Cipango

Cipango o Zipango es el antiguo nombre dado por los europeos y chinos a Japón en la baja Edad Media y durante la Edad Moderna, el término proviene del nombre original de Japón, pasado a través de su adaptación al antiguo chino mandarín:

Antiguo
japonés
Chino
medio
Antiguo
pekinés
Lenguas
europeas
Japonés
moderno
Nippon- > *Nibon-guo > Rìbĕn-guó
. [ʐɪb̥̥ən g̥wo]
> Zipango [zipan go]
Japan [ʒəpan]
Nihon-

En el paso del chino medio al antiguo mandarín diversos dialectos presentan confusiones entre /n/ y /ʐ/. Este segundo fonema que representa una fricativa retrofleja sonora se resolvió en fricativa palatal /ʒ/ (Japan, Japón) o fricativa alveolar sonora /z/ (Zipango). Sin embargo, debe aclararse que el término Nippon aún siendo una palabra japonesa no se refería a todo el país, sino que la unidad de Japón fue posterior a la adopción del término chino Rìbĕn-guó para designar a todo Japón.

Influencia histórica

Marco Polo

Mapa de los dominios mongoles, entre 1300 y 1405.

En el siglo XIII, el mercader veneciano Marco Polo fue uno de los primeros europeos en recorrer toda la ruta de la seda, hasta la actual China. Las memorias de sus viajes fueron compiladas en el libro Il Milione ("el millón") o Libro de las Maravillas en donde se describen las singularidades de los diversos territorios y ciudades que éste ha visitado. Aunque Marco Polo no pasó más allá de China, en su libro aparecen varias referencias sobre la isla de Cipango.[1]

Según Marco Polo, Cipango era una isla muy grande que se hallaba en el mar de China, a 1.500 millas de la costa y que se encontraba habitada por indígenas blancos e idólatras, que no estaban bajo el yugo de ningún monarca extranjero. En el libro de las maravillas se destaca la riqueza incalculable que poseía dicho territorio, ya que el propio señor de la isla contaba con un gran palacio recubierto enteramente en oro. Incluso los pisos de dicho palacio también estaban hechos con oro de un espesor de más de dos dedos.[2]

Continuando con el relato de Marco Polo, el Gran Kan del Imperio mongol, Kublai, tentado por la gran riqueza de Cipango envió, en el año 1269, una flota con el objetivo de invadir la isla. Cuando las tropas mongolas apenas iniciaban la ocupación del territorio, una gran tormenta azotó a los barcos anclados en la costa, por lo que muchos soldados decidieron refugiarse en las naves y escapar antes de que la flota fuese totalmente destruida. De esta retirada, unos 30 mil hombres quedaron náufragos en una isla vecina de menor tamaño y algunos otros lograron regresar a la costa de China. Enterado de ésta situación, el señor de Cipango envió una flota a ésta isla para liquidar a los sobrevivientes, sin embargo, cuando las tropas cipanesas desembarcaron y se adentraron en el territorio en busca de los mongoles, estos aprovecharon la ocasión para arrebatarles los barcos que habían dejado indefensos y con ellos dirigirse rumbo a la isla mayor. Una vez allí, enarbolaron el estandarte del Señor de la isla y de esta manera lograron ingresar pacíficamente en la ciudad Capital, la cual lograron tomar sin problemas ya que los hombres que encontraron allí eran únicamente ancianos. Al descubrir la maniobra de los hombres del Gran Kan, el Señor de Cipango organizó un sitio contra la ciudad que se mantuvo durante siete meses, tras lo cual los mongoles se rindieron a cambio de que se les perdonara la vida, finalizando allí la campaña del Gran Kan contra la isla de Cipango.[1]

Cristóbal Colón

Reconstruction hipotética del mapa de Toscanelli realizada en 1898

Uno de los primeros hombres sabios en atribuir importancia a los testimonios de Marco Polo, fue el matemático, astrónomo, cosmógrafo y médico florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli quien estaba sumamente interesado en determinar la distancia que había entre las costas de Asia y Europa, considerando que América aún no existía para los europeos.[5]

Basándose en las longitudes de Marco Polo, Toscanelli ubicaba la costa oriental asiática unos 30º más hacia el Este que el geógrafo greco-egipcio Claudio Ptolomeo, por lo tanto, la distancia entre Portugal y China debía ser de unas 5.000 millas, o 3.500 millas hasta Cipango, eso sin tener en cuenta a la mítica isla de Antillia, supuestamente ubicada a mitad de camino y que podría ser utilizada como descanso para los viajeros.[4]

Esta teoría, sumada a diversos indicios que le habrían confirmado la existencia de una tierra ubicada al Oeste,[4]

El descubrimiento de América

Representación del desembarco de Colón en Guanahani inspirada en el relato de Bartolomé de las Casas (1893).

La expedición encabezada por Cristóbal Colón partió de la ciudad de Palos de la Frontera el 3 de agosto de 1492 y arribó a las Bahamas el 12 de octubre de ese mismo año. Una vez allí Colón dispuso explorar la zona, suponiendo que estaba en medio del archipiélago asiático descrito por Marco Polo.[7]

Los nativos informaron a los europeos sobre la existencia de una isla grande a la que ellos llamaban Colba ( Cuba) que en un primer momento Colón identificó como Cipango.[9]

Mientras Colón seguía buscando una tierra hacia el Este que los nativos de La Española llamaban Cibao y de donde supuestamente obtenían grandes cantidades de oro,[4]

En el segundo viaje de Colón se profundizó la exploración de las islas del Caribe, mientras que en el tercer viaje, tras no hallar ninguna riqueza significativa en las travesías anteriores, se priorizó la búsqueda de tierra firme. Dicho objetivo se cumplió parcialmente, aunque no con el arribo al Extremo Oriente, sino con el descubrimiento de la actual costa venezolana en Sudamérica.[4]

El cuarto y último viaje de Colón (1502-1504) se produce poco antes de su muerte, privado ya de gran parte de sus títulos y privilegios. Por aquel entonces, los portugueses habían logrado arribar a la India bordeando África y se encaminaban a explorar las tierras ubicadas en el Atlántico Sur, destacándose el descubrimiento de la inicialmente bautizada Isla de la Vera Cruz (hoy Brasil), que en verdad era una parte del continente sudamericano.[4]

En 1504, se hizo pública una carta de Américo Vespucio a Lorenzo de Médicis en la que le narraba sus viajes por la costa de Sudamérica a bordo de naves portuguesas y en la que expresaba su convencimiento de que entre Europa y Asia existía un nuevo continente ( Nuevo Mundo). Cristóbal Colón falleció en 1506 y un año después, el cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller editó un planisferio llamado Universalis Cosmographia, incluyendo al nuevo continente y proponiendo el nombre de América, ya que Américo Vespucio había sido quien lo había reconocido como tal.[10]

Contacto con Occidente

El primer contacto directo entre Japón (Cipango) y Europa se produce finalmente en 1542, cuando un naufragio lleva a que tres marinos portugueses desembarquen en las islas niponas.[11]

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