Clarián de Landanís

El Clarián de Landanís es un ciclo de libros de caballerías españoles del siglo XVI que alcanzó una apreciable popularidad. Varios de los episodios contenidos en obras de este ciclo sirvieron de inspiración para el Quijote.

Del ciclo de los Clarianes se conocen cinco obras distintas:

I.- La historia del muy noble y esforçado cavallero don Clarián de Landanís, hijo del rey Lantedón de Suecia

Esta obra fue publicada por primera vez en Toledo en 1518, a cargo de la imprenta de Juan de Villaquirán, que había sucedido al editor Hagenbach en 1512. Villaquirán imprimió también, en octubre de 1515, La demanda del sancto Grial en la ciudad imperial. Del autor de la primera parte del Clarián, Gabriel Velázquez de Castillo, poco se sabe. De la edición princeps queda un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Viena (antigua Biblioteca Imperial), y de la de Sevilla (1527) hay uno en la Biblioteca Nacional de Madrid. Las ediciones de Lisboa (1528) y Medina del Campo (1542) solo se conocen por referencias.

El Libro primero, claramente inspirado en el Amadís de Gaula, relata la vida y aventuras de Don Clarián de Landanís, hijo del rey Lantedón de Suecia y de la reina Damavela, así como sus amores con la princesa Gradamisa, hija del emperador Vasperaldo de Alemania.

Autor y dedicatoria

Sobre el autor de Clarián de Landanís, Gabriel Velázquez de Castillo, solo se cuenta con los datos contenidos en su propia obra: que era vecino de la ciudad de Guadalajara y que al escribir el libro era de "juvenil edad" (cap. 91). No se conoce ninguna otra obra suya: a pesar de que anunció que escribir¡a una segunda y una tercera parte de Don Clarián, las continuaciones del libro se debieron a otros ingenios. Debió ser persona de cierta ilustración, ya que tenía aceptables conocimientos históricos (por ejemplo, sobre los reyes visigodos, los Emperadores de Bizancio, etc.) y mitológicos. De seguro estaba bien familiarizado con las historias caballerescas de su época; en Clarián de Landanís hallamos mencionados a Lanzarote del Lago, a la reina Ginebra, a Tristán de Leonís y a la reina Iseo, y es muy posible que hubiera leído el Amadís de Gaula, aunque no cita el nombre de éste al enumerar los grandes caballeros de la antigüedad. Parece también que sabía bastante sobre Alemania, ya fuera por medio de lecturas o por haberla visitado. Hay además un detalle que llama la atenci¢n: Don Clarián de Landanís, hijo de los reyes de Suecia, acostumbra a usar un escudo con tres coronas de oro, motivo heráldico efectivamente vinculado con la Casa Real de ese país y que todavía hoy aparece en las armas de sus monarcas. Cabe afirmar que la cultura de Velázquez de Castillo era superior a la de otros autores de libros de caballerías, y que supo utilizarla hábilmente para aumentar la verosimilitud de su obra y fortalecer su supuesta historicidad. Aunque no es un escritor muy notable, su lenguaje tiene elegancia en muchos párrafos. La narración es bastante ágil, y a pesar de la profusión de personajes, sus aventuras son presentadas de un modo que mantiene el interés del lector.

Velázquez de Castillo dedicó su libro a Charles de Lannoy (1482-1527), caballerizo mayor y buen amigo del rey español Carlos I (todavía no era Emperador en 1518), y posteriormente Virrey de Nápoles. Se ignora qué tipo de relación hubo entre el escritor y Lannoy. En la edici¢n princeps aparece mencionado como "ilustre y muy magnífico señor Charles de Mingoual, Mussiur de Sanzela" y en la de 1527 como "Don Carlos de Mingroval". Velázquez del Castillo señala que se le conocía con el sobrenombre de "Monsieur le grand", y alude a sus dotes militares y a su virtud y grandeza de corazón. En algunos pasajes de su obra, el autor abandona la narración para dirigirse directamente a Lannoy, como ocurre en el capítulo 44: "Pues, oh, cuán bien andantes muy magnífico señor, se pueden llamar aquellos que semejantes príncipes o señores alcanzan, cómo sea gloria y bienaventuranza muy cumplida para ellos en este mundo, y cuánto los tales los deben amar y servir con fe, amor, lealtad y firmeza! Que por cierto los que son súbditos de príncipes o señores justos, piadosos, liberales, francos y graciosos con tan justa razón deben ser contentos y loarse, cuanto plañirse y quejarse los que al contrario los tuvieren." Otros pasajes de parecido estilo, dirigidos también a Lannoy, aparecen en los capítulos 78, 91 y 129 de la obra. Y al término de ésta, Velázquez del Castillo dedica una especie de despedida al aristócrata y le llena de elogios.

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