Cine español

Con el nombre de cine español se conoce a las producciones cinematográficas rodadas por españoles o en España. A lo largo de su historia el cine de ese país ha logrado ofrecer algunas figuras de primer nivel, entre las que destacan: Luis Buñuel, director cuya producción tuvo una gran influencia en Europa (a través de Francia) e Iberoamérica (a través de México) y Pedro Almodóvar, pero se deben citar muchos otros nombres como Segundo de Chomón, Florián Rey, Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga, Carlos Saura, Jesús Franco, Antonio Isasi-Isasmendi, Mario Camus, José Luis Garci, o Alejandro Amenábar.

Otras vertientes han obtenido menos repercusión internacional. Sólo el director artístico Gil Parrondo, ganador de dos Óscar de Hollywood, y el director de fotografía Néstor Almendros (que desarrolló toda su trayectoria fuera de España) o los actores Fernando Rey, Francisco Rabal, Fernando Fernán Gómez, Antonio Banderas, Sergi López y Javier Bardem y las actrices Imperio Argentina, Sara Montiel, Ángela Molina, Victoria Abril, Carmen Maura, Maribel Verdú y, sobre todo, Penélope Cruz y Carmen Sevilla han obtenido cierta fama mundial, generalmente por sus trabajos fuera de España.

En la segunda década del siglo XXI el porcentaje de taquilla correspondiente al cine español en España representa entre el 10 y el 20 %, lo que se traduce en una sensación de crisis que parece profundizarse.

Historia del cine español

Como señalan los autores del libro Cine español en cien películas (2002), Miguel Ángel Barroso y Fernando Gil Delgado, «la historia del cine español es parte integrante de la historia del siglo XX y no un simple "adorno cultural"... la cronología de nuestro cine es parte de la historia de nuestro país». En efecto el cine es un espejo de la realidad y de la sociedad de la época en que fue realizado.

Inicios

Las primeras exhibiciones cinematográficas en España tuvieron lugar en Madrid en mayo de 1896. Por una parte, el húngaro Edwin Rousby presentó, el día 11 de mayo, en el circo Parish, plaza del Rey, el Animatógrafo, sistema también conocido como Teatrograph, derivado del Kinetoscopio de Edison, modificado por el inglés Robert William Paul. Sólo dos días después (13 de mayo) llegarían las imágenes del Cinematógrafo Lumière, que traía Jean Busseret, representante de los inventores lioneses para la Península.[1]

Desde 1896, muchos fueron, extranjeros u oriundos, quienes explotaron el nuevo invento por toda la Península: Charles Kalb, Eduardo Moreno, Eduardo Gimeno, Antonio de la Rosa, Juan Minuesa, Alexandre de Azevedo, Joseph Sellier...

A Alexandre Promio se deben las primeras cintas rodadas en España en Barcelona y Madrid, en junio de 1896, para la casa Lumière. A esta presentación asistir gente pudiente, aristócratas y empresarios de negocios de variedades y atracciones. Era un público muy expectante, que buscaba hacer un buen negocio, ya que Promio vendía también las camadas de video y las peliculas. A él le siguieron otros extranjeros como William Harry Short, Alexandre de Azevedo...

Los primeros españoles que rodaron películas lo hicieron en 1897 como en el caso de Eduardo Moreno o Joseph Sellier. A este último se debe la película desaparecida El Entierro del General Sánchez Bregua (junio de 1897). Eduardo Jimeno Correas, si bien fue un pionero importante, no llegó a rodar películas hasta el año 1899. Había adquirido un aparato Lumière en julio de 1897 y sólo se conocen rodajes dos años más tarde, como el tan celebrado y famoso Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza. También rodó otra película a la cual se le ha dado el nombre de Los saludos. [2]

En esta etapa la gran mayoría de producciones era la documentación de eventos o sucesos, como fiestas o celebraciones políticas y culturales. Este genero de reportaje llamado vistas superaba al cine de ficción, el cual existía pero era poco popular en el momento. Esto se debe a que en el momento el espectador solo veía al cine como un medio para recibir estímulos o impactos visuales, mas comparable a una atracción de feria que a un arte como tal. Es por esto por lo que al cine de la época se le conoce como cine de atracciones.

La primera película española con argumento fue Riña en un café (1897), del prolífico fotógrafo y director barcelonés Fructuós Gelabert. El primer director español de éxito internacional fue el teruelense Segundo de Chomón. Entre sus aportaciones al cine se encuentra el sistema de coloreado artificial cinemacoloris y un gran número de innovaciones en efectos especiales, como el uso de maquetas que podemos ver en Choque de Trenes (1902) o de las sobreimpresiones en Pulgarcito (1903).

El auge del cine mudo

En 1914, Barcelona es el centro de la industria cinematográfica del país. Se inicia el predominio de las llamadas « españoladas», que exageraban el carácter español, y que habría de durar hasta la década de 1980. Se destacan las de Florián Rey protagonizadas por Imperio Argentina y Ricardo Núñez y la primera versión de Nobleza baturra (1925). También se realizan dramas históricos, como Vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América (1917), del francés Gerard Bourgeois, adaptaciones de folletines como Los misterios de Barcelona (1916) de Joan Maria Codina, obras teatrales, como la de Don Juan Tenorio, de Ricardo Baños, y zarzuelas. El mismo Jacinto Benavente, quien diría que «en el cine me pagan los desperdicios», rodó versiones de sus obras teatrales.

En 1928, Ernesto Giménez Caballero y Luis Beluga fundan en Madrid el primer cineclub. Para entonces, Madrid ya era el primer centro industrial fílmico, con 144 de los 28 títulos existentes. Ese mismo año Francisco Elías Riquelme rueda El misterio de la Puerta del Sol, la primera película sonora del cine español.

El drama rural La aldea maldita (1930) de Florián Rey se convierte en un éxito en París, donde, al mismo tiempo, Buñuel y Dalí estrenaban Un perro andaluz.

El cine mudo español tuvo una gran envergadura en cuanto al numero de películas producidas y al de empresas productoras, a pesar de la escasez de medios de los que disponía debido a la falta de financiación por parte de la burguesía, que no veia el potencial de la industria.

La crisis del cine sonoro y el cine de la Segunda República

Cabeza de Luis Buñuel, obra del escultor Iñaki, en el Centro Buñuel de Calanda.

En 1931, la llegada de producciones extranjeras con sonido hunde la producción nacional, que se reduce únicamente a cuatro títulos.

Al año siguiente, Manuel Casanova funda la Compañía Industrial Film Española S.A. ( CIFESA), la productora más importante que jamás haya tenido el país y considerada como derechista. Se ruedan 6 películas, incluida la primera película de Luis Buñuel en España, de carácter documental, Las Hurdes, tierra sin pan.

En 1933 se habían rodado ya 17 películas (4 en 1931, 6 en 1932 y 7 en 1933), y en 1934, 21, entre las cuales está el primer éxito del cine español sonoro La hermana San Sulpicio (1934) de Florián Rey.

La producción de filmes iría ascendiendo hasta las 24 películas rodadas en 1935. En estos años se consolidaron productoras y directores de películas que obtuvieron una importante aceptación popular, como Benito Perojo, a quien se deben El negro que tenía el alma blanca (1934) y La verbena de la Paloma (1935), el mayor éxito del cine español de este período; o Florián Rey que se ocupa de la dirección de La hermana San Sulpicio (1934), Nobleza baturra (1935) y Morena Clara (1936). Este podría haber sido el comienzo de la consolidación de la industria cinematográfica española, pero el inicio de la Guerra Civil aborta los pequeños avances de la cinematografía de la Segunda República.

La guerra y la posguerra

Desde 1936, los dos bandos empiezan a usar el cine como medio de propaganda. En el bando franquista, se crearía el Departamento Nacional de Cinematografía. Al concluir la guerra civil, numerosos profesionales del cine marcharían al exilio.


En el nuevo régimen, se instaura la censura y se impone la obligatoriedad del doblaje al castellano de todas las películas estrenadas en territorio nacional. Destacarían directores como Ignacio F. Iquino (El difunto es un vivo, de 1941), Rafael Gil (Huella de luz, de 1941), Juan de Orduña ( Locura de amor, de 1948), Arturo Román, José Luis Sáenz de Heredia ( Raza, de 1942, con guion del propio Franco) y, sobre todo, Edgar Neville ( La torre de los siete jorobados, de 1944). También puede destacarse Fedra (1956) de Manuel Mur Oti.

CIFESA se impone como la productora más rentable de la época, cuyos largometrajes inspirados en episodios o personajes de relevancia histórica obtienen el beneplácito de las autoridades y a menudo el respaldo del público.

En la década de los cincuenta nacen dos importantes festivales de cine en España: el 21 de septiembre de 1953 nace el Festival de Cine de San Sebastián sin sufrir ninguna interrupción desde entonces, y en 1956 tiene lugar la primera Semana Internacional de Cine de Valladolid o Seminci.

Por su parte, Marcelino pan y vino (1955) de Ladislao Vajda es la primera película española a obtener el reconocimiento de la crítica y del público a nivel mundial, llegando a ganar el premio Oso de Plata de mejor director en el Festival de cine de Berlín y desataría una moda de niños actores, de la que formarían parte las películas protagonizadas con gran éxito Joselito, Marisol, Rocío Dúrcal y Pili y Mili.

El actor Fernando Rey

Pero en los años cincuenta y sesenta, el cine no se limita a rodajes protagonizados por niños prodigio, la influencia del neorrealismo se hace evidente en nuevos directores como Antonio del Amo, José Antonio Nieves Conde con su película más destacada Surcos (1951), Juan Antonio Bardem con Muerte de un ciclista (1955) y Calle Mayor (1956), Marco Ferreri con Los chicos (1958), El pisito (1959) y El cochecito (1960), y Luis García Berlanga con Bienvenido, Mister Marshall (1952), Calabuch (1956), Los jueves, milagro (1957) y, sobre todo, Plácido (1961) y El verdugo (1963). En muchas de ellas interviene el que quizás sea al más importante guionista de la historia del cine español: Rafael Azcona. En las conversaciones de Salamanca, Bardem resumiría el cine de la postguerra en un manifiesto que se haría célebre por su dureza: «El cine español actual es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico». Juan de Orduña obtendría un clamoroso éxito comercial con El último cuplé, de 1957, protagonizada por Sara Montiel.

Buñuel volvería ocasionalmente a España para rodar Viridiana (1961) y Tristana (1970), basada en la novela de Benito Pérez Galdós y protagonizada por Catherine Deneuve y Fernando Rey. Ambas películas, especialmente la primera, causaron cierto escándalo en el contexto represivo de la dictadura franquista.

El nuevo cine español

En 1962, José María García Escudero volvió a ocupar la Dirección General de Cine, impulsando las ayudas estatales y la Escuela Oficial de Cine, de la que saldría la mayoría de nuevos directores, generalmente de izquierdas y opuestos a la dictadura franquista. Entre estos destacan Mario Camus ( Young Sánchez, 1964); Miguel Picazo ( La tía Tula, 1964); Francisco Regueiro ( El buen amor, 1963); Manuel Summers ( Del rosa al amarillo, 1963) y, sobre todo, Carlos Saura ( La caza, 1965). Ajeno a esta corriente, Fernando Fernán Gómez realizaría la clásica El extraño viaje (1964). Mientras tanto, Orson Welles filmó la película Campanadas a medianoche, en 1965. De la televisión procedía Jaime de Armiñán, autor de Mi querida señorita (1971) y Jo, papá (1975), ambas con enorme éxito de taquilla. De la llamada « Escuela de Barcelona», originalmente más experimentalista y cosmopolita, destacan Vicente Aranda, Jaime Camino o Gonzalo Suárez, que realizarían sus obras más importantes ya en la década de los 80.

El cine de la democracia

Estatua del director Luis García Berlanga

Con el fin de la dictadura, se suprime la censura y se permiten las manifestaciones culturales en otras lenguas españolas, además del castellano, fundándose, por ejemplo, el Institut de Cinema Català, entre otros.

En un principio triunfan los fenómenos populares del destape y el landismo. En los primeros años de la democracia, se abordan temas polémicos y se revisa la historia nacional reciente en películas que, en algunos casos, tienen una innegable calidad como sucede, por ejemplo, con Canciones para después de una guerra ( Basilio Martín Patino, 1976) o El espíritu de la colmena ( Víctor Erice, 1973), otras son dignas recreaciones de los años más grises de la dictadura como ocurre con Pim, pam, pum... ¡fuego! ( Pedro Olea, 1975), donde se describen las dificultades de supervivencia de los perdedores en la España más puramente franquista; o particulares visiones esperpénticas del franquismo, como sucede en La escopeta nacional ( Luis García Berlanga, 1978).

Los cambios políticos de esos años se reflejan de forma inmediata en filmes como Camada negra, de Manuel Gutiérrez Aragón; Tigres de papel, de Fernando Colomo y, en un tono menos militante pero de mayor calado popular, Asignatura pendiente, de José Luis Garci, ganador en 1982 del primer Óscar español concedido a la película Volver a empezar. A la vez comienza a hablarse del llamado « nuevo cine vasco» en el que se encuadran directores de la talla de Montxo Armendáriz, Juanma Bajo Ulloa e Imanol Uribe cuyo film La muerte de Mikel (1984), protagonizada por Imanol Arias, logra llevar a las salas de exhibición a más de un millón de espectadores. Y en 1980 Iván Zulueta estrena el largometraje Arrebato, que a pesar de su impopularidad inicial acabaría quizá convirtiéndose en una película de culto, según algunos.[3] De esa época es también la excelente versión de La colmena, la novela de Camilo José Cela que filmó Mario Camus con un reparto excepcional.

El director Fernando Trueba

También en esos años los espectadores llenan las salas para asistir a películas de la llamada « comedia madrileña» representada por directores como Fernando Colomo, el clasicista Fernando Trueba, el humor negro de Álex de la Iglesia y el casposo de Santiago Segura y, sobre todo, los sofisticados melodramas del personalísimo Pedro Almodóvar. Más tarde alcanzarán notoriedad Alejandro Amenábar y Julio Médem.

Pero no puede hablarse del éxito del cine español en su conjunto, sino del de producciones concretas. Como muy bien señala el productor José Antonio Félez, en 2004, por ejemplo, «el 50% de la recaudación total se concentra en cinco títulos y entre 8 y 10 filmes el 80% de ese total».

El cine español produjo 142 largometrajes en el 2005, «la cifra más elevada de los últimos 20 años». Luego, en el 2006 se produjeron 158 largometrajes

Año de producción Espectadores totales (millones) Espectadores de cine español (millones) Porcentaje sobre el total del cine Película Espectadores (millones) Porcentaje sobre el total del cine español
1993 92,5 8,6 9,07% Kika 1,0 11,6%
1994 94,2 7,1 7,29% La pasión turca 1,2 16,9%
1995 96,7 11,6 12,27% El día de la bestia 1,4 12,1%
1996 106,7 10,3 10,8% Two Much 2,1 20,2%
1997 107,1 13,9 14,9% Airbag 2,1 14,1%
1998 119,8 14,1 13,3% Torrente, el brazo tonto de la ley 3 21,3%
1999 131,3 18,1 16% Todo sobre mi madre 2,5 13,8%
2000 135,3 13,4 11% La comunidad 1,6 11,9%
2001 146,8 26,2 17,9% Los otros 6,4 23,8%
2002 140,7 19,0 13,66% El otro lado de la cama 2,7 14,3%
2003 137,5 21,7 15,77% La gran aventura de Mortadelo y Filemón 5,0 22,9%
2004 143,9 19,3 13,43% Mar adentro 4,0 20,7%
2005 126,0 21,0 16,73% Torrente 3, el protector 3,6 16,9%
2006 121,6 18,7 15,47% Alatriste 3,3 17,6%
2007 116,9 15,7 13,47% El orfanato 4,4 32,8%
2008 107,8 14,36 13,18% Los crímenes de Oxford 1,42 9,93%
2009 110,0 17,48 15,55% Ágora 3,48 19,91%
2010 101,6 12,93 12,12% Tres metros sobre el cielo 1,57 12,14%
2011 98,3 15,52 15,79% Torrente 4 2,63 16,95%
2012 94,16 18,28 19,42% Lo imposible 5,91 32,35%
2013 78,69 11,1 14,00% Fast & Furious 6 1,46 13,15%
2014 87,99 22,41 25,47% Ocho apellidos vascos 9,35 41,72%
2015 96,14 18,57 19,32% Ocho apellidos catalanes 5,07 27,30%
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