Cicerón

Cicerón
M-T-Cicero.jpg
Busto de Marco Tulio Cicerón.

Cónsul de la República de Roma
en ejercicio del poder supremo
1 de enero de 63 a. C.- 1 de enero de 62 a. C.
Junto a Cayo Antonio Hybrida
Predecesor Lucio Julio César
Gayo Marcio Fígulo
Sucesor Décimo Junio Silano
Lucio Licinio Murena

Información personal
Nombre de nacimiento Marco Tulio Cicerón
Nacimiento 3 de enero de 106 a. C.
Arpino
Fallecimiento 7 de diciembre de 43 a. C.
Formia
Causa de muerte Decapitación Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Antigua Roma Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Religión en la Antigua Roma Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Optimates
Familia
Padres Marco Tulio Cicerón y Helvia
Cónyuge Terencia
Hijos Tulia y Marco Tulio Cicerón
Educación
Alumno de
Información profesional
Ocupación Jurista, escritor, político, orador
Género Neotérico Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimientos Estoicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Obras notables
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Marco Tulio Cicerón (en latín, Marcus Tullius Cicero;[2]

Reconocido universalmente como uno de los más importantes autores de la historia romana, es responsable de la introducción de las más célebres escuelas filosóficas helenas en la intelectualidad republicana, así como de la creación de un vocabulario filosófico en latín. Gran orador y reputado abogado, Cicerón centró —mayoritariamente— su atención en su carrera política. Hoy en día es recordado por sus escritos de carácter humanista,[4]

Constituido en uno de los máximos defensores del sistema republicano tradicional combatió la dictadura de César haciendo uso de todos sus recursos. No obstante, durante su propia carrera no dudó en cambiar de postura dependiendo del clima político. Esta indecisión es fruto de su carácter sensible e impresionable. Intemperante, era propenso a reaccionar de manera excesiva ante los cambios. El escritor Asinio Polión escribió de él:

¡Ojalá hubiera sido capaz de soportar la prosperidad con mayor autocontrol y la adversidad con mayor energía![6]

Biografía

Formación

El joven Cicerón leyendo. Fresco por Vincenzo Foppa. 1464. Brescia.

Cicerón nace el 3 de enero de 106 a. C. en Arpinum ( Arpino), un municipio localizado a 110 kilómetros de la capital, en el seno de una familia plebeya elevada al ordo equester, electoralmente perteneciente a la tribu Cornelia.[9] El origen de su cognomen, Cicerón -de cicer, esto es, «garbanzo»-, no es claro; según Plutarco provenía de un ancestro suyo cuya nariz tenía esa forma, pero también pudiera ser que la familia comerciara de antiguo con estas legumbres.

Cuando era niño le enviaron a Roma para estudiar Derecho con los más importantes letrados del momento, como Escévola - entre cuyos alumnos se encontraban Mario el Joven, Sulpicio y Ático - o Craso Orator. Gracias a este último entró en contacto con Arquias (Aulus Licinius Archias), un poeta de Antioquía del que aprendió lo esencial de la literatura helena y adquirió el placer de la poesía.[11]

Asimismo, maestros como Filón de Larisa o Diódoto le brindaron una sólida formación filosófica.[12] Como todos los ciudadanos romanos, a los diecisiete años comenzó el servicio militar bajo las órdenes de Pompeyo Estrabón - padre de Pompeyo - durante la Guerra Social. Cuando terminó el conflicto ( 81 a. C.) retomó los estudios.

Haría su estreno como letrado ese mismo año con el Pro Quinctio, sobre un problema sucesorio. En 79 a. C. pronunció el Pro Roscio Amerino, en el que había un ataque implícito al dictador Sila.[c] La increíble actuación del orador, que posibilitó que Roscio resultara libre, le llevó a determinar que lo más prudente era mantenerse apartado de la ira de Sila durante un tiempo, por lo que marchó a Grecia ( 79 - 77 a. C.)

El primer año recibió las enseñanzas de Antíoco de Ascalón - académico ecléctico y sucesor de Filón de Larisa, muy marcado por la doctrina aristotélica y estoica - Zenón y Fedro - epicúreos - en Atenas; y entre 78 y 77 a. C del estoico Posidonio de Apamea y del retórico Apolonio Molón en Rodas.[12] En Atenas trabó amistad con Ático, con quien mantendrá el contacto por correspondencia durante el resto de su vida.

Por los muchos maestros que tuvo Cicerón, aplicó distintas concepciones en la resolución de problemas éticos. Sus planteamientos relativos a la moral eran cercanos al estoicismo, mientras que en gnoseología defendía un escepticismo moderado; todo ello desembocará en el eclecticismo presente en su obra, en el que sintetizará la tradición clásica que reescribirá en latín.[13]

Finalizado el periodo de formación retórica y filosófica retornó a la capital y se casó con Terencia. Fruto de este matrimonio nacieron Tulia -esposa en su tercer y último matrimonio, de Cornelio Dolabela- y Marco.[14]

Comienzos de su carrera política

Empezó su carrera política en 75 a. C., cuando alcanzó el cuestorado - primer paso del cursus honorum - en Lilibea ( Sicilia). No obstante en 70 a. C. es cuando comienza a ser reconocido a raíz del proceso contra Verres; Cicerón representó a los sicilianos que acusaron a éste, ex-administrador de la provincia, de estar implicado en múltiples casos de corrupción y en el robo de obras de arte. El discurso de Cicerón resultó tan contundente que Verres, aunque estaba representado por el más célebre orador de la época - Hortensio - se exilió voluntariamente en Massilia ( Marsella) inmediatamente después de esta primera intervención - la llamada actio prima.

En 69 a. C. obtuvo la edilidad y en 66 a. C. la pretura. Ese mismo año defendió el proyecto de ley del tribuno de la plebe Manilio, que proponía conceder a Pompeyo el mando de la lucha contra Mitrídates; el discurso que pronunció - De Lege Manilia - le distanció de los conservadores ( optimates) que se opusieron al proyecto. En ese momento Cicerón decidió liderar una «tercera vía», la de los «hombres buenos» - boni viri - entre el conservadurismo de los optimates y el «reformismo» radical de los populares; como consecuencia, la aparición en escena de populares como César o Catilina le llevó a acercarse nuevamente a los conservadores.

El año 63 a. C.

Cuando más próximo estaba a los optimates obtuvo el consulado imponiéndose en las elecciones a Catilina ( 63 a. C.) con la ayuda de su hermano Quinto.[d] Con ello se convertía en el primer cónsul homo novus en treinta años, lo que irritó a ciertos aristócratas:

...porque hasta entonces lo más de la nobleza no le podía ni oír nombrar; y juzgaba que sería como degradar el consulado, si un hombre de su esfera, aunque tan insigne, llegase a conseguirle.[15]

Como cónsul se opuso a un proyecto del tribuno radical Rulo, en virtud del cual debía constituirse una comisión de diez miembros con amplios poderes que sería responsable de dividir el ager publicus. Obtuvo la neutralidad del otro cónsul - Híbrida - muy vinculado con Catilina, al prometerle el procónsulado de la provincia de Macedonia para el próximo año.[16] Su discurso De lege agraria contra Rullum supuso el rechazo de la proposición.

Ciceron desenmascara a Catilina, obra de Cesare Maccari (1840-1919)
«ninguno de los senadores quiso tomar asiento con él, sino que se mudaron de aquel escaño»[17]

Catilina, derrotado nuevamente en las elecciones consulares de octubre de 63 a. C., decidió encabezar un golpe de Estado del que Cicerón sería informado.[18] El 8 de noviembre denunció a Catilina en el Senado; iniciaría su discurso - la primera Catilinaria - diciendo:

Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? [¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?]

Ese mismo discurso contuvo una conocida sentencia del orador, célebre incluso en nuestros días:

O tempora, o mores! [¡Oh tiempos, oh costumbres!].

Consciente de que era cuestión de tiempo que le detuvieran, Catilina optó por marcharse a Etruria y encabezar desde allí a los insurrectos; en la capital quedaron numerosos cómplices del rebelde, a los que encomendó llevar a cabo el levantamiento en la ciudad.

El 9 de noviembre Cicerón publicó una nueva Catilinaria y declaró que no tomarían represalias contra los sediciosos que se entregaran en el acto. Ese mismo día los senadores aprobaron el «senatus consultum de re publica defendenda», decreto adoptado en los tiempos de crisis que autorizaba a los líderes del Estado a reclutar tropas, combatir, contar con los recursos necesarios, y convertirse en la máxima autoridad civil y militar.[19]

La crisis se acentuó cuando Sulpicio y Catón acusaron a Licinio Murena - cónsul electo para 62 a. C. - de comprar votos. Era inviable cancelar el resultado de las elecciones y llevar a cabo otra nuevas, por lo que Cicerón decidió actuar como letrado de Murena - Pro Murena - durante el proceso, en el que ironizó acerca del inflexible estoicismo de Catón en situaciones extremas:

Si todas las faltas son iguales, todo delito es un crimen; estrangular a un padre no es más que ser culpable de la muerte de una gallina...[20]

Los conspiradores aprovecharon el proceso para comenzar el reclutamiento de hombres. Contactaron con los alóbroges con la promesa de concederles beneficios fiscales si iniciaban una revuelta en la Galia Narbonense, pero estos decidieron alertar a los senadores. Cicerón les ordenó que solicitaran a los traidores una copia escrita con las reformas a las que se comprometían, a lo que éstos accedieron. Con estas pruebas tan evidentes el cónsul denunció públicamente a los cinco conspiradores,[21] entre los que se encontraba el ex-cónsul y pretor Léntulo Sura.

En uno de los debates los senadores - inspirados por la cuarta catilinaria - ordenaron la muerte de los rebeldes, privándoles del derecho a un proceso. César propuso la cadena perpetua,[22] pero la opinión de Cicerón, al que apoyó Catón, prevaleció. Catilina moriría poco después en Pistoia.

En adelante Cicerón quiso ser reconocido como el salvador del Estado - Catón le llamó pater patriae («padre de la patria») - e intentó que los romanos no olvidaran nunca el modo en que actuó durante su consulado.[23]

Crisis

En 62 a. C., muerto ya Catilina, decidió retirarse momentáneamente de la política, dominada entonces por radicales ambiciosos; este retiro acabó en 60 a. C., cuando declaró su oposición al triunvirato que constituyeron César, Pompeyo y Craso. En 59 a. C., año del consulado de César y Bíbulo, éste intentó neutralizar al orador nombrándole comisario responsable del reparto de las tierras de Campania entre los veteranos que combatieron contra Mitrídates. No obstante, Cicerón consideró que lo más prudente era rechazar el puesto.[24]

En marzo de 58 a. C. sus adversarios políticos encabezados por Pisón y Clodio —con el que se enemistó durante el escándalo de la Bona Dea (62 a. C.)— le acusaron de asesinar ciudadanos romanos ilícitamente durante su consulado y coaccionaron a los senadores para que decretaran su exilio en Dirraquio ( Durazzo).[27]

En 56 a. C. Milón impulsó el retorno del orador, que inmediatamente reanudó su actividad como letrado en los procesos contra Publio Sestio Pro Sestio y Celio Pro Caelio implicados en los disturbios provocados por las bandas de Clodio y Milón. Cicerón se obstinó en reconstruir su casa[e] - e incluso los senadores le indemnizaron con dos millones de sestercios - pero recuperar los terrenos iba a resultar problemático después de que Clodio erigiera un templo allí; cuando presionó para que se eliminara el carácter sacrosanto del edificio, Clodio —que en ese momento era edil— le acusó de sacrilegio ante los ciudadanos y ordenó a sus hombres que impidieran el desarrollo de las obras e incendiaran la vivienda de su hermano. Finalmente Pompeyo decidió intervenir para restablecer el orden.

Cicerón correspondió el auxilio de los triunviros con un discurso en el que apoyaba la ampliación de cinco años del proconsulado de César en la Galia que propuso Trebonio: la Lex Trebonia.

Pompeyo el Grande.

La lucha política se trasladó a la calle, donde simpatizantes de uno y otro lado - optimates y populares - provocaron violentos disturbios que empañaron el desempeño ordinario de las elecciones.

En 52 a. C. Clodio murió asesinado en uno de estos altercados; Cicerón aceptó el caso como letrado de Milón, acusado de ordenar la muerte de su adversario. No obstante, el clima político era tan tenso que no pudo desempeñarse correctamente durante el proceso y perdió.[28] Milón evitó la condena autoexiliándose en Massilia. Ciceron publicará años más tarde el Pro Milone, uno de los discursos más célebres del orador.

Proconsulado en Cilicia

En 53 a. C. el Senado impuso un intervalo de un lustro entre el desempeño de una magistratura y el de la promagistratura provincial correspondiente para evitar que los políticos recuperaran el dinero que invertían en las campañas electorales expoliando el territorio. Debido a la carencia de líderes en 51 a. C. los senadores decidieron enviar a administrar las provincias a excónsules que habían renunciado a ellas en el pasado. Cicerón, que rechazó su procónsulado en Macedonia, marchó a Cilicia - una pequeña provincia romana localizada en Asia Menor - donde se desempeñó sin entusiasmo[31]

Levert escribe que Cicerón aprovechó la ocasión para poner en práctica su ideal de como administrar una provincia, basado en la paz y la equidad, esencialmente tributaria: visitó a los líderes de las poblaciones de todo el territorio, suprimió los impuestos abusivos, moderó la tasa de interés usuraria y entabló relaciones diplomáticas amistosas con Deiotaro I de Galacia - rey de Galacia - y Ariobarzanes de Capadocia. Asimismo, tuvo que aplastar una revuelta en el Monte Amanos, próximo a Siria, donde Antioquía estaba amenazada por las incursiones de los partos; para ello reclutó numerosas tropas y nombró legatus a su hermano, veterano de Guerra de las Galias.[31]

Durante el gobierno, tuvo desavenencias con su cuestor Lucio Mescinio Rufo.[33]

Guerra civil y actitud frente a César

En 50 a. C., a su regreso a la capital, una grave crisis política enfrentaba a César y a los conservadores liderados por Pompeyo. Cicerón se alineó con el picentino intentando sin éxito no distanciarse en exceso de César.[34]

Cuando César comenzó la invasión de Italia ( 49 a. C.) Cicerón huyó de Roma como la mayoría de los senadores, escondiéndose en una de sus mansiones campestres. Su correspondencia con Ático expresa el desconcierto y las dudas que le atormentaron. Consideró el estallido del conflicto un desastre, independientemente de quien saliera vencedor.

César, que pretendía reunir a los senadores moderados, le escribió y le visitó en su villa, pidiéndole que volviera a la capital en calidad de mediador. Cicerón rechazó la propuesta declarándose leal partidario de Pompeyo, con el que acabó reuniéndose en el Epiro.[35]

Plutarco escribe que Catón le recomendó permanecer en Italia, donde sería más útil para la República; el orador, consciente de que estas palabras evidenciaban su escasa importancia, decidió no intervenir directamente en los combates,[36] y, después de Farsalia ( 48 a. C.), volvió a la capital y se reconcilió con César. En una carta a Varrón escrita el 20 de abril de 46 a. C. explica su papel durante la dictadura:

Si nadie se sirve de nosotros, escribiremos y leeremos sobre la constitución del Estado, y si no pudiéramos en la Curia y el Foro trataremos de servir a la patria con nuestros escritos y en nuestros libros.[37]

Cicerón se recluyó en su residencia de Tusculum, donde se dedicó a escribir prosa y poesía, y a traducir las obras de los sabios helenos.[39]

Su relación con César se tornó cada vez más distante. El dictador no era el modelo de líder ilustrado del que Cicerón escribe en De Republica, pero tampoco el cruel tirano que temía el orador; independientemente, ahora era el dueño absoluto de la República y nada parecía poder hacerse.

Dedicó un panegírico a Catón, al que llama «el último republicano», con lo que intentó desmarcarse políticamente de la administración. César le respondió mediante la publicación del Anticatón, una colección de acusaciones al pretor. Cicerón alabó la calidad literaria del escrito concluyendo un «duelo entre iguales» en palabras del orador.[40]

En diciembre de 45 a. C.[41] César y su séquito cenaron en la villa que Cicerón tenía en Pozzuoli. Para consuelo del orador, César quería una reunión distendida con una conversación culta e interesante en la que únicamente se tocaron temas literarios.

Oposición a Marco Antonio y ejecución

El 15 de marzo del año siguiente acaeció el asesinato de César, en el que no intervendría Cicerón; aunque era conocida su oposición al dictator, los tiranicidas decidieron no contar con él a causa de su conocida cautela.[43] hasta que Antonio, cónsul y responsable del testamento del dictador, tomó de nuevo el poder.

En abril, cuando el heredero de César - Octavio- retornó a Italia, Cicerón intentó sin éxito usarle contra Antonio. Cinco meses después publicó varios discursos en los que atacaba violentamente al cónsul, las Filípicas.[f] Cicerón describe su posición en una carta a Casio, escrita ese mismo mes.

No obstante, la situación política no era la misma que en 63 a. C., y sus Filípicas no tendrían el mismo resultado que sus Catilinarias. El Senado, diezmado a causa de las luchas civiles y constituido por numerosos antonianos, rechazó declarar enemigo público al cónsul. Un año después Octavio y Antonio se reconciliaron en Módena y constituyeron un nuevo triunvirato -que recibió plenos poderes- con Lépido.

Los triunviros no tardaron en acabar con sus adversarios políticos. Octavio abandonó a su aliado y permitió que Antonio proscribiera a Cicerón. El 7 de diciembre de 43 a. C. el cónsul ordenó su asesinato, así como que su cabeza y sus manos se expusieran en los rostra del Foro, tal como había sido la costumbre en tiempos de Sila y Mario, aunque él fue el único de los proscritos en recibir tal destino. Cicerón no opuso resistencia a su ejecución, y, ofreciendo la cabeza, se limitó a pedir que se le matara con corrección. También serían eliminados su hermano, Quinto, y su sobrino; sólo sobrevivió su hijo Marco Tulio.

Sobre la muerte de Cicerón y lo que hizo Fulvia, esposa de Marco Antonio, cuenta Dion Casio:

Y cuando les enviaron la cabeza de Cicerón (pues cuando huía fue apresado y degollado), Antonio, después de dirigirle muchos y desagradables improperios, ordenó que la colocaran en un lugar destacado, más visible que las demás, en la tribuna de oradores , allí desde donde había pronunciado tantas soflamas contra él, y allí se podía ver junto con su mano derecha, que le había sido amputada, y Fulvia cogió la cabeza con las manos, antes de que se la llevaran, y, enfurecida con ella y escupiéndole, la colocó sobre las rodillas y abriéndole la boca le arrancó la lengua y la atravesó con los pasadores que utilizaba para el pelo, al tiempo que se mofaba con muchas y crueles infamias.[44]
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