Composición étnica de Costa Rica

La composición étnica de Costa Rica es la manera en la que se constituye racial y antropológicamente la población de dicho país, caracterizada por una convivencia multiétnica, multicultural, multilingüe, y sincrética.[4]

Tras un largo periodo histórico reconociéndose como una nación homogénea, actualmente en el primer artículo de la Constitución Política es declarada y salvaguardada la condición de mosaico étnico y pluricultural del país, estipulando que:[5]

Costa Rica es una República democrática, libre, independiente, multiétnica y pluricultural.

De este modo, la heterogénea sociedad costarricense se encuentra distribuida a lo largo de todo el territorio nacional, con porcentajes más elevados en ciertas regiones del país y con la presencia activa y visible de casi todos los grupos étnicos del planeta, así como de todas sus posibles mezclas. Paralelamente, según el último censo nacional llevado a cabo en 2011, un 83% de la población se declara blanca con diversas ascendencias, mientras que existen otros cinco grupos minoritarios de mestizos, afrodescendientes, indígenas y asiáticos.[6]

Historia

Prehispánica

Reconstrucción de tumba indígena precolombina, Museo de Jade

Hay evidencias arqueológicas que permiten ubicar la llegada de los primeros seres humanos a Costa Rica entre 10000 y 7000 a. C. En sitios del valle de Turrialba se han hallado áreas de cantera y taller donde se fabricaban herramientas típicas de esa época —puntas de lanza—. Los pobladores de esta época eran bandas nómadas, de unos 20 a 30 miembros de cazadores-recolectores. Además de las especies que hoy siguen existiendo, entre sus presas habituales se hallaban animales de la llamada megafauna, tales como armadillos y perezosos gigantes, mastodontes, etc.

A partir del desarrollo de las culturas mesoamericanas, la parte noroeste del país cayó poco a poco bajo la influencia de aquellas, mientras que el resto pasó a formar parte, gradualmente, de lo que se llama Área Intermedia. Durante el Clásico mesoamericano, los pueblos nicoyanos dejaron de recibir influencia mesoamericana, pero a partir del siglo XIII la región nuevamente fue el destino de grupos nahuas y chorotegas que provenían del centro y norte de Mesoamérica. Bajo su influencia, Nicoya se constituyó nuevamente en parte de la región mesoamericana.

Los pueblos del Área Intermedia (que comprendía casi todo el territorio costarricense, la mitad oriental de Nicaragua, Panamá, Colombia y el Pacífico ecuatoriano) fungieron como un puente entre las culturas mesoamericanas y las del Área Andina. A través de ellos se hizo posible el intercambio tecnológico entre ambas zonas, que tuvo como consecuencia, entre otras cosas, el desarrollo de la metalurgia en México y América Central.

Colonial

Revuelta de Pablo Presbere.

En el cuarto y último viaje realizado por Cristóbal Colón, el 18 de septiembre de 1502, fue descubierta la costa oriental de Costa Rica (actual Isla Uvita). Años después la corona española empieza a enviar expedicionarios en 1509, cuando Diego de Nicuesa explora el Caribe costarricense.

Posteriormente en 1522 fue establecido el poblado Villa Bruselas, que se ubicaba cerca de la costa pacífica del país, en los límites de Nicoya (hoy Guanacaste) y luego se fundó la Ciudad de Garcimuñoz hacia 1561. Durante este período, en el Siglo XVI, los nativos del país fueron conquistados por los españoles; así Costa Rica se convirtió en la provincia o gobernación más meridional del territorio español, ahora llamado Nueva España. A finales de dicha época la capital de la provincia estaba ubicada en la recién fundada ciudad de Cartago.

De esta manera, el mestizaje entre los conquistadores españoles, los indios y los esclavos negros existió, sin embargo el hecho de que la población indígena fuera muy reducida comparada con otras tierras y se redujera aún más con la llegada de los europeos, hizo que dicha mezcla fuese relativamente menos marcada.

Durante cerca de trescientos años, España administró la región como parte de la Capitanía General de Guatemala, bajo un gobernador militar. Con optimismo, los españoles habían llamado a la zona Costa Rica ya que habían encontrado yacimientos de oro y otros minerales de valor en el territorio, sin embargo, viendo que los lugares no eran tan ricos como se pensaba, en comparación a las otras provincias, dicho territorio se dedicó exclusivamente a la agricultura.

Los pequeños terratenientes, en su mayoría españoles, judíos sefardíes y mestizos, relativamente pobres, la falta de mano de obra indígena, la relativa homogeneidad étnica de la población, aunado al aislamiento que tenía con relación a las colonias españolas en México y los Andes, contribuyeron en gran manera en el desarrollo de una sociedad igualitaria. A finales del Siglo XVIII, debido al desarrollo agrícola, las autoridades de la Capitanía pusieron atención a la zona, y comenzaron el cultivo del tabaco, el cual se convirtió en un importante producto de exportación. Las exportaciones de tabaco favorecieron la creación de una sociedad más próspera. Durante este tiempo también fue marcado el cultivo del café que se volvió entonces un importante producto de exportación.

Asimismo, en este período se da también la importación de esclavos negros para trabajar en las fincas guanacastecas, misma que implicaría un nuevo mestizaje por la toma de mujeres negras como concubinas.[8]

Independencia

Proclama de la independencia de Centroamérica

En 1821 Costa Rica había alcanzado su Independencia. Presentaba un panorama de población escasa (65.000 habitantes en 1824), asentada en núcleos dispersos en el Valle Central y dedicada a una agricultura de subsistencia. Pero pronto, en la década de 1830 –con la expansión del cultivo cafetalero– el país se articuló tempranamente al mercado mundial y se abrieron nuevas expectativas. Para la década de 1840 y comienzos de los 50, los viajeros extranjeros europeos (en especial italianos y españoles) que pasaban por Costa Rica se quedaban impresionados por la prosperidad general que veían y el desarrollo del mercado interno en relación con el resto de Centroamérica. Hacia 1850 se divisaba con claridad que se había iniciado un proceso de consolidación económica basado en la agricultura cafetalera. Los emigrantes europeos bien podían sentirse atraídos por las promesas de una pequeña y lejana nación en pleno proceso expansivo.

Aunque las provincias recientemente independientes formaron una Federación, desacuerdos de fronteras generaron disputas entre ellas, añadiendo a la región condiciones turbulentas. La región de Nicoya se anexó libremente al país el 25 de julio de 1824 y ahora forma parte de la actual provincia de Guanacaste.

Durante este período el gobierno toma medidas específicas para promover la inmigración europea y estadounidense al país. Empieza a gestarse también el mito de la «blancura» costarricense frente a una Centroamérica mestiza y que fue promovido por las clases dominantes. Pero, junto a los inmigrantes europeos del siglo XIX son atraíados al país también chinos, gitanos, judíos polacos, armenios y árabes del Imperio otomano, al punto que durante la administración del presidente Ascensión Esquivel Ibarra ( 1902- 1906) se prohibió la inmigración de grupos étnicos no blancos.[9]

Siglo XX

La producción bananera importó trabajadores afrocaribeños

Las restricciones al ingreso de inmigrantes no blancos se levantaron eventualmente, especialmente por la necesidad de mano de obra en el Caribe para la United Fruit Company, cuyo clima y ambiente hacían muy difícil la contratación de nacionales. Esto trajo consigo la llegada de nuevos flujos migratorios de chinos, negros caribeños y jamaiquinos. Durante estos años y desde finales del siglo anterior el país recibió también importantes oleadas de europeos, principalmente españoles e italianos (actuales dos grupos étnicos más grandes del país), así como de otras partes del Mediterráneo y los Alpes que serían sumamente importantes para la consolidación de la etnografía costarricense. Además de la migración de judíos polacos que escapaban del antisemitismo exacerbado en Europa. Chinos y jamaiquinos tenían restringida su salida de la provincia de Limón, no así los polacos quienes se extendieron por todo el país, pero pronto se volvieron blanco de la xenofobia y el antisemitismo, hasta entonces poco común en el país.[10]

Una de las razones esgrimida por la oposición al gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia fue la situación de los minorías étnicas. El líder opositor José Figueres Ferrer, hijo de inmigrantes catalanes y de pensamiento socialista, había entablado amistad con personas de distintos orígenes étnicos como el descendiente jamaiquino Alex Curling Delisser[11]​ la cual además estableció en sus artículos que todos los costarricenses son iguales ante la ley, y se le dio ciudadanía plena a los negros, chinos e indígenas (aún cuando la integración completa y goce de derechos tomó más tiempo en implementarse, y en el caso de los pueblos indígenas el tema aún es de debate).

Después de las migraciones étnicas de finales del siglo XIX y principios del XX que estabilizaron el panorama racial, durante el siglo XX y XXI serían ahora los inmigrantes latinoamericanos los que representarían el principal reto de integración en la sociedad costarricense. Por su estabilidad política, su ausencia de ejército (abolido por Figueres en 1949) y su situación económica favorable,[12]

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