Chalchiuhtlicue

Chalchiuhtlicue en el Códice Borgia.[1]

Chalchiuhtlicue (en náhuatl: chalcihuītlicueh‘la que tiene su falda de jade’chalchihuitl 'jade'; ī-, su; cue(itl), falda; -eh, que tiene’) ? en la mitología mexica es la diosa de los lagos y corrientes de agua. También es patrona de los nacimientos, y desempeña un papel importante en los bautismos aztecas. Preside sobre el día 5 Serpiente y sobre el tricenal de 1 Caña. Fue una de las figuras femeninas más importantes vinculada al líquido en la cultura mesoamericana. Chalchiuhtlicue fue considerada también como la más importante protectora de la navegación costera en el México antiguo.[1]

Diosa Agua.

Mito

En el mito de los cinco soles, ella alumbró al mundo en el Primer Sol, dominaba el cuarto mundo, en la era Cuatro-Agua. Durante su reinado el cielo era de agua, la cual cayó sobre la tierra como un gran diluvio a manos de esta diosa. Los seres humanos se transformaron en peces. Pareja o dualidad de Tláloc y con él fue madre de Tecciztécatl y rigió sobre Tlalocan. En su aspecto acuático, es conocida como Acuecucyoticihuati, diosa de los océanos, los ríos y todas las aguas que corren, así como patrona de las parturientas. Se dice también que fue esposa de Xiuhtecuhtli. A veces se la asocia con la diosa de la lluvia, Matlálcueitl.[1]

Según otra leyenda, Chalchiuhtlicue no era la esposa de Tláloc, sino su hermana. Tláloc tuvo por primera esposa a Xochiquetzal, la diosa de las flores y del “bien querer”, pero le fue robada por Tezcatlipoca. Tomó entonces por esposa a la diosa Matlalcueitl, “la de las faldas verdes”, nombre antiguo de la montaña de Tlaxcala que actualmente conocemos por la Malinche.[2]

Esta leyenda nos manifiesta la relación que los indios percibían entre sierras y las lluvias, y que hizo dar el nombre de Tláloc a la montaña que forma parte de la cordillera del Iztaccíhuatl y que todavía conserva ese nombre.[2]

En el arte, Chalchiuhtlicue se ilustra usando una falda verde y con breves líneas negras verticales en la parte inferior de su rostro. En algunos casos pueden verse niños recién nacidos en una corriente de agua que surge de sus faldas. Se la encuentra representada en varios manuscritos de México, incluyendo las placas 11 y 65 del Códice Borgia (precolombino), en la página 5 del Códice Borbónico del siglo XVI, y en la página 17 del Códice Ríos. Sus esculturas están generalmente hechas de piedra verde, como corresponde a su nombre.[1]

Hitzilopochtli y Omitecuhtli), después de dar vida a los primeros hombres (Uxumuco y su mujer Cipactonal), de hacer los días y los meses, la tierra, los cielos y los dioses del inframundo, se juntaron para criar al dios y a la diosa del agua [...] e hicieron a Tlatecutli (Tláloc) y a su mujer Chanchiutlicue [...] Se indica también que ‘En el treceño año después de este segundo cuento de trece, que es el año 26 después del diluvio, visto que estaba acordado por los dioses de hacer el sol y habían hecho la guerra para darle de comer, quiso Quetzalcóatl que su hijo fuese sol, el Tlalocatecutli, dios del agua, hiciese a su hijo de él y de Chalchiuhtlicue, que es su mujer, luna.[3]

Sahagún (1969: 50-51, t. I) compara a Chalchiuhtlicue con Juno, indicando que pintábanla como a mujer, y decían que era hermana de los dioses de la lluvia y que llaman Tlaloques; honrábanla porque decían que ella tenía poder sobre el agua de la mar y de los ríos, para ahogar a los que andaban en estas aguas y hacer tempestades y torbellinos en el agua, anegar los navíos y barcos y otras cosas que andaban por el agua [...][3]

Otra posible teoría que explica la procedencia de su nombre calendarárico: La fecha 9 Atl del calendario maya, cuyo significado era agua, elemento estrechamente vinculado con Chalhiuhtlicue, Señora de las aguas terrestres. Entre sus distintas manifestaciones encontramos los siguientes nombres: Atlatona “la que brilla en las aguas”, Acuecueyotl “falda de agua”, cuando hay olas y ondas; Ahuic “a una parte y a otra”, lo que indica que se mueve y muda a todas partes; Apozonalotl, “espuma de agua”, cuando en las rápidas corrientes de los ríos aparece la espuma; Atipac calqui cihuatl “mujer que tiene casa encima del agua” (su casa aparece casi siempre cimentada sobre una tortuga que nada en amplias aguas); Alacamani, “las tempestades excitadas en el agua”, cuando aparece agitada, alborotada; Alacoaya “agua triste”, lagos y lagunas o riachuelos en proceso de secarse; Ayauh, “diosa de la niebla”; Xixiquipilihui, “ la que se hace bolsas”, cuando el agua se riza por vientos contrarios, aunque leves.[4]

Los Tezcatlipocas, después de haber creado el mundo, dieron organización particular a las aguas. Así es como surgen Tlalloccantecuhtli y su consorte Chalchihiuhtliue, declarados dioses del quinto elemento. Númenes de alta jerarquía para pueblos en los que su principal sustento económico es la agricultura, a tal grado que el templo mayor de Tenochtitlán tiene en la cumbre dos adoratorios, uno dedicado a Huitzilopochtli que se supone la deidad principal de los aztecas, y el otro a Tlalloccantechtli. Chalchiuhtlicue, “la de la falda de jades o falda preciosa” conforma el hueyatl (mar) y por eso el golfo de México se llama Chalchiuhtlicueyecatl, “morada de la que tiene falda de esmeraldas”. También en Teotihuacan fue hallada una enorme estatua monolítica que ha sido asignada a esta diosa, pues lleva una falda decorada con una franja de volutas semejantes a las del signo atl, agua.

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