Composición étnica de Argentina

La actual composición étnica de la población de la Argentina es el resultado de la gran ola de inmigración, mayoritariamente italiana en primer lugar y española en segundo lugar, sucedida entre aproximadamente 1860[2] Desde mediados de siglo XX, la composición étnica estuvo básicamente influenciada por las grandes migraciones internas del campo a la ciudad y del norte hacia el litoral, y la inmigración proveniente de países sudamericanos, principalmente Paraguay y Bolivia. Adicionalmente la Argentina cuenta con considerables minorías étnicas, como las que integran las comunidades alemana, árabe, polaca, judía, armenia, peruana, uruguaya, japonesa, china, y coreana, entre otras.

La Argentina es considerada como un «país de inmigración», en el sentido del fuerte impacto que diversas corrientes migratorias han tenido sobre la composición étnica de la población.[5]

El mestizaje ha desempeñado un papel en la composición étnica de la población argentina. Las corrientes inmigratorias durante la época de la colonia y luego en la época de la gran inmigración ultramarina (1850-1930), estuvieron integradas mayoritariamente por varones solos que se mestizaron en la Argentina con mujeres indígenas o de origen africano o sus descendientes. Varios investigadores sostienen que en este proceso de mestizaje, de una población de inmigrantes varones varias veces superior a la población local, se diluyeron los rasgos genotípicos indígenas y africanos y predominaron los rasgos europeos (rasgos faciales, color de piel, ojos y cabello), que dan ese aspecto físico diferencial a la población argentina, sobre todo en las ciudades y regiones que recibieron mayor inmigración.[6]

Diversos estudios genéticos (véase la sección “Investigaciones biológicas” más abajo) concuerdan en términos generales sobre la distribución de haplogrupos entre los componentes de la población.[10]

El proceso de mestización registra una intensidad inusitada en la Argentina, no solo con amplios intercambios sexuales entre las tres grandes ramas étnico-culturales (euroasiáticos, indígenas y africanos), sino también entre las decenas de etnias particulares que integran cada una de esas ramas (italianos, españoles, polacos, árabes, alemanes, irlandeses, franceses, rusos, turcos, ucranianos, británicos, suizos, galeses, croatas, neerlandeses, belgas, checos, libaneses, sirios, judíos, mapuches, diaguitas, collas, guaraníes, bantúes, yorubas, etc.). Territorialmente, la composición genética varía entre las distintas regiones, provincias y ciudades, influenciada en gran medida por las grandes migraciones internas del campo a la ciudad, del norte hacia la región pampeana y hacia la Patagonia desde el resto del país.

En el siglo XIX, Argentina estableció una política estatal de integración, intencionalmente orientada a diluir las identidades étnicas particulares. Este hecho ha sido denominado en la cultura nacional con el término « crisol de razas» (equivalente al «melting pot» ―‘crisol de fundición’― estadounidense) y ha sido sostenido de modo más o menos variable por los gobiernos sucesivos, las instituciones educativas y los medios de comunicación más influyentes.[12]

Diversos estudiosos han cuestionado la visión tradicional del crisol de razas, considerándola un mito y poniendo de relieve la existencia de una gran brecha étnica y social entre descendientes de europeos y no europeos,[13] en la que aparecen mecanismos de racismo y discriminación étnica, invisibilización y asimilación forzada, presentes en la sociedad argentina.

Panorama general

La base indígena precolombina

Los indígenas que constituyeron la base del mestizaje en la época colonial estaban divididos en cuatro grandes grupos: los pertenecientes al grupo de la cultura andina, principalmente quechuas, calchaquíes y aimaras; los habitantes de la Mesopotamia, principalmente la cultura guaraní; los pertenecientes al grupo del Gran Chaco, destacándose los pueblos wichí y qom; y los pueblos de cazadores-recolectores del sur, principalmente los pueblos ranquel, aonikenk y mapuche. Estos dos últimos grupos no pudieron ser colonizados por los españoles.

En la Argentina existen en la actualidad 30 pueblos indígenas de acuerdo a los resultados de la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) en base al Censo del año 2001. La ECPI identificó una cantidad de habitantes auto reconocidos pertenecientes y/o descendientes en primera generación a algún pueblo indígena equivalente al 1,66 % de la población total del país, es decir, 600 329 personas.[14]

Las cifras fueron actualizadas mediante el censo de 2010, que dio como resultado una población indígena de 955 032 personas, un 2,38 % de la población total.[15]

El período colonial

Dos importantes corrientes migratorias influyeron sobre la composición étnica durante el período colonial:

  • la conquista y colonización española (mayormente por parte de colonizadores extremeños, andaluces, castellanos y vascos), durante los siglos XVI a XVIII, mayoritariamente masculina y pequeña en términos cuantitativos pero que impuso un sistema de dominación; secundariamente, pero con un impacto considerable, la colonización portuguesa influyó en los mestizajes e intercambios culturales de la zona oriental.
  • la inmigración forzada de africanos reducidos a la esclavitud entre los siglos XVII y XVIII, principalmente de la etnia bantú;

Durante la época colonial los complejos mestizajes entre las diversas etnias indígenas, españolas, portuguesas y africanas, produjeron un tipo de especial de poblador, característico de la Argentina y otros países vecinos: el gaucho y su equivalente femenino, la «china».

La gran ola de inmigración europea (1860-1955)

Alumnado de una escuela de danza irlandesa en Argentina (en 1982).

Entre aproximadamente 1860[16] y 1955 la Argentina recibió una gran cantidad de inmigrantes mayoritariamente europeos, que impactó decisivamente sobre su composición étnica posterior. Al igual que Estados Unidos, Australia, Canadá y Brasil, Argentina constituyó uno de los principales países receptores de la gran corriente emigratoria europea, que tuvo lugar durante el período que transcurre desde 1850 hasta 1955, aproximadamente.

El impacto de esta emigración europea transoceánica, que en América fue muy grande, en la Argentina fue particularmente intenso por dos motivos:

  • por la cantidad de inmigrantes recibidos;
  • por la escasa población existente en el territorio;

Aproximadamente se calcula que el 90 % de la población total tiene al menos un antepasado europeo que inmigró entre los siglos XIX y XX. Básicamente se pueden distinguir dos grandes corrientes:

En el primer censo de 1869 la población argentina no alcanzaba a 2 millones de habitantes,[18] Para 1920, más de la mitad de quienes poblaban la ciudad más grande, Buenos Aires, eran nacidos en el exterior.

Las nuevas corrientes migratorias desde 1930

Desde los años treinta comenzó a detenerse la migración europea y se produjeron nuevas migraciones que impactaron sobre el mapa étnico:

Luego de la Segunda Guerra Mundial la inmigración proveniente de Europa se redujo considerablemente, pero los niveles históricos de la inmigración proveniente de los países limítrofes se mantiene hasta nuestros días.

Distribución territorial

Regionalmente, la composición de la población, atendiendo a los orígenes nacionales y étnicos, varía.

En la región central del país, donde se concentra la mayoría de la población nacional, la ascendencia se compone principalmente de inmigrantes italianos y españoles llegados durante la gran migración. En menor medida existen colonias y comunidades considerables de paraguayos, franceses, alemanes, polacos, bolivianos, uruguayos, judíos y árabes. La región se caracteriza por un predominio de ascendientes europeos, que desde mediados de siglo XX, se ha venido reduciendo lentamente con el aumento de los componentes indígena y africano y sus mestizajes, debido a la mayor presencia de migrantes internos provenientes del norte y de países sudamericanos. Estos sectores son predominantes en los partidos del oeste y sur del conurbano industrial de Buenos Aires, que constituyen la mayor concentración urbana del país.

En la región noroeste del país la población con antepasados indígenas andinos, o españoles y africanos llegados en tiempos de la colonia, es proporcionalmente mayor a la media nacional, en parte porque era la región más poblada antes y durante la conquista española y en parte porque recibió una menor influencia de la gran migración europea.

En la región noreste hay también una mayor proporción de descendientes de indígenas guaraníes o chaco-santiagueños y africanos. También se han asentado allí importantes colonias polacas, ucranianas, alemanas y rusas, sobre todo en Misiones y Chaco.

La población actual de la Patagonia se formó a partir de las etnias que habitaban este territorio, principalmente de las naciones mapuche, ranquel y tehuelche, combinado de las corrientes migratorias internas provenientes de la región pampeana como también ha sido destacada la influencia de la inmigración galesa, suiza, alemana y chilena.

En relación a los grupos aborígenes, en el norte habitan las principales comunidades de collas, tobas, wichis, guaraníes, chiringuanos y diaguita calchaquíes y en la región patagónica habitan las principales comunidades de mapuches. De todos modos, las migraciones internas han conformado considerables comunidades indígenas en el área de Buenos Aires.[19]

La población asiática compuesta por coreanos, chinos, vietnamitas y japoneses se concentra en el Gran Buenos Aires y, con excepción de la comunidad japonesa, es producto de la inmigración ocurrida en las últimas décadas del siglo XX.

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