Cerámica andalusí

Jarrón de la Alhambra.

Cerámica andalusí (o cerámica hispanomusulmana) es la producción alfarera fabricada en al-Ándalus (Península Ibérica) entre los siglos viii y xv. Se caracterizó por las formas elegantes de las vasijas, el vidriado, la azulejería y el uso de los esmaltes. Innovó en la cerámica europea con técnicas como los reflejos metálicos y la cuerda seca.

Periodos

Alcazaba de Málaga.

Con la entrada en la Península Ibérica del pueblo árabe, se fusionó en Al-Ándalus la alfarería de origen tardorromano ( tartésico, fenicios) con la de los pueblos bereberes y más orientales como iraquíes, persas, e incluso de influencia china. El periodo paleoandalusí,[2]​ Propiciaron tal desarrollo el aumento creciente de la población en las ciudades con la formación del califato. El producto ejemplar resultante son las lozas decoradas en Medina Elvira y Medina Azahara, para uso en el servicio de mesa.

Asimismo, los talleres se hacen profesionales desbancando la producción más casera, y según zonas geográficas varían la tipología de la producción. Se observan en el la zona del mediterráneo el uso de las formas rectas en el menaje de cocina, frente a la producción del norte peninsular, que continua con las formas en "S". Se va introduciendo progresivamente el uso de pastas específicas según la función del recipiente, como la alfarería de fuego, ricas en inclusiones desgrasantes, y las pastas más refinadas para otros usos.[3]​ La primera innovación importante se produce a finales del siglo X con la cuerda seca, consistente en delimitar los esmaltes con un "cordón" separador, con la consecuencia de no permitir que se mezclen los esmaltes.

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