Clemente VIII (antipapa)

Clemente VIII (antipapa).

Clemente VIII, nacido con el nombre de Gil Sánchez Muñoz y Carbón ( Teruel, 1370- Mallorca, 28 de diciembre de 1446) fue arcipreste de Teruel y antiguo canónigo de Barcelona. Pasó a la historia como el Antipapa, no reconocido oficialmente por la Iglesia católica, que sustituyó a Benedicto XIII el 10 de junio de 1424 y quien duraría en ese cargo hasta el 26 de julio de 1429, año cuando abandonaría sus pretensiones de forma definitiva.

Poco antes de morir, el antipapa Benedicto XIII designó cuatro cardenales entre sus clérigos de mayor confianza, con el encargo que ellos a su vez se constituyeran como Colegio cardenalicio y designaran a su sucesor, preservando la formalidad para la elección de un nuevo jefe de la Iglesia católica. La elección papal así prevista fue ejecutada sólo por los tres cardenales leales a Benedicto XIII, pero Muñoz aceptó la designación y tomó el nombre de Clemente VIII.

El nuevo papa Martín V, reconocido ya prácticamente como tal por casi toda la Europa católica, ordenó a los obispos de Barcelona y Tortosa que intervinieran para resolver este cisma. La situación perduró, sin embargo, unos años más pues el enfrentamiento político entre el Papado y el rey aragonés Alfonso V de Aragón por el reino de Nápoles hizo que la Corona de Aragón mantuviese de forma puramente artificial el cisma y se negara a eliminar la resistencia de Clemente VIII, aunque los aragoneses jamás realizaron actividad alguna para imponer a este antipapa como jefe de todo el catolicismo.

Martín V envió como legado a Alfonso de Borja (el futuro papa Calixto III) para que negociase con el rey Alfonso V de Aragón la terminación de su apoyo político al antipapa. Así, cuando el rey de Aragón consiguió que Martín V hiciera también concesiones (entre las que se incluían las relativas a su posesión del reino de Nápoles) el propio monarca obligó a abdicar a Clemente VIII a mediados de 1429, en tanto el cisma resultaba ya políticamente inútil y hasta embarazoso para Aragón.

El último acto del pontificado de Clemente VIII (cuya autoridad efectiva sólo se reducía al Castillo de Peñíscola) fue el reconocimiento de la autoridad de Roma y su abdicación en la localidad de Sant Mateu/San Mateo, en el Maestrazgo castellonense, el 26 de julio de 1429, acto con el cual se da por terminado el Cisma. La abdicación abarcó al antipapa Clemente, a sus tres cardenales, y a los pocos dignatarios que aún le obedecían, abandonando Clemente su nombre pontificio y volviendo a tomar su nombre de bautismo.

Martín V le nombró entonces obispo de Mallorca, en compensación, y como tal el ex antipapa murió allí el 28 de diciembre de 1446.


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