vez en 1971) fue creado por una resolución de la Conferencia de Lambeth de 1968, y se reúne habitualmente cada tres años. Al Consejo concurren representantes del episcopado, del clero y del laicado elegidos por las treinta y ocho provincias. Este cuerpo posee una secretaría permanente, la Oficina de la Comunión Anglicana, de la cual el arzobispo de Canterbury es presidente.
  4. La Reunión de los Primados (reunida por primera vez en 1979) es la instancia más reciente de consulta y deliberación internacional. Fue convocada por primera vez por el Arzobispo Donald Coggan como un foro para el “pensamiento pausado, la oración y la consulta profunda”.

Puesto que no hay autoridad obligatoria en la Comunión anglicana, estos cuerpos internacionales son sólo un vehículo de consulta y persuasión. Es por ello que, en años recientes, se han desarrollado fuertes debates sobre la necesidad o no de tener una postura común en ciertas áreas de doctrina, disciplina, adoración y ética. El ejemplo más notable de estos desacuerdos ha sido la objeción, por parte de algunas provincias de la Comunión (particularmente de África, Asia y América hispana) al cambio de rol de los homosexuales en las iglesias norteamericanas (por ejemplo, la bendición de matrimonios entre personas del mismo sexo, la ordenación y consagración de gays y lesbianas no célibes), y al proceso mediante el cual esos cambios fueron emprendidos. Los que se oponen a estos cambios, los condenan como contrarios a las Escrituras, unilaterales, y tomados sin el acuerdo previo de la Comunión. En respuesta, la Iglesia episcopal en los Estados Unidos (ECUSA, por sus siglas en inglés) y la Iglesia anglicana del Canadá han señalado que estas acciones: habían sido emprendidas después de una reflexión teológica muy larga y basada en las Escrituras; estaban legalmente de acuerdo con sus propios cánones y constituciones; y se habían resuelto tras extensas consultas con las provincias de la Comunión.

La Reunión de los Primados votó para solicitar a estas dos provincias que retiraran a sus delegados de la reunión 2005 del Consejo Consultivo Anglicano, y Canadá y los Estados Unidos decidieron asistir a la reunión pero sin ejercer su derecho a voto. No se ha expulsado ni suspendido a estas provincias, puesto que no existe ningún mecanismo en esta asociación voluntaria para suspender o expulsar a una provincia independiente de la Comunión. Puesto que la calidad de miembro se basa en la comunión de una provincia con el arzobispo de Canterbury, la posibilidad de expulsión requeriría del arzobispo una denegación de su comunión con las jurisdicciones afectadas. Conforme a una sugerencia del Informe de Windsor, el Dr. Williams estableció un grupo de trabajo para examinar la viabilidad de un Pacto Anglicano (Anglican Covenant) que articule, de alguna manera, las condiciones para estar en comunión.[1]

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