Catedral de León

Catedral de León
Bien de Interés Cultural
Patrimonio histórico de España
Catedral Gótica de León.jpg
Vista general del templo.
Declaración 16 de octubre de 1844
Figura de protección Monumento
Código RI-51-0000001[1]
Coordenadas 42°35′58″N 5°34′00″O / 42.59944444, 42°35′58″N 5°34′00″O / -5.56666667
Ubicación León, Flag of Spain.svg  España
Construcción 1205- 1301
Estilos predominantes Gótico
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La Catedral de León es un templo de culto católico, sede episcopal de la diócesis de León, España, consagrada bajo la advocación de Santa María. Fue el primer monumento declarado en España mediante Real Orden de 28 de agosto de 1844 (confirmada por Real Orden de 24 de septiembre de 1845).

Iniciada en el siglo xiii, es una de las grandes obras del estilo gótico, de influencia francesa. Conocida con el sobrenombre de Pulchra leonina, que significa 'la bella Leonesa'. Se encuentra en pleno Camino de Santiago.[2]

La catedral de León es conocida sobre todo por llevar al extremo la «desmaterialización» del arte gótico, es decir, la reducción de los muros a su mínima expresión para ser sustituidos por vitrales coloreados, constituyendo una de las mayores colecciones de vidrieras medievales del mundo.

Historia

Construcciones anteriores

Las termas romanas

Retrato decimonónico de Ordoño II.

Originariamente, en la actual ubicación de la catedral, la Legio VII Gemina había construido unas termas, con un tamaño superior al del actual edificio. Durante la gran restauración del siglo xix fueron descubiertos sus restos bajo la catedral, y en 1996 se exploraron otros junto a la fachada sur. Nada queda de estas primitivas edificaciones, salvo algunos restos de mosaicos, tégulas y cerámicas, hoy expuestas en el Museo. Otros, como el hipocausto, permanecen aún bajo el solar catedralicio.

La primitiva catedral

Durante la reconquista cristiana las antiguas termas romanas fueron convertidas en palacio real. En el año 916 el rey Ordoño II de León, que hacía pocos meses había ocupado el trono de León, venció a los árabes en la batalla de San Esteban de Gormaz. Como señal de agradecimiento a Dios por la victoria, cedió su palacio para construir la primera catedral. Bajo el episcopado de Fruminio II, es transformado el edificio en lugar sagrado. El templo estaba custodiado y regido por monjes de la orden de San Benito, y es muy probable que su estructura fuera muy similar a la de tantos otros existentes durante la mozarabía leonesa. Siguiendo la tradición cristiana de enterrar dentro de los templos a quienes encarnaban la autoridad "venida de Dios", aquella sencilla catedral muy pronto se vio enriquecida con los restos del rey Ordoño II, fallecido en Zamora el año 924.

Nos hablan las crónicas del paso de Almanzor por estas tierras a finales del siglo x, devastando la ciudad y destruyendo sus templos. No obstante, parece que los daños ocasionados a la fábrica de la catedral debieron de ser inmediatamente reparados, ya que el año 999 era coronado en ella, en un acontecimiento lleno de esplendor, el rey Alfonso V. Tras una sucesión de revueltas políticas y de duras empresas bélicas, hacia el 1067 el estado de la catedral era de suma pobreza. Ello conmovería al rey Fernando I de León, quien, después de trasladar los restos de San Isidoro a León, «se volcó en favores a la misma». Con este rey se inició una época pacífica, cosechando grandes triunfos en la expansión del reino cristiano. Era el momento del florecimiento del románico isidoriano.

La catedral románica

Con la ayuda de la infanta Urraca de Zamora, hermana del rey, se inicia la construcción de una segunda catedral, acorde con las aspiraciones de la cristiandad románica, y dentro de su estilo arquitectónico. Ocupaba la sede episcopal Pelayo II. Cuando el arquitecto Demetrio de los Ríos, entre los años 1884 y 1888 excavó el subsuelo de la catedral para reponer el pavimento y cimentar los pilares, encontró parte de los muros y fábrica de aquella segunda catedral. A través del plano que él mismo dibujó, podemos apreciar como se configuraba todo dentro de la gótica: Era de ladrillo y mampostería, con tres naves rematadas en ábsides semicirculares, dedicado el central a santa María, como en la iglesia anterior. También se construyó un claustro en el lado norte. Esta nueva iglesia tuvo unas dimensiones considerables, midiendo 60 metros de longitud y 40 metros de anchura máxima. Aunque toda ella estuviese ejecutada dentro de las corrientes internacionales del románico, contemplando lo que ha pervivido de su estatutaria podemos averiguar que tenía su carácter autóctono, utilizándose aún el arco de herradura, al menos como forma decorativa. Fue consagrada el 10 de noviembre de 1073 durante el reinado de Alfonso VI. Es de suponer que en ella trabajasen los mismos canteros que estaban construyendo la Basílica de San Isidoro de León.

Esta catedral se mantuvo en pie hasta finales del siglo siguiente. Cuando accede al trono el último rey privativo de León, Alfonso IX, se asiste en la ciudad y en el reino a un importante cambio social, de creatividad artística y desarrollo cultural.

Construcción de la catedral gótica

Interior de la catedral de León.

La construcción de la tercera catedral se inicia hacia 1205, pero los problemas constructivos de los cimientos hicieron que pronto las obras quedaran paralizadas, y no se reemprendiera la tarea hasta 1255, bajo el pontificado del obispo Martín Fernández y el apoyo del rey Alfonso X de Castilla, siendo esta nueva catedral de estilo enteramente gótico.

El arquitecto de la catedral parece ser que fue el maestro Enrique, tal vez natural de Francia, y que ya había trabajado anteriormente en la catedral de Burgos. Es evidente que conocía la forma arquitectónica gótica de la isla de Francia. Falleció en 1277 y fue sustituido por el español Juan Pérez. En 1289 fallecía también el obispo Martín Fernández, cuando la cabecera del templo ya estaba abierta al culto. La estructura fundamental de la catedral se finaliza pronto, en 1302 abriendo el obispo Gonzalo Osorio la totalidad de la iglesia a los fieles, aunque en el siglo xiv aún se terminaría el claustro y la torre norte, y la torre sur no se finalizó hasta la segunda mitad del siglo xv. Esta prontitud en las obras le da una gran unidad de estilo arquitectónico.

Fachada principal de la catedral de León.

La catedral de León, al igual que su hermana predecesora la catedral de Burgos, se inspira en la planta de la catedral de Reims (aunque de menor superficie), que bien pudo conocer el maestro Enrique. Al igual que la mayoría de catedrales francesas, la de León está construida con un módulo geométrico basado en el triángulo ( ad triangulum), cuyos miembros se relacionan con la raíz cuadrada de 3, al que responden la totalidad de sus partes y del todo. Este aspecto, como la planta, los alzados, y los repertorios decorativos y simbólicos convierten esta catedral en un auténtico edificio transpirenaico, alejado de la corriente hispánica y perteneciente a la más pura escuela de la Champaña francesa, que le ha merecido los calificativos de «la más francesa de las catedrales españolas» o el de Pulchra Leonina, pues si sus rasgos formales se relacionan con el gótico champaniense, sus significados simbólicos y programa arquitectónico están estrechamente ligados con los de la catedral de Saint Denis, la catedral de Notre Dame de París y la catedral de Reims. Geográficamente tampoco es ajena a aquel mundo, pues aunque levantada en la vieja capital de los reyes leoneses, la ciudad era uno de los hitos más importantes del Camino de Santiago, también llamado Camino Francés.

Además de la planta, la catedral de León también está inspirada en la de Reims en la estructura y la forma de las capillas de la girola (aquí poligonales) y el desarrollo del crucero. La influencia de la catedral de Chartres puede notarse en el pórtico occidental. La de León abandona el modelo de la catedral de Reims en los alzados a partir del cuerpo del triforio, pues aquí es diáfano y acoge los progresos técnicos conseguidos en la Sainte Chapelle y la catedral de Amiens.

También influencia francesa es el desarrollo del presbiterio, con la idea inicial de colocar allí el coro según la costumbre de aquellos. Individual leonés es la ubicación del claustro, sin articulación orgánica con el templo, la salida de la planta de las torres de la fachada principal, que obliga a mostrar el alzado de los arbotantes de la nave central, y la no continuidad de las cinco naves de la cabecera en el cuerpo del templo, que se reducen a tres.

Como rasgo característico más importante, goza la catedral leonesa de alcanzar el summum lumínico de todas las catedrales, con un espacio inmenso de vidrieras al reducirse la estructura pétrea de sustentamiento al mínimo posible, llegando a superar así técnicamente a las mismas catedrales francesas.

El lado sur de la catedral, desde Puerta Obispo.

El problema fue que gran parte del solar se asienta sobre restos romanos, hipocaustos del siglo ii, lo que dificultó la buena cimentación de los pilares. La acumulación de humedades y la filtración de aguas ocasionó graves inconvenientes a los maestros. Por otra parte, la mayoría de los sillares de la catedral son de piedra de mediocre calidad, de tipo calizo, con escasa resistencia ante los agentes atmosféricos. Además, la sutilidad de su estilo es un desafío a la materia; los numerosos soportes son sumamente frágiles, las líneas se reducen a una depuración total, de modo que varios arquitectos de la época pusieron en duda que tal proyecto pudiera mantenerse en pie. Esta estructura casi inverosímil junto con la mala calidad de la piedra y la pobre cimentación, provocaron que desde el siglo x sufriera constantes intervenciones y restauraciones, convirtiendo al templo en el paradigma europeo de intervenciones de transformación, restauración y conservación.

La leyenda del topo:

Sobre la puerta de san Juan, por el interior, cuelga un pellejo, a modo de quilla, que la tradición leonesa ha identificado siempre como un «topo maligno». Según cuenta la leyenda, el topo destrozaba lo construido a lo largo del día durante la noche en los primeros momentos de la magna obra del templo. Impacientándose los leoneses porque la obra de la prometida catedral no avanzaba, decidieron acabar con aquel ser maligno que no dejaba avanzar los trabajos: algunos de ellos lo esperaron durante la noche y acabaron con él a garrotazos. En recuerdo de aquel acontecimiento y en agradecimiento a la Virgen María, titular del templo, la piel del animal fue colgada en el interior de la catedral, sobre la citada puerta, en la fachada oeste.

La realidad que esconde la leyenda es que las obras de la catedral de León se encontraron con numerosos problemas de cimentación, sobre un terreno muy inestable que, ya por entonces, había acogido muchas y diversas construcciones. Por su parte, lo que hoy podemos contemplar en la penumbra sobre la ya mencionada puerta del templo catedralicio demostró durante los años 90 ser en realidad un caparazón de tortuga laúd, cuyo origen aún es incierto, aunque se presupone que se trataría de la ofrenda realizada por algún hombre de poder a la catedral, insertándose tal elemento en la antigua tradición (clave en la constitución de numerosos museos) del coleccionismo de Antigüedades y Rarezas.

Fachada sur de la catedral con sus añadidos barrocos.
Aspecto de la catedral hacia 1850. Se pueden apreciar los anteriores hastiales oeste y sur y la cúpula barroca con sus pilastrones.

Época de reformas y problemas constructivos

La extrema fragilidad del edificio dio problemas muy pronto. En el siglo xv, la construcción de torrecillas huecas por el maestro Justín en la zona sur (la «silla de la reina») y en la zona norte («la limona») mejoró los empujes de los arbotantes hacia la cabecera, pero la frágil estructura siguió con problemas. Por entonces, el maestro Justín terminó la torre sur en estilo gótico flamígero. También se construyeron los remates triangulares de los hastiales norte y sur. En los últimos años del siglo xv, se lleva también a cabo la construcción de la Librería (actual capilla de Santiago) por Juan de Badajoz padre e hijo, en estilo gótico flamígero. También el coro es obra de este siglo, así como las pinturas de Nicolás Francés y el retablo.

A principios del siglo xvi, Juan de Badajoz el Mozo construyó el remate del hastial occidental en estilo plateresco, excesivamente pesado y alto. También construyó una sacristía plateresca para la catedral, en el lado sur-este, y rehízo las bóvedas del claustro. En el interior del edificio destacó la construcción del trascoro.

En el siglo xvii se reanudaron los problemas. En 1631 se derrumbó parte de la bóveda central del crucero. El cabildo recurrió a Juan de Naveda, arquitecto de Felipe IV de España, quien cubrió el crucero con una gran cúpula, rompiendo los contrarrestos del sistema gótico, tan distintos de los del barroco. El excesivo peso provocaría el desplazamiento de las cargas radiales hacia el hastial sur ante la debilidad de los arcos torales y al fallar también los cimientos. La linterna se cerró provisionalmente en 1651 pero a finales del siglo ya se advertían algunas fallas en la cúpula que desviaba su eje hacia el sur. El quebrado hastial sur tuvo que ser reedificado por Conde Martínez en 1694, sustituyendo el hastial gótico por una espadaña barroca.

Quiso poner remedio a estos desastres Joaquín de Churriguera levantando cuatro grandes pináculos alrededor de la cúpula y sobre los pilares del crucero, a principios del siglo xviii, pero las consecuencias de esta intervención serían nefastas. Por León fueron desfilando grandes arquitectos, como Giacomo de Pavía, mientras los males seguían agravándose. El terremoto de Lisboa del año 1755 conmovió a todo el edificio, afectando de manera especial a los maineles y a las vidrieras. Se abrieron grandes grietas en la fachada sur, por lo que fue necesario cegar el triforio, desmontar el rosetón, y sustituirlo por una ventana doble geminada.

En el año 1830 aumentaron los desprendimientos de piedras en el hastial sur y, para salvarlo, Fernando Sánchez Pertejo tuvo que reforzar los contrafuertes de toda la fachada.

La gran restauración del siglo XIX

Fachada occidental en 1875, anterior a su restauración y modificación.
Nueva fachada sur reconstruida hacia 1885.
Reconstrucción de la fachada occidental hacia 1890.
Plano de la fachada occidental de la catedral después y antes de las restauraciones del siglo XIX.

En 1844, el mal estado del edificio hizo que el Estado tuviera que acudir a su reparación, fecha en que la catedral de León fue declarada Monumento Nacional, el primero del patrimonio español. En 1849 el jesuíta P. Ibáñez diseñó y colocó un nuevo rosetón para el hastial sur.

Poco después, el cabildo temió un desenlace fatal cuando en 1857comenzaron nuevamente a caer piedras del crucero y la nave central, cundiendo el temor de una ruina total de la catedral, que se extendió por España y por toda Europa. Intervino entonces la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y el gobierno encargó las obras a Matías Laviña en 1859. Sin embargo, este desconocía el funcionamiento del edificio gótico al tener una formación clasicista. Desmontó la cúpula de media naranja y los cuatro pináculos que la flanqueaban debido a su excesivo peso, y prosiguió desmontando el crucero y toda la fachada sur. Pero el peligro de un total hundimiento se hacía más inminente. Las críticas que provocaron sus decisiones le llevaron a la muerte en 1868

A su muerte se responsabilizó de las obras Andrés Hernández Callejo, quien pretendía seguir desmontando el edificio, cuando fue cesado en el cargo. En 1868 se encargó la obra a Juan de Madrazo, amigo de Viollet-le-Duc, el gran restaurador francés, sin duda el mejor restaurador de España y buen conocedor del gótico francés, que aplicaba las teorías de aquel. Para contener el deterioro del edificio y, al mismo tiempo, proceder a su reconstrucción, Juan de Madrazo proyectó su admirable sistema de encimbrado de las bóvedas altas. El encimbrado fue una complejísima trabazón de carpintería, que sirvió para sostener todos los empujes del templo mientras se procedía a la reconstrucción de toda la fachada sur y del crucero desmontados. Además, Madrazo modificó notablemente la disposición de las bóvedas, y volvió a rehacer desde la arcada la fachada sur, inspirándose en la norte, incluyendo el perdido rosetón. El nuevo hastial triangular fue también inspirado por el existente en la fachada norte. En general, planeó todo el templo tal y como lo encontramos hoy. El objetivo era conseguir la Pulcra Leonina, es decir la catedral en su estado primigenio de gótico puro, eliminando todo aquello que alterara esa pureza. El momento más importante tuvo lugar en 1878, cuando se retiraron las cimbras y el edificio resistió inmutable. Los equilibrios del gótico se habían repuesto. Pero el carácter progresista de Juan de Madrazo le hizo tomar partido en los graves momentos sociales que sacudían entonces España (el Sexenio Democrático o Revolucionario), enfrentándose con el cabildo, el obispo y la sociedad conservadora leonesa, quienes le acusaron de masón, protestante y anticatólico, declarándose el mismo como deísta o ateo. Cuando estaba edificando el hastial sur y después de haber sostenido toda la catedral con su asombroso encimbrado de madera que provocó visitas de técnicos de toda Europa, fue destituido en 1879, falleciendo de los disgustos pocos meses después.

A Juan de Madrazo le sucedió en el cargo Demetrio de los Ríos en 1880. Purista, como el anterior, continuó dando a la catedral el aspecto gótico primitivo, según su pensamiento racionalista, y desmontó el hastial occidental plateresco, que había sido hecho por Juan López de Rojas y Juan de Badajoz el Mozo en el siglo xvi, sustituyéndolo por un diseño neogótico análogo al recién construido en la fachada sur. También terminaría de reconstruir las bóvedas del crucero y de la nave central, además de introducir algunos nuevos diseños, perfiles y motivos ornamentales neogóticos en diversas partes del edificio.

A su muerte fue nombrado arquitecto de la catedral Juan Bautista Lázaro, que concluyó los trabajos de restauración arquitectónica en la mayor parte del edificio. En 1895 emprendió la ardua tarea de recomponer las vidrieras. Estas llevaban varios años desmontadas y almacenadas, con grave deterioro. Fue ayudado por su colaborador, Juan Crisóstomo Torbado. Se reabrió un taller de vidrieras al estilo medieval para su restauración y composición de otras nuevas. Se decidió también aislar la catedral de su entorno urbano más próximo para resaltar su monumentalidad, lo que acarreó la desaparición de varias dependencias anexas, y su conexión con el Palacio Episcopal a través de la Puerta del Obispo.

Finalmente, concluida la restauración, en 1901 la catedral fue reabierta al culto. Ya no era un edificio en peligro, sino que había recobrado el esplendor del gótico, principalmente con la sustitución de los hastiales oeste y sur y la eliminación de la cúpula barroquizante. En aras de mantener el delicado equilibrio, nunca se permitió elevar flecha alguna sobre el crucero, pese a que hubo proyecto al respecto. Hoy la catedral de León es el monumento gótico más armónico de España.

La gran restauración decimonónica verificó la recuperación de la estabilidad de un edificio que había arrastrado graves problemas en su estructura a lo largo de los varios siglos de su existencia. Puede afirmarse que esta restauración fue una de las más complejas y arriesgadas realizadas en Europa en el siglo xix Los minuciosos cálculos sobre la estabilidad de bóvedas, los portentosos sistemas de carpintería armados a gran altura y los sistemas de cantería puestos en práctica para la reparación y reconstrucción de bóvedas de la catedral de León sirvieron de modelo para la restauración posterior de otras grandes catedrales españolas, como la de Sevilla o Burgos. Pero también fueron referencia imprescindible en toda Europa para restaurar edificios que décadas más tarde resultarían dañados seriamente en su esqueleto estructural como consecuencia de catástrofes bélicas. El elevado mérito de estos trabajos fue reconocido en su momento, pues en el año 1881, Juan de Madrazo recibió a título póstumo la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes por sus proyectos de restauración de la catedral de León.

Restauraciones de los siglos XX y XXI

Los trabajos de restauración continuaron levemente en el siglo xx, sobre todo en las primeras décadas. En 1911 Manuel Cárdenas destruiría lamentablemente la Puerta del Obispo, edificio civil que unía la catedral con el Palacio Episcopal. En 1930, Juan Crisóstomo Torbado terminaría la verja exterior iniciada en 1794, cerrando todo el atrio. Este arquitecto acometería después la restauración del claustro.

En 1963 el arquitecto Luis Menéndez Pidal reharía la rosa calada del remate triangular del hastial sur, imitando el del norte.

El 27 de mayo de 1966, un incendio motivado por la caída de una chispa de un rayo arrasó toda la techumbre de las naves altas, aunque por suerte las consecuencias no fueron graves gracias a la intervención del maestro Andrés Seoane y la techumbre se pudo reparar.

En las últimas décadas se ha estado trabajando con gran intensidad en el refuerzo de las estructuras y en el tratamiento y limpieza de la piedra con las más novedosas técnicas, en un esfuerzo por conservar para la Humanidad esta maravilla arquitectónica.

En esta última década también se están llevando a cabo la restauración y consolidación de las vidrieras, usando las más modernas técnicas. Se usan vidrios de protección para cerrar los vanos y un acristalamiento isotérmico para proteger y conservar la vidriera de los efectos atmosféricos, así como mallas metálicas protectoras exteriores. La financiación ha sido llevada a cabo por el ministerio de Cultura del Gobierno de España y por la consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, mediante el proyecto cultural «Catedral de León, el sueño de la luz». Este proyecto permitió la visita guiada para conocer la restauración de las vidrieras.

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