Científico loco

El estereotipo del científico loco suele representarse como un varón caucásico, anciano, desgreñado, con bata de laboratorio, gafas y pose dramática, muchas veces acompañado de su tradicional "risa malvada".

El científico loco es un personaje tipo ( estereotipo) de la narrativa popular que puede ser malvado o benigno, pero que es siempre despistado. Psicótico, excéntrico o sencillamente torpe, el científico loco trabaja a menudo con tecnología completamente ficticia, con el objetivo de facilitar sus planes más o menos perversos. Alternativamente, no nota la inmoralidad que deriva de la arrogancia de "jugar a ser Dios".

Aunque inicialmente se representó al científico loco como antagonista en las obras de ficción, a causa de la reciente difusión de la cultura geek, las representaciones modernas de los científicos locos a menudo son satíricas y humorísticas, en lugar de críticas. Algunos son incluso protagonistas de ficciones, como Dexter en la serie de dibujos animados El laboratorio de Dexter.

Características distintivas

El científico loco Dr. Alexander Thorkel, interpretado por Albert Dekker, en la película Dr. Cyclops (1940).

Los científicos locos generalmente se caracterizan por tener un comportamiento obsesivo y por el empleo de métodos extremadamente peligrosos o muy pocos ortodoxos. A menudo están motivados por la venganza, en la tentativa de vengarse de las mofas y burlas, reales o imaginarias, como consecuencia de sus investigaciones extrañas y no ortodoxas.

Sus laboratorios a menudo hierven de bobinas de Tesla, generadores de Van de Graaff, generadores de movimiento perpetuo y otros extraños mecanismos electrónicos del aspecto extravagante, o llenos de probetas y complicados aparatos de destilación, que contienen extraños líquidos de colores cuya utilidad se desconoce.

Otras peculiaridades incluyen:

  • Perseguir la investigación científica a toda costa sin preocuparse de sus consecuencias destructivas o incluso éticas, como violar el Código de Núremberg.
  • La autoexperimentación.
  • El creerse una divinidad, jugando con la Naturaleza.
  • La falta de relaciones sociales normales, a menudo hasta el punto de ser “ ermitaños
  • Permanente apariencia descuidada, en ocasiones presencia de deformidades físicas, y desmemoriados a la hora realizar tareas básicas y poco interesantes porque, como buenos sabios, son muy distraídos para ello.
  • En las películas o dibujos animados en lengua inglesa, el hablar con un acento alemán o de Europa del Este. Esto se debe en gran parte a la emigración masiva a los Estados Unidos de científicos europeos en dos oleadas: la primera, antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando escapaban del nazismo, y la segunda después de la guerra, bien cuando escapaban de la Unión Soviética, o bien eran antiguos empleados de los nazis que huían a Estados Unidos (véase Operación Paperclip). En algunos doblajes al español también aparecen imitando dichos acentos.
  • En los villanos, la risa malévola, especialmente cuando sus experimentos alcanzan el clímax.
  • La posesión de algún título académico, normalmente de Doctor o Profesor.
  • Son, casi invariablemente, varones blancos.
Ver diferencias con Genio malvado

Hay que indicar que la mayor parte de estos rasgos no son más que exageraciones de los típicos estereotipos del comportamiento normal de un científico: los científicos a menudo son obsesivos con respecto a su propio trabajo, se desinteresan de las consideraciones sociales que interfieren con sus objetivos, adoptando continuamente una visión del mundo "descuidada", etc.

Quizás también sea interesante señalar que el público general suele tener contacto con científicos activos durante su etapa universitaria. En este entorno tan estratificado, no es raro tener una impresión de egoísmo en los profesores, de obsesión por sus investigaciones personales o de indiferencia.

Como arquetipo narrativo, el científico loco se puede ver como la representación del miedo a lo desconocido, de las consecuencias que resultan cuando la humanidad osa entrometerse en "cosas que es mejor dejarlas como están". Similarmente, la tendencia de los científicos locos de jugar a ser Dios puede ser una extensión de las diferencias entre la religión y la ciencia, como ejemplifican los argumentos sobre la teoría de la evolución, uno de los temas preferidos por los científicos locos, que a menudo crean bestias y monstruos fantásticos en sus laboratorios. Cuando cobró vida el monstruo de Frankenstein, su creador, Víctor Frankenstein exclamó: “¡Ahora sé como se siente Dios!”. Esta frase fue considerada polémica y fue censurada en la versión cinematográfica de 1931.

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