Coeficiente de caja

El coeficiente de caja, también denominado coeficiente de encaje bancario, coeficiente legal de reservas o coeficiente de reservas, es la porción del depósitos de un banco que debe ser mantenido en reservas líquidas, y por tanto no se puede usar para inversiones o ni préstamos. Las autoridades monetarias de cada país establecen un coeficiente mínimo de reservas que todas las entidades financieras han de cumplir. En algunos casos, las entidades financieras pueden colocarse por encima del mínimo fijado legalmente.[1]

Descripción

Los bancos no guardan el dinero depositado en ellos, ya que mantener los fondos inmovilizados en sus instalaciones es menos rentable, por ello todo banco toma gran parte del dinero depositado y lo intenta invertir, bien mediante créditos, en valores (bolsa) o en deuda (bonos).

Un banco no puede invertir todos los depósitos que los ahorradores le entregan, ya que ello podría producir fallos de liquidez o quiebras de las instituciones. Para impedir estas situaciones (entre otros motivos), la normativa dictada por el banco central obliga a los bancos a mantener un porcentaje de los depósitos en su poder.

El coeficiente de caja (c) es igual al porcentaje entre los activos del sistema bancario o reservas (ACSB) y los depósitos entregados por los ahorradores al banco (D).



Esto quiere decir que un coeficiente de un 2% (habitual en la zona Euro hoy en día) significa que por cada 100 € que depositamos en ahorros en una entidad, ésta mantiene 2 € como reservas legales (ACSB) y tiene la capacidad de invertir o conceder créditos por valor de 98 €.

Las reservas se materializan en dos formas, en el dinero que los bancos guardan en sus cajas fuertes (reservas de caja) que es un valor adicional, y en las que están depositadas en el banco central, que suelen representar la parte más importante, puesto que los bancos adicionalmente mantienen un porcentaje mucho menor de reservas de caja.

La finalidad de las reservas es garantizar la solvencia a corto plazo de los bancos (evitar la quiebra del sistema bancario, como los crack del 29 o el corralito de Argentina) e impedir la multiplicación de los fondos de un modo descontrolado. Cuanto mayor sea el coeficiente de caja más difícil es que un banco quiebre, pero también será menor la proporción de créditos concedidos por unidad de depósito y por tanto su rentabilidad y sus beneficios serán menores.

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