Cementerio de La Almudena

Puerta de entrada del Cementerio de La Almudena, obra de los arquitectos Fernando Arbós y José Urioste.

El Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena está situado en Madrid ( España), concretamente en el barrio de Ventas del distrito de Ciudad Lineal. Con 120 hectáreas de extensión, es el cementerio más grande de la ciudad y uno de los mayores de la Europa occidental. El número de personas inhumadas en él a lo largo de su historia (aproximadamente cinco millones) sobrepasa al de los actuales habitantes de la Villa y Corte. Recibe su nombre de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid. Se encuentra delimitado por las avenidas de Daroca y de Las Trece Rosas y la carretera M-23.

En realidad el cementerio de La Almudena surgió en 1884 como camposanto provisional junto a la entonces en construcción Necrópolis del Este, aunque actualmente se engloba bajo su nombre todo el conjunto, integrado también por el Cementerio Civil de Madrid y el Cementerio Hebreo, situados al otro lado de la avenida de Daroca, en el barrio de Pueblo Nuevo del mismo distrito.

Fue el cementerio principal de la capital desde 1884 hasta 1973. Desde los años 20, y hasta la construcción del Cementerio Sur ( distrito de Carabanchel), fue el único camposanto existente en la ciudad para la mayoría de la población, con la excepción de algunas sacramentales de diferentes cofradías.

Historia

Pórtico de entrada.

Ya desde el reinado de Carlos III de España se quiso trasladar los cementerios a las afueras de las ciudades, aunque esta pretensión chocó con los deseos de la Iglesia. A comienzos del siglo XIX, con José Bonaparte en el trono, se comienzan a construir los primeros cementerios extramuros. Según la real orden del 28 de agosto de 1850, los cementerios madrileños no podían situarse a menos de 1.500 varas de la ciudad por el lado norte y, en el cuartel sur (la división administrativa de la época), no podía situarse ningún camposanto en la orilla izquierda del río Manzanares.

Posteriormente, por una ley municipal de 1868, los ayuntamientos debían encargarse de la administración y conservación de los cementerios, por lo que el 28 de mayo de 1876 se creó una comisión encargada de la construcción de la llamada «Necrópolis del Este», que estaría ubicada en la parte oriental de la ciudad, en el entonces pueblo, y hoy distrito de la capital, de Vicálvaro, para lo cual el ayuntamiento compró los terrenos denominados de «La Elipa», que se incluyeron en el municipio de Madrid. También existía el proyecto de construir la «Necrópolis del Oeste», aunque no llegó a realizarse.

Vista interior del pórtico de entrada.

Los arquitectos Fernando Arbós y Tremanti y José Urioste y Velada ganaron el concurso de construcción de la necrópolis, que comenzó al año siguiente. El proyecto tenía en cuenta la topografía del terreno, una loma con el punto más alto situado a 695 metros, para que la construcción resultara menos cara por el menor movimiento de tierras y para que se produjera, por razones higiénicas, una buena circulación de aire. Con influencias de los cementerios de Génova y Viena, el cementerio se dividía en cinco bancales, cada uno cinco metros por debajo del anterior. En los muros de contención se ubicaban los nichos. La capacidad original de esta necrópolis era de 62.291 sepulturas, admitiendo 7.000 enterramientos al año, casi la mitad de la mortandad anual de la ciudad en esa época, que era de 15.000 personas.

Uno de los edificios situados a ambos lados del pórtico de entrada.
Nichos adosados a la tapia de la avenida de Daroca.

Durante 1884 y 1885, estando todavía en construcción la necrópolis, hubo una epidemia de cólera en la ciudad, por lo que se decidió habilitar un cementerio provisional, llamado «de epidemias», que comenzó a funcionar el día 15 de junio de 1884 y que se denominó Cementerio de Nuestra Señora de La Almudena. El 1 de septiembre dejaron de funcionar siete de los once cementerios de la ciudad, perviviendo sólo los de las sacramentales de San Isidro, San Justo, Santa María y San Lorenzo.

Durante los primeros años del siglo XX se siguió con el proyecto de construcción a la vez que se preparaban nuevas ampliaciones. Así por ejemplo, en 1916 el arquitecto municipal Francisco García Nava, encargado de las obras desde 1905, aumentó las sepulturas a 81.638, con capacidad para 885.000 enterramientos (17.700 al año). En 1925 se inauguró oficialmente la necrópolis. Dos años después, García Nava, teniendo en cuenta los planes de ampliación y el índice de mortandad, calculó que el cementerio tendría capacidad hasta el año 2000, aunque tan sólo treinta años después ya tuvo que ampliarse.

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