Castellana 81

Castellana 81
Madrid Passeo de Castellana-BBVA.jpg
Vista desde el ángulo sureste.
Información general
EstadoCompletado
Uso(s)Oficinas
CatalogaciónBien de Interés Cultural incoado
Direcciónpaseo de la Castellana (81)
LocalizaciónAZCA (Madrid, España)
Coordenadas40°26′52″N 3°41′31″O / 40°26′52″N 3°41′31″O / -3.6919444444444
Inicio1978
Finalización1981
Remodelación20152016
PropietarioGmp Property SOCIMI, S.A.
Altura
Altura de la azotea107 m
Plantas28
Ascensores14
Diseño y construcción
Arquitecto(s)F.J. Sáenz de Oiza
ConstructorAcciona
Ingeniero estructuralCarlos Fernández Casado
Javier Manterola
Leonardo Fernández
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Castellana 81[3]

Contexto

El complejo AZCA, acrónimo de Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial de la Avenida del Generalísimo, fue concebido por el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1946, llamado comúnmente Plan Bidagor. Fue desarrollado a partir de un proyecto del arquitecto Antonio Perpiñá, ganador del concurso internacional convocado en 1954. El Plan Parcial definitivo para la supermanzana fue aprobado definitivamente por la COPLACO en 1964

En el año 1971, el Banco de Bilbao, propietario de la parcela n.º 41 del complejo, convocó concurso restringido para el proyecto del edificio de sus oficinas centrales en Madrid, con tipología de torre, entre siete de los más prestigiosos estudios de arquitectura españoles de la época. Los invitados fueron Antonio Bonet, José Antonio Coderch, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, Antonio Fernández Alba, Rafael de la Hoz Arderius y Gerardo Olivares, Antonio y Manuel Miró y, finalmente, Francisco Javier Sáenz de Oiza. Los proyectos debían resolver el reto de levantar un edificio de oficinas de treinta plantas salvando la bóveda del túnel del enlace ferroviario entre las estaciones de Atocha y Chamartín. El concurso tuvo tres jurados, uno de carácter bancario para evaluar la funcionalidad de las soluciones, otro puramente técnico para los aspectos estructurales y tecnológicos, encomendado a la firma americana Skidmore, Owings and Merril (SOM) y un tercero para las cuestiones formales y estéticas, encomendado al arquitecto italiano Gio Ponti.

La propuesta de Sáenz de Oiza se basó ante todo en la búsqueda de una respuesta estructural óptima a un problema tan complejo. Para ello tuvo la colaboración de los ingenieros Carlos Fernández Casado, Javier Manterola y Leonardo Fernández Troyano. Se decidió que la estructura sería mixta, de acero y hormigón armado. Todo el peso del edificio se trasladaba al terreno a través de la cimentación de dos potentes núcleos de hormigón, situados a ambos lados del túnel, resolviendo la transmisión de cargas a esos dos núcleos mediante el apilamiento de edificios de cinco plantas, en cada uno de los cuales la planta inferior era un forjado sobre retícula de grandes jácenas de hormigón en voladizo, que recogían las cargas de los pilares metálicos de las cuatro plantas superiores. Este sistema estructural determinaba la existencia de plantas de diferente altura, lo que propiciaba la creación de ritmos horizontales en las fachadas. El sistema elegido permitía la existencia de una planta sin pilares en cada grupo de cinco, que para salvar el descuelgue de las jácenas de hormigón tendría mayor altura libre.

En cuanto a los cerramientos, el arquitecto decidió su autonomía total respecto de la estructura vertical, que quedaba retranqueada en todo el perímetro, posibilitando una solución uniforme, sin interrupciones ni aristas, con esquinas curvas.

Para su diseño integral, adoptó de forma rigurosa y obsesiva, tanto en planta como en alzado, un módulo de 33 cm, el «pie elefantino», cuyo múltiplo de 1,32 m fue la base para componer los planos. Hasta tal punto fue decisiva la modulación en el proceso proyectual que esa longitud de retícula se utilizó como lema del proyecto. Todos los elementos exteriores e interiores se adaptaron al módulo, desde la composición de fachadas a la altura de los peldaños de las escaleras o al despiece de suelos o falsos techos.

Decidida la forma prismática de la torre, el tipo de apoyo sobre dos núcleos separados entre sí llevó de forma natural a la elección de una planta rectangular en lugar de cuadrada. La proporción de los lados, en consonancia con el espíritu humanista y matemático del arquitecto, resultó ser prácticamente el número de oro o divina proporción.

Se pueden rastrear influencias más o menos directas para este proyecto en la arquitectura americana de posguerra. La más evidente es la Torre de Investigación S. C. Johnson and Sons, construida por Frank Lloyd Wright entre 1944-50 en Wisconsin, organizada en torno a un núcleo interno de hormigón, con bandejas de forjados desiguales y piel exterior autónoma con las esquinas curvas.

El concurso fue resuelto en 1972 a favor de la propuesta de Sáenz de Oiza, decisión que hoy parece acertada a la vista del resto de opciones. El proyecto de ejecución se desarrolló entre los años 1972 y 1974. El uso y actividad específica previstos en la licencia municipal era comercial, oficinas y aparcamiento. Las obras comenzaron en el año 1975 y finalizaron en 1981.

Uno de los grandes aciertos del proyecto fue la elección de los materiales. Se buscó una imagen de nobleza y elegancia sin estridencias, pero utilizando materiales novedosos. El edificio, acabado en acero corten y lunas tintadas en color bronce, se impuso de forma inmediata en el paisaje urbano de Madrid por su cromatismo y su presencia serena e imponente.

A lo largo de su breve historia, en un primer momento como sede del Banco de Bilbao y después como sede de las entidades bancarias surgidas de sucesivas fusiones, el edificio se mantuvo sin cambios aparentes, salvo los logotipos corporativos en el cuerpo de coronación. Sin embargo, interiormente se produjeron alteraciones puntuales, la más evidente de las cuales fue la colmatación de los espacios de espera en la entreplanta. En 1991 se instaló en planta semisótano una sala de exposiciones y conferencias. En el año 2000 se añadió una nueva caja de escaleras de emergencia por el lado oeste que no tuvo influencia en la envolvente.[3]

Remodelación y cambio de nombre

En el año 2007 fue vendido por la entidad bancaria BBVA a la sociedad inmobiliaria Gmp Property Socimi S.A., que planteó una rehabilitación integral del edificio para recuperar sus características originales. Gmp decidió renombrarlo como Castellana 81, si bien la entidad bancaria BBVA sigue manteniendo su logo corporativo en el remate del inmueble dado que siguerá arrendando las plantas superiores hasta 2034.[4]

En 2014 se iniciaron las obras generales de conservación, restauración y adecuación a la normativa del edificio, según proyecto del arquitecto Antonio Ruiz Barbarín, basándose en la documentación original de Francisco Javier Sáenz de Oiza, con absoluto respeto a sus intenciones. En estas obras de recuperación de las características originales, los elementos reconstruidos han sido incorporados siguiendo criterios de diferenciabilidad, tal como se aconseja en las cartas internacionales de restauración, respetando la forma pero utilizando otros materiales o acabados. El edificio se encuentra en fase avanzada de rehabilitación, que se prevé completar en 2018.[5]

Tras la reforma Castellana 81 cuenta con una amplia gama de servicios, tales como un auditorio con capacidad para más de 200 personas, un centro de reuniones, duchas, vestuarios, servicio de fisioterapia, puntos de recarga para vehículos eléctricos, parkings de bicicletas, y cafetería.

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