Circo criollo

Los historiadores afirman que el circo criollo fue el primer espectáculo que puso en juego algo de la identidad sudamericana, por haber sido el primero que dejó de imitar las artes provenientes de Europa, tiene sus inicios a mediados del siglo XVIII en Argentina y Uruguay.[4]

Realizaba sus presentaciones en carpas que iban de pueblo en pueblo, su significación ha sido destacada en todas la referencias al teatro rioplatense, sobre todo lo relacionado a la actividad de los Hermanos Podestá ya hacia finales del siglo XIX. Se trataba de un espectáculo con pista circense y escenario, donde las obras teatrales jugaban el rol artístico más importante.[5]

Historia del circo criollo

Los antecedentes de espectáculos circenses en la zona del Río de la Plata se remontan a 1757, acróbatas y volatineros como Arganda en el coliseo de Aguiar y Sacomano en Buenos Aires, Joaquín Duarte, Joaquín Oláez y Gacitúa y la familia de Fernando García que actuaban en la Plaza de Toros de Retiro o en el Circo de la Alameda, también el Circo Bradley, que ofrecía actos de jinete y payaso hacia 1820, y el circo de José Chiarini. Hacia 1836 comenzaron a aparecen los volatineros criollos.

En 1840 nació Sebastián Suárez a bordo de una embarcación en jurisdicción brasileña, aunque sería anotado en Buenos Aires. Siendo niño ve al Circo Olímpico de Juan Lippolis, y ese encuentro lo lleva a buscar materiales como bolsas de arpillera, a las que desarma y vuelve a armar extendidas para confeccionar su propia carpa de espectáculos.[6]

En cada presentación circense de la zona Sebastián Suárez aprende trucos y técnicas, utiliza maquillaje y ropas estrafalarias y se convierte en tony. A la entrada coloca un cartel que dice: "Circo Flor América". Así nació el primer circo de Buenos Aires, al que luego Alejandro Rivero (yerno de Sebastián Suárez) bautiza Circo Unión y luego el Circo de los 7 Hermanos.

Algunos historiadores opinan que el verdadero circo criollo nació 1886 cuando los hermanos Gerónimo y José Podestá y la representación la obra de Eduardo Gutiérrez Juan Moreira.

Los hermanos Podestá fueron contratados en Montevideo por Pablo Rafetto en 1877 para realizar acrobacias y allí nació el personaje de José Podestá "Pepino el 88".[6]

A partir de 1886 comenzaron a denominarse circos "de primera parte" a los que solo ofrecían números de pista y circos "de primera y segunda parte", los que ofrecían luego una representación teatral. La denominación de circo criollo responde al carácter humilde y las representaciones autóctonas que los caracterizaban.

Sus giras acercaron las primeras experiencias teatrales a poblaciones alejadas de la capital, así como costumbres y usanzas rurales al público de la ciudad. Su creciente popularidad, así como la expectativa generada por la llegada de un nuevo espectáculo, motivó a numerosos autores dramáticos.[8]

A fines del siglo XIX surgieron numerosos circos criollos argentinos como el Circo Ecuestre, el San Carlos, Circo Paysandú o Circo Pabellón General Lavalle, y en la primera década del siglo XX el Queirolo, el Anselmo, el Giani, el Unión, el Fassio, el Saporitti, el Sarrasani o el Alarcón, entre otros.[6]

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