Censura en Portugal

Quema de libros, por Hartmann Schedel, en su Liber chronicarum

La censura en Portugal fue uno de los elementos condicionantes de la cultura nacional, a lo largo de toda su historia. Desde muy temprano el país fue sujeto por las leyes que limitaban la libertad de expresión, primero, como resultado de la influencia de la Iglesia Católica, desde el tiempo de Don Fernando, que encargó al papa Gregorio XI que instituyera la Censura episcopal (o censura del Ordinario de la Diócesis). El poder civil pasó, más tarde, a reglamentar también la publicación de textos escritos. En la memoria de los portugueses aún está presente la política del régimen del Estado Novo que institucionalizó un estricto control de los medios de comunicación, recurriendo, para este efecto, a la censura previa de los periódicos y al secuestro sistemático de libros. De hecho, cada régimen político tuvo siempre el cuidado de legislar en relación a la libertad de prensa - en la mayor parte de los casos, restringiéndola. En cinco siglos de historia de la prensa portuguesa, cuatro fueron dominados por la censura. Sin embargo, la censura entró también en otros dominios, como en el teatro (desde Gil Vicente), en la radio, en la televisión y en el cine.

A lo largo de la historia portuguesa fueron muchas las formas de persecución a intelectuales, que trazaron un panorama negro en la historia de su cultura: la prisión y la muerte fueron también frecuentemente el castigo de quien osaba expresar aquello que pensaba, contrariando el discurso oficial del Estado.

Los inicios de la censura

Papa Gregorio XI, que instituyó la Censura del Ordinario (responsabilidad de los obispos) en Portugal, solicitado por Fernando I de Portugal.

Los primeros libros que se sabe con certeza que fueron censurados en Portugal por el poder regio fueron las obras de John Wyclif y de Jan Hus, prohibidas y mandadas quemar el 18 de agosto de 1451, por Alfonso V de Portugal.

Más tarde, hay noticia de la represión de la divulgación de textos luteranos por parte de Manuel I de Portugal, lo que llevó al papa León X a agradecérselo oficialmente el 20 de agosto de 1521.

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