Cazador de sanguijuelas

Hirudo medicinalis en un mercado de Estambul.

Un cazador de sanguijuelas es alguien que se dedica a recoger estos anélidos. Este oficio, que aún se da en algunas partes del mundo, consiste en recogerlas en un recipiente o pasearse, con las piernas descubiertas, por los pantanos, lagos, arroyos o aguas estancadas donde viven las sanguijuelas. Una vez que ha recogido o se le han adherido a las piernas y otras partes del cuerpo, el cazador sale del agua, se quita las sanguijuelas y las vende para sangrías o cebo. Como no todas las sanguijuelas son hematófagas y son iguales a simple vista, es una forma sencilla de identificar a las especies para sangría. Prácticas como ésta, han llevado a la extinción de muchas especies animales inofensivas y beneficiosas para el ser humano,[ cita requerida] como muchas especies de sanguijuelas no parásitas que se alimentaban con las larvas de mosquitos vectores de epidemias.

Desde la época de los romanos, los médicos han usado la capacidad de las sanguijuelas de extraer sangre sin dolor. Hasta ya avanzado el siglo XIX se creía que muchas enfermedades procedían de la "mala sangre" y que la cura más eficaz consistía en abatir su volumen. A algunos pacientes se les sangraba tanto que morían.

Las sanguijuelas cayeron en desuso alrededor de 1860, excepto en algunas partes de Europa y Asia, aunque los investigadores mantienen su interés en las propiedades anticoagulantes de la saliva de este gusano. Actualmente se usa extracto de hirudina en personas con riesgo de sufrir una obstrucción circulatoria. En la medicina tradicional están indicadas para eccemas, varices y como afrodisíaco.

Las sanguijuelas están protegidas en numerosos países por su disminución, consecuencia de la destrucción de su hábitat y la polución. En 1820 Inglaterra agotó sus reservas de sanguijuelas y tuvo que importarlas. En 1837, un hospital londinense usó 96.000 sanguijuelas en 50.557 pacientes. En esa época, los químicos y barberos las vendían para uso doméstico y muchas familias las conservaban como parte del botiquín. A pesar de su aspecto repulsivo, una sanguijuela aplicada a un ojo amoratado u otra contusión puede aliviar rápidamente.

Al final del siglo XIX, más de 50 millones de sanguijuelas medicinales poblaban los pantanos y estanques de Francia. Hoy en día está extinta en estado salvaje. La desecación y polución de humedales, los pesticidas y la introducción de especies exóticas han exterminado esta especie y hecho raras a la mayoría. Pocas personas en Europa occidental han visto nunca una sanguijuela en su medio natural.

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