Comedia de magia

Las comedias de magia son un subgénero dramático de la decadencia del teatro barroco español e hispanoamericano integrado por más de setenta obras compuestas y estrenadas en los siglos XVIII y XIX.

Historia y características

Con su origen en el teatro más imaginativo del siglo XVII, y en concreto en la comedia de santos, cuyos milagros espectaculares seducían a la gente, fueron muy populares en el siglo XVIII e incluso en parte del XIX por el espacio que dejaban a la imaginación, pues su mayor atractivo, y muchas veces objetivo principal, era una espectacular tramoya bien provista de abundantes efectos escenográficos, siendo, según el antropólogo Julio Caro Baroja, un avance en cuanto a que secularizaban los prodigios al atribuirlos a la magia blanca. A pesar de tener como referencia excelentes ejemplos como El sueño de una noche de verano de Shakespeare,[1] fueron denostadas por los escritores neoclásicos, uno de cuyos parámetros principales era la contención imaginativa, eliminando todo aquello que se consideraba exagerado, inverosímil o de «mal gusto».

Se desarrollan en lugares exóticos y tratan temas que explotan la sensiblería popular; hacen un gran uso de la tramoya y de los efectos escenográficos: transformaciones, mutaciones, vuelos y desapariciones, que en ocasiones tenían un protagonismo casi absoluto. Había encantos, duendes, diablos, enanos que se convertían en gigantes, fantasías que hacían las delicias del gran público. Tales despliegues escénicos sin embargo fueron objeto de la ironía y el desprecio de los autores neoclásicos. Así por ejemplo los sarcásticos versos de Moratín:

"Si del todo la pluma desenfrenas
date a la Magia, forja encantamiento,
y salgan los diablillos a docenas,
aquí un palacio vuele por los vientos,
allí un vejete se transforme en rana,
todo asombro ha de ser, todo portentos."

Leandro Fernández Moratín.[2]
Other Languages