Ciudadano en la Antigua Grecia

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El ciudadano en la Antigua Grecia se define por un cierto número de prerrogativas y ventajas, de obligaciones y exigencias que le distinguía de los no ciudadanos: prerrogativas políticas, jurídicas, religiosas, beneficios sociales, exigencias fiscales y obligaciones militares. Metecos y esclavos vivían en la ciudad con los ciudadanos, pero esta era exclusivamente una comunidad de ciudadanos, y de ciudadanos hombres, puesto que las mujeres estaban excluidas de los derechos políticos.

Privilegios y obligaciones del ciudadano

Prerrogativas políticas

Las prerrogativas políticas corresponden al derecho del ciudadano de participar en la gestión de los asuntos públicos:

Estas prerrogativas van mucho más allá de la política en el sentido estricto del término, ya que el ciudadano participa en el poder deliberativo, el poder ejecutivo y el poder judicial.

La historia de las ciudades griegas conduce a considerar tres tipos de regímenes políticos:

  • aquellos en los que todos los ciudadanos pueden participar plenamente en la gestión de los asuntos públicos, reuniéndose en asambleas, consejos o los tribunales ejerciendo magistraturas.
  • aquellos, en los que junto a los ciudadanos que participan plenamente, otros participan parcialmente, porque no tienen acceso a las magistraturas —o únicamente a alguna de ellas— y se limitan a participar en las asambleas y tribunales, a veces solo en las asambleas
  • aquellos regímenes en los que junto a los ciudadanos de pleno derecho, hay quienes no participan ni en las asambleas, ni en los tribunales y que son considerados ciudadanos, porque gozan de prerrogativas distintas de prerrogativas políticas. Los primeros participan de la arkhé, es decir del poder. los segundos no son menos ciudadanos, sino que serían ciudadanos pasivos, frente a los primeros que serían ciudadanos activos. Aristóteles considera que los ciudadanos que no participan de la arkhé son pseudo-ciudadanos.[1]

Prerrogativas jurídicas

El derecho de propiedad

Uno de los privilegios esenciales del ciudadano es el derecho de propiedad, más concretamente el derecho a tener un predio en el territorio de la ciudad. Es lo que los documentos oficiales traducen por la expresión enktésis gès kai oikias, derecho de poseer tierra y una casa. Este privilegio inherente a la ciudadanía, se pierde cuando al ciudadano que ha cometido una falta grave se le confiscan sus bienes, a la vez que se le retiran sus privilegios religiosos y judiciales. En Atenas esta degradación cívica se llamaba atimia.

El acceso a los tribunales y las garantías judiciales

Tablillas de identificación de ciudadanos atenienses (nombre, nombre del padre, demo) para el sorteo de los jurados. Museo del Ágora de Atenas.

La cualidad de ciudadano garantizaba a un hombre la potestad de emprender una acción como demandante o a responder como defensor ante los tribunales ordinarios, sin intermediario ni garante, ni caución.

Prerrogativas religiosas

El ciudadano no es solo el que participa de la arkhé, sino el que tiene el privilegio de participar completamente en todas las manifestaciones de la religión cívica. Tiene derecho de participar en los sacrificios, de tomar parte activa de las fiestas religiosas y de ejercer un sacerdocio.

Participar en los sacrificios

Es un privilegio esencial del ciudadano. El sacrificio es el acto religioso por excelencia, aquel por el cual la ciudad entera se comunica con sus dioses. El animal sacrificado se dividía en dos partes: la grasa y el hueso de los muslos son quemados en ofrenda a los dioses, la carne es repartida entre los participantes y consumida por ellos. Los extranjeros no eran generalmente admitidos a este acto de comensalidad, excepto en algunos casos para extranjeros residentes.

Tomar parte activa en las fiestas religiosas

Es un derecho reservado al ciudadano. En Atenas, el extranjero no puede tomar parte en los concursos organizados en las fiestas cívicas, salvo los que revisten la dimensión de una fiesta panhelénica.

Ejercer un sacerdocio

El ciudadano es el único en poder pretender el ejercicio de un sacerdocio. Debe sin embargo cumplir ciertos requisitos: estar físicamente íntegro, no haber cometido ningún crimen, pertenecer a una familia sin mancha, ser de nacimiento legítimo. En Atenas, los que han accedido recientemente a la ciudadanía no pueden ejercer el sacerdocio. Solo los niños eran autorizados, a condición de que su madre fuera ateniense y se hubiera desposado con su padre en matrimonio legítimo. Son excluidos del sacerdocio los ciudadanos que han sido castigados con la atimia.

Beneficios sociales

La ciudad reservaba al ciudadano un cierto número de beneficios que le son expresamente conferidos para facilitarle la asistencia a las fiestas públicas y para permitirle subvenir sus necesidades vitales, si tiene escasos medios.
a) En Atenas, el ciudadano percibía una indemnización por asistir a los espectáculos que tenían lugar en las fiestas religiosas como las Dionisias. Originariamente, se trataba de permitir a los ciudadanos más pobres la asistencia a las representaciones teatrales. Más tarde, era suficiente con estar presente en una fiesta, incluso si no constaba de espectáculos, con lo que esta indemnización se transformó en un subsidio. Los fraudes eran duramente reprimidos.
b) En época de escasez, cuando el trigo se encarece, el Estado lo distribuye gratuitamente a los ciudadanos o lo vende a precios bajos. Los beneficiarios deben acreditar su condición de ciudadano, y en caso de necesidad se procedía a una revisión de las listas cívicas.
c)En circunstancias particularmente difíciles, sobre todo en tiempo de guerra, podía decretarse una ayuda excepcional a los ciudadanos más pobres.

Obligaciones fiscales

El ciudadano debía participar en las cargas fiscales que la colectividad exigía de cada uno de los miembros en proporción a sus recursos. En Atenas, para la evaluación de estas obligaciones, los ciudadanos eran repartidos en cuatro clases censitarias según su fortuna: la primera clase, la de los pentacosiomedimnos agrupaba a los ciudadanos que habían obtenido unos ingresos de al menos 500 medimnos de grano o 500 metretas de aceite, la segunda clase, la de los hippeis, comprendía los ciudadanos cuyos ingresos eran iguales o superiores a 300 medimnos o 300 metretas; la tercera clase, los zeugitas, era la de los que tienen 200 medimnos o más; la cuarta clase, los tetes, estaba compuesta por los que tenían unos ingresos inferiores a 200 medimnos o metretas.

En Atenas, las cargas fiscales revestían dos formas principales: la eisphora y las liturgias.

  • La eisphora no era un impuesto regular, sino un impuesto extraordinario recaudado en caso de necesidad para hacer frente a gastos excepcionales, por ejemplo para las necesidades militares. Originariamente, la eisphora estaba basada solo sobre la propiedad inmobiliaria y repartida entre las tres primeras clases, los tetes estaban excluidos. En 378-377 a. C. se procedió a una importante reforma, todos los bienes, inmuebles y muebles fueron tenidos en cuenta. Sobre la base de la declaración de cada contribuyente, el Estado establecía una estimación global de la fortuna de los ciudadanos y fijaba, a partir de esta estimación, el montante total de los ingresos que afectaba la eisphora. Los ciudadanos fueron entonces repartidos en sinmorías o grupos de contribuyentes. Cada sinmoría contribuía, por una parte igual, en el montante total del impuesto: en cada sinmoría de forma interna, se hacía la repartición prorrateada a la fortuna de cada uno sobre la base de su declaración. Para recibir más rápidamente la suma descontada, el Estado creó un poco más adelante la proeisphora pagada por los 300 ciudadanos más ricos que adelantaban la totalidad de la eisphora, que les debía ser reembolsada por los demás contribuyentes, lo que no siempre fue fácil y causó muchas fricciones.
  • El principio de la liturgia descansaba sobre que los ciudadanos más ricos se encargaban de los gastos de utilidad pública. En Atenas se conocían varias liturgias: la coregía, organización de coros para las representaciones (ditirambos, comedia, tragedias que tenían lugar en las grandes fiestas religiosas; la gimnasiarquía, de la que se encargaba un ciudadano para los gastos de entrenamiento y participación de su tribu en algunas pruebas deportivas; la hestiasis, organización de una comida pública ofrecida a los miembros de la tribu; la arquiteoría, responsabilidad de la delegación religiosa de anunciar en el extranjero las grandes fiestas de la ciudad o representarla en las fiestas organizadas por otras ciudades; la trierarquía, equipamiento y mando de un trirreme.

Obligaciones militares

El ciudadano estaba obligado al servicio militar, y esta obligación parecía, en algunos aspectos, un privilegio reservado a él. En principio, la ciudad no lo recortaba más que excepcionalmente a los no ciudadanos (extranjeros residentes o esclavos) y cuando era necesario, los enrolaba en unidas distintas. No todos los ciudadanos eran iguales ante las obligaciones militares, porque en la mayor parte de las ciudades las cumplían en función de su fortuna.

En Atenas, todos los ciudadanos de 20 a 49 años de edad podían ser llamados para partir en campaña militar. Antes de los 20 años, los jóvenes ciudadanos atenienses cumplían un periodo de formación cívica y militar en el curso del cual eran acantonados en diferentes puntos fortificados y patrullaban la chora. De los 50 a los 59 años, el ciudadano podía ser requerido para asegurar las murallas en tiempo de guerra. Pero la adscripción de los ciudadanos se basaba en sus recursos, ya que tenían que armarse y equiparse a su costa.

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