Cecilia Valdés

Cecilia Valdés o la Loma del Ángel es una novela romántica y costumbrista de la autoría del cubano Cirilo Villaverde, y es considerada como una de las más representativas de la cubanía, tanto por sus temas como por su argumento; asimismo, se puede considerar la primera novela cubana.

Es una novela en dos tomos, y el primero fue publicado por la imprenta literaria de Lino Valdés a mediados de 1839. La obra completa se publicaría en Nueva York en 1879; y, ya en su versión definitiva, en la misma ciudad en 1882.

es probablemente la más conocida zarzuela cubana, basada en dicha novela, compuesta por Gonzalo Roig. Esta zarzuela también se ha convertido en símbolo de cubanía gracias a su música y son especialmente conocidas la "Entrada" de Cecilia y el "Popopó" de Dolores Santa Cruz.

Tanto la novela como la zarzuela están marcadas por un destino trágico o al menos infortunado, propio de la novela romántica del siglo XIX. La obra se desenvuelve en La Habana colonial, hacia el 1830.

Cecilia es también el nombre de la película del director Humberto Solás protagonizada por Daysi Granados e Imanol Arias que tomó como base esta novela en 1982, aunque con notables cambios.

Argumento

La hermosa mulata Cecilia ignora que es hija ilegítima del rico español Cándido de Gamboa y Leonardo, el hijo de Don Cándido, que tampoco sabe que Cecilia es su media hermana, se enamora de ella y la convierte en su amante. Mientras, el mulato José Dolores Pimienta ama a Cecilia sin ser correspondido. Presionado por las convenciones sociales y su familia, Leonardo abandona a Cecilia para casarse con la distinguida Isabel Ilincheta. Al concluir la boda, Pimienta, a quien Cecilia ha pedido que mate a Isabel, asesina a Leonardo a cuchilladas. Finalmente Cecilia, quien tiene una hija de Leonardo, es recluida en el Hospital de Paula, donde reencuentra casualmente a su madre, quien recupera la razón perdida y reconoce a su hija antes de morir.

La novela refleja el universo de los negros y mulatos libres de La Habana colonial, así como las costumbres de las familias españolas poseedoras de esclavos. Villaverde, abolicionista convencido, describe los horrores de la esclavitud tanto en la ciudad como en los ingenios y contrapone la dureza de don Cándido, para quien los esclavos solo son "piezas", con la bondad de Isabel Ilincheta.

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