Centenario de la Independencia Mexicana

Las fiestas patrias de 1910.
Programa Ilustrado de los festejos oficiales y particulares que han de celebrarse en los 30 días del mes de septiembre de 1910, con motivo de cumplirse el Primer Centenario de la Independencia Mexicana con una breve reseña geográfico- histórica, una Guía de Forasteros y otras noticias de utilidad para los mismos, septiembre de 1910.

Se le conoce con el nombre de Centenario de la Independencia Mexicana al grupo de festividades que se realizaron en México para celebrar 100 años de su Independencia. Con el advenimiento del centenario de inicio de la lucha armada, que llevaría a la Independencia de México, después de 300 años de colonialismo español, se organizaron las más fastuosas festividades de la historia de este país, pero con otro fin intrínseco: La reafirmación del régimen de Porfirio Díaz.

La motivación

No solo fueron bailes, cantos y desfiles. Díaz tenía la necesidad de mostrar ante los países del mundo y sus inversionistas que México era una nación importante, progresista y confiable. El prestigio internacional de México se fincaba en su disposición a la inversión extranjera y las garantías y privilegios que el gobierno mexicano les otorgaba. En 1910 el régimen porfirista quiso asegurarse un lugar digno en la comunidad mundial. De éste acontecimiento surgen instituciones como la Escuela Internacional de Arqueología y Antropología. Como parte de un modelo de construcción nacional y conciencia histórica impulsado por el régimen. Valiéndose de medios propagandísticos como: el ensalzamiento de los héroes patrios, las construcciones civiles y los monumentos conmemorativos.

De los héroes valorados por el régimen se eligió a Cuauhtémoc último rey Azteca, como modelo de abnegación patriótica. Y a Benito Juárez como modelo de conciencia liberal. La modernidad también fue un elemento imperativo al servicio del régimen, y se extendieron contratos para la iluminación de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, de los edificios de gobierno y concesiones petroleras.

El modelo a seguir se encontraba en las festividades de la Exposición Universal de París de 1889. El Congreso Nacional de Educación Primaria, la construcción de nuevo anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, y la reconstrucción de la Universidad Nacional de México por Justo Sierra; eran compendios de ese pensar.

Por ello, se invitó a las fiestas a la mayor cantidad posible de representantes especiales extranjeros, además del cuerpo diplomático (de 51 países que entonces se contaban vinieron 32). Asistieron representantes de: España, Francia, Alemania, Estados Unidos, entre otros ( Inglaterra no acudió, aunque aceptó la invitación, por el luto de la muerte de Eduardo VII). Para recibir a los invitados especiales se organizaron banquetes, recepciones y bailes. Hubo desfiles de militares y marinos extranjeros que acompañaban a sus representaciones y que arribaron a Veracruz a bordo de barcos de guerra. Las principales figuras de la élite porfirista alojaron a los invitados de honor extranjeros (por ejemplo, el representante de España, Camilo García de Polavieja fue recibido en la residencia de don Guillermo Landa y Escandón. Nicaragua iba a enviar al poeta Rubén Darío quien se traslada de Europa a México, pasando por Cuba. Al llegar al puerto de Veracruz, en el coche que lo traslada al hotel, Amado Nervo le comunica que el gobierno mexicano lo recibirá como "huésped de honor", pero no como representante de Nicaragua. Posteriormente el general Maas lo visita donde está hospedado, lo saluda de parte de Justo Sierra y le pide el favor (también de parte de Sierra) de no viajar a la capital porque el presidente Díaz no le recibiría[1] Esto se debió a que el gobierno que había nombrado a Darío representante de Nicaragua había sido derrocado por la intervención estadounidense, y se supone que Estados Unidos presionó a Díaz para no recibir a Darío. La actitud de Díaz y Sierra generó multitudinarias protestas estudiantiles, tanto en el Distrito Federal como en Veracruz. En marchas organizadas por estudiantes e intelectuales los participantes gritaban: ¡Viva México!, ¡Viva Nicaragua!, ¡Viva Rubén Darío!, y también se gritaron consignas contra el gobierno estadounidense.

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Fila superior: De izquierda a derecha: El Presidente Porfirio Díaz con el señor Guillermo de Landa y Escandón, en un acto protocolario y Los delegados internacionales

Las banderas de todas las naciones se izaban en los edificios y se tendían a lo largo de los balcones, juntaban el escudo español, las estrellas norteamericanas, el sol argentino, el crisantemo nipón, las águilas rusas y otros emblemas (...) Aparecían los retratos de los principales caudillos de la Independencia, las fechas de 1810 y 1910 y las palabras Independencia, Paz, Progreso, y sobre todo Libertad. Los edificios de las principales calles de la ciudad se iluminaron por primera vez con tubos de mercurio y con foquitos. La energía que se gastó durante ese mes fue de 168 millones de watts. Con esto se inició la tradición de iluminar las calles y avenidas de la capital con motivos alegóricos.

El 7 de abril de 1907 se forma la comisión encargada de los festejos del centenario. Bajo los lineamientos del General Díaz: “El primer centenario debe denotar el mayor avance del país con la realización de obras de positiva utilidad pública y de que no hay pueblo que no inaugure en la solemne fecha, una mejora pública de importancia”.

El trabajo ideológico se debe en gran parte a Justo Sierra y a Vicente Riva Palacio en el ámbito de su intelectualidad: la historia nacional el primero y sobre las lecciones de civismo el segundo.

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