Compañía de los Ferrocarriles Andaluces

Compañía de los Ferrocarriles Andaluces
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Acrónimo CFA
Tipo Sociedad Anónima
Industria Transportes, Ferrocarriles
Fundación 31 de mayo de 1877
Fundador(es) Jorge Loring y Oyarzábal
Desaparición 9 de mayo 1936
Sede central Málaga ( España).[nota 1]
Productos Transporte ferroviario
Ingresos Crecimiento 11.573.100 pesetas ( 1888).[2]
Crecimiento 61.991.000 ptas. ( 1926).[3]
Decrecimiento 52.759.300 ptas. ( 1935).[3]
Beneficio de explotación Crecimiento 6.338.100 pesetas ( 1888).[2]
Decrecimiento -3.868.200 pesetas ( 1935).[3]
Capital social 18 000 000 pesetas ( 1878).[4]
Cronología
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La Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, conocida popularmente como "Andaluces", fue una destacada empresa ferrovaria española que destacó durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX.

Esta nació la unión de dos pequeños empresarios con la intención de aglutinar las pequeñas compañías ferroviarias que existían en el área andaluza, aprovechando la crisis económica que había tenido lugar en los últimos años del reinado de Isabel II y coincidiendo con el inicio del Sexenio Democrático. Fundada el 30 de mayo de 1877, creció rápidamente hasta convertirse en la tercera compañía ferroviaria en España tras Norte y MZA. Mantuvo la mayor parte de las líneas ferroviarias en la región andaluza, aunque también poseyó una pequeña línea entre Murcia y Alicante, aislada de su red principal. Tuvo una próspera existencia hasta finales los años 20, cuando entró en un declive que terminaría en 1936 con su nacionalización por parte del Estado.

Historia

Nacimiento de la compañía

A principios de 1860 la fiebre por la construcción de los ferrocarriles había dejado una importante red ferroviaria a lo largo de España. Sin embargo, con la crisis financiera que se desata a finales del reinado de Isabel II, muchas compañías ferroviarias entraron en una delicada situación que las dejaba al borde de la quiebra. En la zona andaluza ya se habían construido numerosas líneas ferroviarias pero todas en manos independientes y con la crisis económica de 1864- 1866 quedaron en una situación aún más grave. De estas líneas, destacaban especialmente el Ferrocarril de Córdoba a Málaga, el Ferrocarril de Córdoba a Sevilla y el Ferrocarril de Sevilla a Cádiz, pues eran estos los más rentables e importantes de la red en la región andaluza. En 1875, después de la gran inestabilidad durante los años del Sexenio Revolucionario, volvió una época de bonanza, y la situación económica de algunas compañías ferroviarias mejoró.

En este contexto, de la mano de dos empresarios nació la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces (también conocida popularmente como "Andaluces"): Por un lado Jorge Loring y Oyarzábal, que ya había disputado el control sobre varios trazados ferroviarios al mismísimo José de Salamanca; por otro lado se encontraba Joaquín de la Gándara y Navarro, que poseía la propiedad de algunos trazados en la Andalucía Occidental. A partir de la unión de esta serie de pequeños trazados ferroviarios se pretendía a posteriori una expansión aprovechándose de la quiebra económica en que se encontraban un gran número de pequeñas compañías. Con esta expansión también se pretendía la creación de un mercado común al unir líneas ferroviarias.[6]

La edad de Oro de la Compañía

Imagen de la antigua estación de ferrocarril de Málaga en 1867, todavía bajo control de la Compañía del Ferrocarril de Córdoba a Málaga.

En 1880 los Ferrocarriles Andaluces llevaban una buena racha económica, y con un segundo ejercicio muy aceptable. El rendimiento mayor lo ofrecía la línea de Sevilla- Jerez- Cádiz debido a la llanura existente que permitía un rápido desplazamiento.[8]

Con la apertura de esta línea se creó un nuevo acceso a gran parte de Andalucía al estar Puente Genil ya conectado con Córdoba y Málaga. La creación y crecimiento de la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces detuvo los planes de expansión en Andalucía de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), que ya contaba con una conexión con Córdoba desde la meseta y con la línea Córdoba- Sevilla.[9] A pesar de todo, en 1877 MZA ya había adquirido el ferrocarril Sevilla- Huelva terminando con su expansión por el sur.

Había algunas líneas férreas que, sin tener la importancia de las principales, también destacarían como la de Osuna- La Roda, adquirida su concesión por Loring en 1875 y que unía la línea de Córdoba-Málaga con el Utrera- Osuna. Otra construcción fue la ampliación del Jerez- Sanlúcar al Bonanza. La concesión de la línea Murcia- Alicante fue finalmente terminada en 1884 pero nunca pudo unirse con el núcleo de la red de Andaluces y quedó, así, aislada por largo tiempo, aunque su explotación permitía la subsistencia de las infraestructuras[12]

A pesar de la deficiente situación económica, Andaluces acometió numerosas medidas como la renovación del parque móvil mediante la compra de nuevas locomotas y vagones, así como la renovación de las infraestructuras: en 1905 fue inaugurada una nueva estación en Cádiz mientras que al año siguiente se inauguró la nueva estación de San Bernardo en Sevilla. En la línea Córdoba-Málaga se sustituyó el primitivo rail como primer paso para la renovación de las vías en la amplia red que entonces alcanzaba los 1083 km.[14]

La empresa decae

Locomotora perteneciente a la Serie 401-450 de los Ferrocarriles Andaluces.

Entre 1914 y 1918 tuvo lugar la Primera Guerra Mundial que afectó a España de forma importante, en tanto que supuso el cierre a las importaciones de tecnología extranjera. Las repercusiones en el ferrocarril español no fueron pocas, y todas las compañías entraron en una profunda crisis de la que tampoco fueron inmune los Ferrocarriles Andaluces. A pesar de la mala situación económica, en 1916 ésta tomó en arriendo las líneas Linares- Almería y Moreda- Granada, que eran propiedad de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España (el arriendo se debía a la desastrosa situación financiera de esta compañía menor). El arriendo de esa compañía no trajo precisamente buenos resultados, pues significó otra importante carga económica. De todas formas, los Ferrocarriles Andaluces no se anexionarían definitivamente la maltrecha compañía hasta 1929.[15] Llegados los años 20 la situación de las compañías ferroviarias españolas mejoraría al amparo del Estatuto Ferroviario de 1924 y las ayudas estatales por parte del gobierno de Primo de Rivera, que llevaba instalado en el poder desde 1923. En ese momento, Andaluces controlaba la mayor parte de las líneas ferroviarias del sur de España y logró llevar una situación financiera medianamente decente gracias a las ayudas estatales. Esta situación se volvió inversa después de la proclamación de la Segunda República, cuando los gobiernos republicanos cortaron drásticamente las ayudas estatales a las compañías.

Expropiación estatal y desaparición

Andaluces llegó a ser considerada la tercera empresa de transporte ferroviario más grande del país. Sin embargo, durante los años posteriores a la llegada de la II República la situación financiera de la compañía fue empeorando hasta llegar a la situación de déficit en 1935, mientras que al año siguiente se encontraba en una situación cercana a la suspensión de pagos, que amenazaban la continuidad de los servicios públicos. Como resultado de esto, el gobierno del Frente Popular decretó la incautación de los Ferrocarriles Andaluces mediante el Decreto del 9 de mayo de 1936 y así el Estado se hacía cargo de la compañía.[18] La desaparición final llegaría con la creación de RENFE y la desaparición de los últimos vestigios de "Andaluces".

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