Castillo de Monteagudo

Castillo de Monteagudo
Bien de Interés Cultural
Patrimonio histórico de España
Castillo de Monteagudo.jpg
Declaración 1931
Figura de protección BIC
Coordenadas 38°01′13″N 1°05′51″O / 38.020221, 38°01′13″N 1°05′51″O / -1.097517
Ubicación Flag of Murcia.svg Murcia,
Flag of the Region of Murcia.svg Región de Murcia,
Flag of Spain.svg  España
Construcción siglo XI- siglo XII
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El castillo de Monteagudo es una fortificación que se encuentra situada a unos 5 kilómetros al noreste de la ciudad de Murcia ( Región de Murcia, España) y a unos 10 kilómetros al suroeste de Orihuela.

El castillo está enclavado en un impresionante puntal rocoso que se eleva 149 m sobre el nivel del mar, por lo que domina toda la Huerta de Murcia, regada por el río Segura. Su estratégica situación y su singular disposición convierten a esta fortaleza en un hito fundamental de la depresión prelitoral murciana. A los pies del cerro se sitúa, actualmente, el núcleo urbano de la pedanía de Monteagudo, situada en el borde septentrional de la Huerta.[1]

El castillo de Monteagudo remonta sus orígenes a época islámica. Las primeras referencias documentales a esta fortificación indican su existencia hacia 1078- 1079. Sin embargo, es en tiempo de Ibn Mardanis cuando el castillo adquiere su disposición actual por lo que queda relacionado con el esplendor de la corte taifal murciana. No obstante, la trascendental fama que aún conserva le vendría con la incorporación del reino a la Corona de Castilla en 1243. Allí situó Alfonso X el Sabio su residencia murciana, quedando vinculado a los monarcas castellanos. La agregación al reino de Valencia del valle del Vinalopó y la vega baja del Segura a comienzos del siglo XIV convertiría al castillo de Monteagudo en el vigilante secular de la frontera.[1]

Historia

La inclusión de Orihuela en la taifa de Denia convirtió a Monteagudo en la vanguardia fortificada del primer reino musulmán de Murcia en su frontera noreste, hacia la primera mitad del siglo XI. Fue en esta época cuando Abderramán Ibn Tahir (primer rey musulmán de Murcia) fue encarcelado en el tras su destronamiento.[1]

Vista de la colina y castillo de Monteagudo desde la huerta.

La importancia que cobró la taifa murciana durante su segundo periodo, el mardanisí, durante el siglo XII, fue paralela a la de esta fortificación. Monteagudo pasó a formar un importante conjunto arquitectónico junto al alcázar de recreo de Ibn Mardanis (el cercano Castillejo de Monteagudo) y la fortificación de Larache, siendo Murcia centro de la resistencia hispanomusulmana frente a los almohades.

En el siglo XIII, poco antes de la conquista cristiana, el poeta Hazim al-Qartayanni ya cantaba la verticalidad de esta fortaleza contrastando con la gran planicie de la Vega del Segura en su obra Qasida maqsura.[2]

Una vez que el reino taifa de Murcia fue incorporado como protectorado a la Corona de Castilla en 1243, y sobre todo cuando se produjo el fin de dicho protectorado en 1266 (con la intervención aragonesa para sofocar la sublevación mudéjar de 1264), Alfonso X el Sabio haría de él su residencia durante sus estancias en la ciudad de Murcia, tal y como refleja la documentación bajomedieval. Las labores intelectuales del monarca han llevado a algunos autores a destacar la importancia cultural de Monteagudo durante estos años.

Alfonso X el Sabio residió en el castillo de Monteagudo.

El castillo de Monteagudo, el cercano Castillejo y la también próxima fortaleza de Larache constituyeron la concesión más importante de los repartimientos efectuados en la huerta de Murcia durante la segunda mitad del siglo XIII. Todos ellos fueron entregados por el rey Sabio como donadío a su esposa doña Violante de Aragón, y así pasaría también a doña María de Molina.

A comienzos del siglo siguiente, tras el conflicto entre Castilla y Aragón por el reino de Murcia, el valle del Vinalopó y parte de la Vega Baja del Segura quedaron incorporados al reino de Valencia. Por lo tanto, el castillo de Monteagudo se convirtió en el puntal defensivo del reino castellano de Murcia frente a la futura Gobernación aragonesa de Orihuela, convirtíendose en una de las principales fortificaciones de la nueva frontera y del Camino Real que unía a Murcia con Orihuela.

Protagonista de diversos hechos de armas durante la Baja Edad Media, la fortaleza aún conservaba su importancia militar durante el siglo XVI, cuando es citada en las relaciones topográficas de Felipe II. No obstante su relevancia estratégica había perdido interés conforme se diluían las actividades bélicas fronterizas entre las coronas de Castilla y Aragón.

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